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jueves, 26 de noviembre de 2015

¿De dónde saco las fuerzas?


 11 estrategias que te pueden ayudar

¿Cuántas veces te has sentido deprimido porque las cosas no van como esperabas, porque últimamente parece que el mundo va contra ti o porque sientes que mueves un dedo y todo te sale mal?. Entonces te preguntas ¿De dónde saco las fuerzas?. Todos hemos experimentado esos sentimientos de fracaso, de derrota, de no encontrarle un sentido a nuestra vida en muchísimas ocasiones.

Lo importante, en el fondo, no es que las sintamos sino lo que hacemos con ellas, la pereza y la pesadez que nos producen. Así, ¿Cómo podemos gestionar mejor estas emociones negativas, fundadas o no en hechos reales?

No es una tarea sencilla y para ayudarte compartimos 11 ideas que pueden servirte:

1. Céntrate en lo positivo que hay en tu vida. Seguro que tienes cosas buenas y estás nublado por la negatividad. Una buena forma de hacerlo es escribiendo una lista con todo lo positivo que hay en tu vida. Cuando te sientas mal saca y lee tu lista personal. Al final la vida no es como es, sino como la sientes.

2. No hay mal que cien años dure. Si algo malo te está ocurriendo no dejes de pensar que nada es eterno; ni la felicidad, ni la tristeza, ni la desgracia. Nuestra historia personal se va configurando de retazos de mil colores, así es la vida.

3. Mañana será otro día. Cuando tengas uno de esos días desastrosos, piensa: “mañana será otro día”. Eso te aliviará profundamente.

4. Reconocer los errores y rectificarlos es de sabios. Si has metido la pata en tu trabajo, con tu pareja, con un amigo, en lugar de darle mil vueltas al asunto, pide perdón y da un abrazo, tan sencillo como eso y problema solucionado.

5. Rodéate de personas que te aporten cosas positivas. Está comprobado que las personas que se rodean de personas positivas ven todo de otra manera. Habla de tus problemas; a veces un amigo que relativiza contigo el problema y te hace reír es suficiente para que el problema se solucione.

6. No busques las soluciones fuera, sino dentro de ti. Tú eres quien tiene el poder de cambiar su mente y por lo tanto de ver lo que te sucede de otra manera.

7. Mal de muchos, consuelo de tontos. En cierto modo el ver que no somos los únicos a los que les ocurren cosas malas o negativas nos ayuda a ser menos dramáticos con nosotros mismos y con nuestras cosas.

8. Hacer nuestra actividad favorita. Y es que muchas veces nos encanta quedarnos en el sofá rumiando nuestro problema, ¿por qué no nos vestimos y salimos a la calle con cualquier excusa, la excusa por ejemplo de recibir la energía y ñas vitaminas que nos ofrece el sol. En cuanto pongas tu cuerpo en movimiento y te dé un poquito de aire y de sol en la cara, verás como todo tendrá un color diferente.

LA MENTE ES MARAVILLOSA

jueves, 8 de enero de 2015

Mamá también llora

Carta abierta a padres y educadores.
Enseñar inteligencia emocional a los niños es prepararlos para la vida.


- Mamá, ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando?

- No, cariño, es que se me ha metido una motita de polvo en el ojo…

Vivimos en un mundo en el que, ser los primeros, es lo más importante. Examinan a nuestros hijos continuamente y ellos sólo buscan el sobresaliente. Se les prepara para afrontar el éxito, para celebrar los triunfos. Se les repite hasta la saciedad: “No llores. Tienes que ser fuerte. ¡Eres el mejor!”

Hace unos días, me echaba las manos a la cabeza cuando una amiga me comentaba que en el colegio de su hijo hacían olimpiadas de matemáticas con cronómetro en mano y frente a un tribunal; olimpiadas de ciencias, olimpiadas de deletrear y todo ello con niños de apenas 7-8 años. ¿Pero estamos locos o qué?

Por supuesto, el único ganador era el primero…los 25 niños restantes de la clase se veían como perdedores.
  
¿Qué está pasando? Invertimos años en preparar a nuestros hijos para el éxito y no nos damos cuenta que la vida está llena fracasos, de decepciones, de pequeños y de grandes obstáculos, de momentos de tristeza, de duelo, de soledad. ¿Y eso es signo de debilidad de la especie humana? No; es la vida.

¿De verdad pensáis que los niños de hoy en día están preparados para afrontar dificultades? ¿Es casualidad que pediatras, psicólogos y psiquiatras infantiles cada vez tengamos más casos de depresión infantil y de ansiedad? ¿En qué cabeza cabe que un niño de 9 años se le diagnostique de Depresión o de Trastorno de Ansiedad Generalizada teniéndolo todo, supuestamente, a su alcance? Es evidente que algo no estamos haciendo bien.

Con perdón, me importa un pimiento que mi hijo sea el más rápido en cálculo mental. Lo que no consiento es que se venga abajo por ser el segundo, el tercero o incluso, porque no haya sido seleccionado entre los 10 primeros.

Lo que de verdad me importa, lo que me quita el sueño, en lo que invierto toda mi energía y esfuerzo, es en desarrollar su inteligencia emocional.

Lucho por que sea generoso, porque la empatía sea su  punto fuerte. Me desvivo porque muestre sus emociones, porque me hable de sus debilidades, porque él mismo, encuentre soluciones a sus problemas. Peleo a diario por hacer de ellos personas autosuficientes emocionalmente. No pasa nada por no ser el primero de clase si te has esforzado al máximo.

Premio el esfuerzo, la entrega, la generosidad, la lealtad, la lucha y la solidaridad. Esos son los valores vitales, los valores de vida.

¿Quién les prepara para el fracaso, para la decepción, para el desengaño? ¿Lo habéis pensado alguna vez?

La sociedad recibe con los brazos abiertos a los triunfadores, les prepara para los aplausos. Yo prefiero preparar a mis hijos para las dificultades; fortalecer su autoestima, su capacidad resolutiva, su positivismo, su espíritu de lucha. ¿Por qué valoramos tanto el éxito? Porque antes hemos pasado por un camino más o menos angosto de lucha ¿o no?

No somos máquinas. Nosotros, los padres, no lo somos, lo sabéis muy bien. No pretendas entonces que tu hijo lo sea.

No quiero que mis hijos piensen que su madre es una superwoman, siempre preparada, siempre lista para todo, siempre cantarina y perfecta. ¿Ese es el ejemplo que quiero que sigan? Y si con el paso de los años van encontrando dificultades a lo largo de sus vidas ¿Qué pensarán? “Yo no he sido capaz… Mamá se decepcionaría…No puedo mostrar debilidad. Mi madre siempre ha sido tan fuerte”

Bueno, hijos- les he dicho a mis niños en alguna ocasión- Mamá no es perfecta. Mamá también se equivoca y cuando lo hace, rectifica y pide perdón. Mamá, como todo el mundo, llora cuando está triste. Esto que ves, no es una motita de polvo en el ojo; son lágrimas, cariño”

Quiero que mis hijos vean que su madre es de carne y hueso. Que no se avergüenza por llorar o por estar un poquito triste en circunstancias puntuales, que no se esconde.

Quiero que lo vivan como algo natural… porque cuando a ellos les ocurra se acordarán de mí y lo asumirán como normal. Aceptarán su estado de ánimo y sacarán la fuerza necesaria para superar todo lo que obstaculice el camino hacia su felicidad.

Los hijos no necesitan súper-padres, ni dioses; les da igual que su papá sea médico, abogado, camarero o que esté en el paro. Los hijos quieren un padre y una madre que estén a su lado, que jueguen con ellos, que les expliquen las cosas, que les cuenten historias…que hablen su mismo lenguaje. No quieren que les colmemos de regalos materiales; es mucho más sencillo: sólo quieren tiempo junto a nosotros.

Los niños deben vernos como seres humanos, no como superhéroes, para eso ya tienen las películas. Si te equivocas con tu hijo, no pasa nada, pídele perdón:“Perdona cariño, me he equivocado. ¿Me perdonas? ¿Empezamos de nuevo?”

¿Sabes lo que supone para un hijo que sea el padre o la madre el que le diga eso? No hay mejor ejemplo.

No le des tantas órdenes a tu hijo, no le llenes de reglas. Empieza tú. Elogia su buena conducta con besos, con abrazos, con mucho, mucho cariño. No le premies con excesivos juguetes. Si se ha equivocado, dale la oportunidad de rectificar “Yo también me equivoco, cielo. Vamos a intentarlo de nuevo”.

Enseña a tus hijos a disfrutar de los placeres sencillos, en ellos está la verdadera felicidad. Suelo jugar a mis hijos a un juego que les divierte mucho en la mesa. “Qué suerte tengo..”- lo he llamado.

Empiezo yo: “Que suerte tengo que hoy no trabajo y estoy aquí con vosotros desayunando”.

Mi hijo: “Que suerte tengo que mamá hoy me viene a buscar al cole y no cogeré el autobús”.

Mi hija: “Que suerte tengo que me ha tocado la tostada más grande”… Siempre terminamos riéndonos a carcajadas.

Cuéntales historias. Historias reales, de tu trabajo, de tu día a día. Estimula su imaginación, su creatividad, su empatía… Emociónate con ellos. Comparte aquellos vídeos que veas por internet que te hayan llegado hondo. Explícaselos y responde a todas sus preguntas. ¡Te sorprenderás con lo que se les ocurre!

Anímales a que sean emprendedores. A que no tengan miedo a equivocarse, sino a no intentarlo. A rectificar si van por el camino equivocado. A levantarse ellos solos si se caen. A pedir perdón y a aceptarlo también. Contra la frustración: la perseverancia, la constancia.


Y recuerda que educar no es repetir siempre las mismas palabras; educar es enseñarles a soñar, a probar, a crear, a luchar y a creer en ellos mismos.

LUCÍA GALÁN

PIENSA ES GRATIS

jueves, 25 de diciembre de 2014

Los 12 hábitos de las personas resilientes


A veces la vida nos pone a prueba, nos plantea situaciones que superan nuestras capacidades: una enfermedad, una ruptura de pareja particularmente dolorosa, la muerte de un ser querido, el fracaso de un sueño largamente anhelado, problemas económicos… Existen diferentes circunstancias que nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante. En este punto tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.

Resiliencia: definición y significado

Recordamos que la resiliencia es una capacidad que nos permite enfrentar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas y salir fortalecidos de ellas. La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan enfrentar la vida con una sonrisa en los labios.

¿Cómo podemos ser más resilientes?

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. La resiliencia es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.

De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, lo cual significa que han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida.

¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

  1. Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.
  2. Son creativas. La persona resiliente no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.
  3. Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.
  4. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto?
  5. Practican el mindfulness o conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.
  6. Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.
  7. Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas resilientes saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
  8. No intentan controlar las situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control.
  9. Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.
  10. Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
  11. Enfrentan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.
  12. Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

La resiliencia en los niños

Si queremos que nuestros hijos afronten las dificultades de la vida con fortaleza es importante educarles en la capacidad de ser resilientes, para ello es fundamental nuestro ejemplo, no sobreprotegerles y sobre todo creer en ellos. No se trata de evitar que se caigan, sino de enseñarles a levantarse, y para ello tenemos que confiar en que ellos pueden. Por supuesto, tampoco se trata de exponerles a peligros o ambientes agresivos “para que se hagan más fuertes”, afortunadamente no estamos en Esparta. Aportar seguridad y protección es necesario. Algo importante que podemos preguntarles a los niños cuando tienen un contratiempo si queremos que aprendan a ser más resilientes es ¿qué puedes aprender de esto? o ¿qué puedes sacar bueno de esto que ha ocurrido?


Por Rosario Linares

lunes, 27 de octubre de 2014

Resiliencia II


Rafaela Santos, presidenta del Instituto Español de Resiliencia,  ex presidenta de la Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático, psiquiatra, y autora del libro Levantarse y luchar define la resiliencia como la resistencia frente a la adversidad junto a la capacidad para reconstruirse saliendo fortalecido del conflicto. "Consiste en saber aprender de la derrota y transformarla en oportunidad de desarrollo personal".

El equipo de Santos trabaja partiendo del autoconocimiento de capacidades y vulnerabilidad de cada persona a través de la aplicación de una escala de resiliencia que se basa en diez dimensiones, cuyo resultado según el individuo ayuda a poner en marcha un programa personalizado y que se centra en las áreas más vulnerables para fortalecer a la persona. Estos diez pilares son:


  1. Introspección: capacidad de boservarse, conocerse a sí mismo y darse una respuesta honesta en relación al mundo exterior.
  2. Motivación esencial: capacidad de darle sentido a la vida creando su propio proyecto trascendente.
  3. Autorregulación emocional: capacidad de afrontar tensiones sin victimismo comp parte de la vida, debilitando la respuesta al estrés.
  4. Independencia y autonomía emocional: capacidad de mantener distancia emocional y física ante los conflictos sin caer en el aislamiento. Saber fijar límites entre uno mismo y el medio con problemas.
  5. Confianza en sí mismo y en sus propios recursos: adecuada autoestima, iniciativa y responsabilidad para logar autonomía personal.
  6. Capacidad de relacionarse: habilidad para establecer vínculos afectivos con otras personas creando relaciones saludables.
  7. Actitud positiva y optimismo: capacidad para resolver problemas de forma creativa, desdramatizando.
  8. Sentido del humor y creatividad: capacidad para resolver problemas relativizando y sabiendo encontrar lo cómico en la propia tragedia.
  9. Colaboración y compromiso: capacidad de comprometerse con valores y ayudar a otros.
  10. Moralidad, ética y coherencia: mantener una unidad de vida entre lo que se dice y lo que se hace fundada en criterios sólidos.
Prevenir el estrés y vivir con resiliencia

La doctora Santos propone doce consejos sencillos para que la sobrecarga laboral y la presente en otros ámbitos de la vida no anulen las posibilidades de vivir con plenitud el día a día:

  1. Reflexiona sobre qué es lo que de verdad te importa y vuelve a orientarte a tus objetivos vitales.
  2. Desconecta al llegar a casa para conectar con tu familia o amigos.
  3. Proponte pistas de frenado auténticas cada fin de semana para regular el estrés y mantener las amistades.
  4. No admitas en tu vida las quejas. Son improductivas y pierde calidad tu personalidad.
  5. Enfócate en el área de influencia en vez de en el área de preocupación para eliminar cuanto antes los conflictos.
  6. Aprende a sonreír y manejar la comunicación asertiva y no violenta ante los conflictos.
  7. No te dejes invadir por la inmediatez. Vivir pendiente de los mensajes va en detrimento de la calidad de vida personal y laboral.
  8. Crea un espacio de paz donde poder pensar y recuperar tus coordenadas vitales ante la prisa y el estrés.
  9. Evita discusiones mediante inteligencia emocional: inteligencia para saber a dónde voy y empatía para entender al otro.
  10. Mantén la forma física: alimentación sana, sueño adecuado y hacer ejercicio con regularidad.
  11. Practica la "ecología informativa": no difundas malas noticias gratuitamente.
  12. Dedica tiempo a tus amigos de siempre y cultiva tus aficiones.


jueves, 23 de octubre de 2014

La resiliencia I

"La gente que ha pasado por grandes dificultades nos enseña mucho"


Rafaela Santos, presidenta del Instituto Español de Resiliencia,  ex presidenta de la Sociedad Española de Especialistas en Estrés Postraumático, psiquiatra, y autora del libro Levantarse y luchar nos da las claves para desarrollar el gen de la resiliencia en esta entrevista.

La resiliencia consta de cuatro fases:
  1. Aceptación: salir del bucle de por qué me pasa esto a mí.
  2. Adaptación: no pensar en lo que se ha perdido, sino en los que queda.
  3. Desarrollar destrezas.
  4. Salir fortalecido de la crisis.

Otras reflexiones que nos regala en la entrevista:

  • Lo que es más importante es aprender de los mejores, aprender a superarse, aprender a vivir sin miedos.
  • La felicidad absoluta no existe.
  • Se tiene miedo a sufrir y el sufrimiento no daña, lo que daña es no encontrarle sentido.
  • La percepción del problema es lo que cambia la vida.