lunes, 25 de julio de 2016

La técnica del artificiero: desmantela una crítica en cinco sencillos pasos


A menudo la oficina es como un campo de batalla, cuando menos te lo esperas empiezan a caer los chuzos y en mitad de una reunión muy importante, delante de todos los peces gordos, el típico  graciosillo que se estaba aburriendo te espeta un: “Tu idea no vale porque nos llevaría demasiado tiempo y bla, bla, bla…”.

¡¡Maldita sea¡¡ Te acaba de colocar una bomba delante de las narices. En la mente de todos acaba de colocar ese: “Tu idea no vale…” y como no lo desmanteles a tiempo, tu proyecto más importante, ése en el que llevas tanto tiempo trabajando, puede volar por los aires en un santiamén.

¿Qué puedes hacer? Reacciona rápidamente y aplica la técnica del artificiero. Desactiva las críticas destructivas en cinco sencillos pasos:

Un buen artificiero siempre mantiene la calma. Escucha en silencio y no le interrumpas. Cuenta hasta tres antes de responder para asegurarte de que ha dicho todo lo que tenía que decir. Si interrumpes demuestras inseguridad. Sin embargo si te mantienes en silencio escuchando con respeto, mantienes el control, demuestras seguridad y eso dará solidez a tu intervención.

Estudia la bomba antes de meterle mano.  Reformula lo que ha dicho y haz preguntas para entender qué le preocupa realmente. Es la manera de tomar el liderazgo de la situación y recuperar el control mientras te vas haciendo con toda la información necesaria para avanzar. Al hacerlo muestras interés, lo que genera empatía en tu interlocutor y también logras que sea éste quien de momento tenga que dar explicaciones, no tú.

Asegúrate de identificar los cables realmente importantes de la bomba. Resume ahora su preocupación en forma de una pregunta: “Entonces, resumiendo, ¿Lo que te preocupa es el tiempo?”. Ahora pueden pasar dos cosas. Si te dice que no, es que no le hemos entendido, nos hemos equivocado de cable. Y eso es bueno porque nos dirá lo que realmente le preocupa, nos mostrará el cable a cortar: “No…no…en realidad lo que me preocupa es….”.
Si por el contrario nos dice que sí, acabas de lograr todavía muchas más cosas: sabes el cable que hay que cortar, pero además se ha sentido entendido y te ha soltado el primer sí: eso es mucho más importante de lo que crees: ya empiezas a tener al “enemigo” de tu lado.

Ahora sí: ¡¡corta el cable¡¡. Convierte su crítica destructiva en una pregunta constructiva que contenga un “…cómo podemos hacerlo…” : “Entonces, ¿Lo que te gustaría saber es cómo podemos hacerlo en menos tiempo?” ¡¡Le has pillado¡¡ tu proyecto vuelve a estar vivo porque ahora la atención de todos ya no está en “Tu proyecto no vale”, sino que está en “cómo podemos hacerlo en menos tiempo”.

Convierte al enemigo en amigo. Lánzale un “Entonces, si pudiéramos hacerlo en menos tiempo ¿Tú estarías de acuerdo?”. Si antes te dijo que sí, ahora también está obligado a decirte que sí. Le acabas de obligar a apoyarte, ya no habrá más bombas.

Ahora si quieres, es el momento de dar tus argumentos acerca de “…cómo hacerlo en menos tiempo…”, o sencillamente puedes decir que lo estudiarás y la próxima reunión explicarás cómo hacerlo. Y directamente continuar vivito y coleando explicando tu idea en el punto en el que la habías dejado. Misión cumplida.

EL MUNDO

lunes, 18 de julio de 2016

¿Es bueno hacer regalos a los niños por las buenas notas?


Después de que los niños hayan superado el curso con éxito a muchos padres les surgen dudas sobre cómo deben actuar. ¿Deben obsequiarles con algún regalo o intentar que todo entre dentro de la normalidad? ¿Se merecen sus hijos alguna sorpresa o no deben acostumbrarles a obtener recompensas por sus méritos?

«Los padres deben saber lo que se ha esforzado su hijo durante el curso, y considerar si es el momento adecuado o si se lo merece, pero no hacerlo por costumbre y mucho menos porque los demás compañeros sí que obtienen un regalo», afirma Virginia Carrera Ramírez, psicopedagoga de la consulta de psicopedagogía Virginia Carrera.

Óscar González Vázquez, profesor y director de la Escuela de padres con talento, se decanta por ofrecer más atención a los pequeños día a día y gestos que refuercen su confianza, los cuales considera mucho más necesarios para la educación y autoestima de los jóvenes. Como apunta Virginia Carrera, «es un tema complicado y no tiene una respuesta tajante». Todo depende de si se parte de la base de que estudiar es solo una obligación o, si por el contrario, se pretende otorgar un presente como algo merecido por el esfuerzo diario.

En lo que ambos coinciden es en que las cosas materiales no son la mejor forma de premiar el esfuerzo de los hijos. Se trata de enseñarles a que trabajen, lo que a largo plazo les hará más felices que conseguir todo lo que quieren sin esfuerzo ninguno.

Estos son los argumentos de ambos expertos tanto a favor como en contra de los regalos por las buenas notas.

En contra

— El niño debe entender que estudiar es su responsabilidad y que sacar buenas notas es imprescindible para labrarse un buen futuro. No se puede acostumbrar al estudiante a obtener siempre una recompensa por sus logros y muchos menos a diario. Hay que evitar frases como: «si terminas los deberes te doy la paga» o «si apruebas el curso te compro un juego». Eso jamás.

— Los regalos pueden ser contraproducentes, ya que el joven puede entender las cosas al revés y llegar a pensar que más que tener la obligación de trabajar, son sus padres los que deben obsequiarlos al finalizar el curso. Además, esto hará que cada vez pidan más y mejores regalos.

— No puede ser utilizado como un fin en sí mismo. El niño puede interpretar que la única razón por la que debe estudiar es para recibir algo a cambio. Existe el riesgo de que se perciba como algo intrínseco al final de cada trimestre o curso. Dejará de ser efectivo porque esperarán el obsequio incluso cuando bajen las calificaciones en sus notas.

— Prometerle un presente por aprobar todo también puede ser perjudicial en el caso de que no lo consiga, pues no haremos sino aumentar su sensación de fracaso.

Es mejor el refuerzo cotidiano, con palabras positivas y consecuencias directas en los hábitos del día a día. Que después de terminar los deberes puedan jugar, ir al parque, utilizar la videoconsola, etc.

— Resulta más efectivo dedicarles tiempo y afecto, pues con ello construirán su personalidad y se fortalecerán los vínculos familiares. Hay que tener en cuenta que lo más valioso que se puede dejar a los hijos son los valores y una base para su futura vida adulta. Lo material es momentáneo.

A favor

— Un regalo puede ser una buena manera de que el crío aprenda que el esfuerzo y la constancia dan sus frutos. De la misma forma que los adultos agradecen recibir un detalle en su trabajo y les ayuda a motivarse.

— En caso de que se opte por regalar algo por los aprobados, hay que valorar si, en vez de objetos materiales, no le puede hacer más falta una felicitación, un abrazo, un beso o algo de atención. Son gestos sencillos pero muy poderosos, que llenan al adolescente de satisfacción. Un buen regalo puede ser un elogio: «¡Qué bien lo has hecho! Eso es porque te has esforzado durante todo el curso». El niño estará encantado de que se le reconozca su trabajo y esfuerzo.

No es malo recompensar el esfuerzo continuado pero lo ideal es que el niño no se lo espere, así lo entenderá como el resultado de su trabajo y no como algo que debe recibir sí o sí. Así, valorará y será consciente de su propia constancia y dedicación.

— Dependiendo de las circunstancias, un regalo puede utilizarse como incentivo cuando el niño empieza a desviarse del rumbo y siempre que no contribuya a su indisciplina. Se puede intentar que lo tome como una meta, como una motivación. En cualquier caso, no suele ser efectivo, ya que se convierte en un objetivo a largo plazo que el niño no es capaz de mantener, y al no ser algo inmediato pierde el interés. Por ello, siempre es mejor llevar a cabo un refuerzo diario y sin premios que tengan un valor económico.

— Algo material que se les puede regalar es un libro. Pero no uno cualquiera: un libro que él elija y le guste. Así, al mismo tiempo se fomenta el placer de la lectura.

lunes, 11 de julio de 2016

20 cosas por las que no tendrías que dar explicaciones



Cuando nos encontramos ante un conflicto o un posible conflicto, tenemos tres formas de abordarlo: de manera agresiva, de manera pasiva y de manera asertiva.

De manera agresiva

Defendiendo su postura de manera hostil, incluso usando la violencia, sin tener en cuenta los derechos de los demás y, generalmente, no haciéndose responsable de las consecuencias que puede generar.

De manera pasiva

Evitando el enfrentamiento dando más importancia a los derechos ajenos que a los de uno mismo, en un intento de obtener aprobación por parte de los demás, callándose lo que siente y piensa.

De manera asertiva

Conociéndose uno mismo, con sus limitaciones y sus virtudes, gestionando sus emociones y las de su alrededor y sabiendo expresar lo que quiere y piensa teniendo en cuenta a los demás.

¿Con cuál te quedas? Normalmente se poseen las tres, aunque salen en determinados contextos. Lo ideal es ser siempre asertivo, aunque cuesta mucho cambiar dependiendo de las creencias limitantes con las que hemos crecido o experiencias que apoyan tu forma de afrontar la situación (por ejemplo, si siempre has reaccionado de manera pasiva pero aquella vez que reaccionaste agresivamente conseguiste lo que quisiste).

He aquí 20 cosas por las que no deberías dar explicaciones, o también llamados derechos asertivos.

DERECHOS ASERTIVOS

  • Tienes derecho a sentir y expresar tus propios pensamientos y sentimientos.
  • Tienes derecho a decidir qué hacer con tu tiempo, tu cuerpo y tus posesiones mientras no violen los derechos de otras personas.
  • Tienes derecho a hacer menos de lo que puedes hacer.
  • Tienes derecho a tener tu propia opinión y perspectiva
  • Tienes derecho a aislarte y descansar.
  • Tienes derecho a cambiar tus emociones, tus pensamientos y tu forma de actuar.
  • Tienes derecho a superarte, aun superando a los demás.
  • Tienes derecho a tener tus propios objetivos y luchar por ellos.
  • Tienes derecho a no dar explicaciones.
  • Tienes derecho a elegir responsabilizarte o no, de otros y de sus problemas.
  • Tienes derecho a juzgar tus necesidades, establecer tus prioridades y tomar tus propias decisiones.
  • Tienes derecho a ser escuchado y tratado con respeto y dignidad.
  • Tienes derecho a disfrutar y ser feliz.
  • Tienes derecho a cometer errores y a ser imperfecto.
  • Tienes derecho a tener éxito.
  • Tienes derecho a decir NO sin sentirte culpable.
  • Tienes derecho a pedir algo, aun sabiendo que también la otra persona tiene derecho a decir NO.
  • Tienes derecho a no saber y preguntar lo que deseas saber.
  • Tienes derecho a ser independiente.
  •  Tienes derecho a realizar cualquier cosa (ajena a la lógica o a la razón), siempre y cuando no vulneres los derechos de los que te rodean.


Pero sobre todo, tienes derecho a no ser asertivo. Que nadie te pise tus derechos. Defiéndelos, ahora ya los sabes.

Si piensas que no tienes derecho a alguna de las cosas anteriores, pregúntate… ¿Qué te hace pensar que no lo mereces?

BE FULLNESS

lunes, 4 de julio de 2016

El poder de lo pequeño



El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes que son los que marcan la diferencia
Los arrebatos no conducen a nada; la constancia es la que lleva a todas partes

Un avión parte de Moscú con destino a Madrid, pero sufre una avería inadvertida en su sistema de navegación que crea una mínima desviación del rumbo de menos de un grado. El avión acaba aterrizando en Mallorca. ¿Cómo se desvió tanto? Un grado es muy poco, sin embargo, ese pequeño desajuste durante cinco horas de vuelo crea una enorme diferencia en el resultado. Cuando hablamos de comportamientos humanos durante… ¡toda una vida!, las desviaciones son aún mayores. En realidad, lo que determina lo que conseguimos no son las grandes decisiones, sino las menores y los actos cotidianos. En este artículo trataremos sobre cómo las personas pueden alejarse de sus deseos y objetivos si no disponen de un plan de vuelo y un sistema de navegación perfectamente ajustados.

Dos hermanos comparten la misma familia, genética, posibilidades y educación, entorno…, y, sin embargo, con el paso de los años, sus vidas se hacen cada vez más diferentes. Básicamente hay tres factores que influyen en esa divergencia: sus elecciones, sus acciones y sus relaciones.

Lo cierto es que no podemos “no elegir”. No tomar una decisión es, en realidad, tomar una: demorarla. De modo que estamos decidiendo o dejando de hacerlo, cada día. Y lo que acaba ocurriendo es que la vida es el resumen de todas ellas, sean menores o mayores. Cualquier cosa que acaba entrando en nuestras vidas es la consecuencia de una cadena de actos y caminos que elegimos o no.

Las decisiones mayores son aquellas que se toman conscientemente y suelen requerir a veces ayuda de terceros en forma de consejo, pero siempre tiempo de reflexión. Las menores son las que se deciden casi sin pensarlo y acaban creando un efecto compuesto. De las dos, son las pequeñas elecciones las que se acumulan día tras día y marcan una gran diferencia.

Tomar decisiones sabias es más sencillo cuando se tienen claros cuáles son los valores prioritarios y adónde se va. Para no equivocarse conviene hacerse esta sencilla pregunta: ¿la dirección que voy a tomar concuerda con lo que me importa prioritariamente en la vida?

Para conseguir grandes resultados no es preciso llevar a cabo grandes acciones, sino pequeñas repetidamente a lo largo del tiempo. El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes. Y el truco está en insistir en un comportamiento positivo el tiempo suficiente como para que marque una distinción significativa a medio plazo. Es el poder de las pequeñeces acumuladas.

Ganar es el resultado de una suma de costumbres; perder, también. Es algo que saben muy bien los deportistas. Por ejemplo, Michael Phelps es un brillante modelo del poder multiplicativo del hábito. Sus rutinas de entrenamiento son muy estrictas, previsibles, sistemáticas. Es obvio que su anatomía estaba diseñada para ganar, pero su enorme éxito es fruto de su persistencia.

A menudo, para implementar una rutina, las personas recurren a la fuerza de voluntad. Es un error. Están luchando consigo mismas, y, a la larga, abandonarán, porque la lucha desgasta. ¿Cuál es la alternativa? La mo­­tivación. Establecer un hábito nuevo solo tiene futuro cuando concuerda con los valores principales de la persona. El poder de algo que nos estimula disuelve las luchas internas y proporciona combustible mental para pasar a la acción.

Sin tener en cuenta en cualquier elección esos valores básicos, las personas caen víctimas de sus contradicciones internas y dejan de perseguir sus deseos y sus sueños.

Por suerte, todo lo que se aprende en la vida puede reaprenderse. Los hábitos no son una excepción a esta regla y se pueden cambiar. El mejor modo de terminar con uno negativo es empezar uno nuevo y positivo que lo sustituya, y que esté propulsado por la fuerza imbatible de la motivación.

No hay una mejor estrategia para conseguir lo que se desea en la vida que crear hábitos positivos que conduzcan a lograrlo, y después, delegar el trabajo en el poder de la costumbre, seguir el flujo del tiempo, y dejar de esforzarse una vez puesto en marcha el impulso de la inercia.

Las personas que nos rodean: familia, amistades, compañeros de trabajo… crean una gran influencia en cada uno de nosotros. En psicología se conoce este efecto como la influencia del “grupo de referencia”. Es una información silenciosa, inconsciente y que se acumula con el paso del tiempo. Y se traduce en una imitación inconsciente de lo que el “grupo” dice, piensa, hace, siente, come, viste, se comporta…

Se podría decir que una persona es la suma de las influencias personales que ha recibido a lo largo de su vida, que, como es de imaginar, pueden ser positivas o negativas, y acabará pareciéndose mucho a la gente con la que tiene más trato. La pregunta que nos deberíamos formular es: ¿quién o quienes ejercen ese poder sobre mí?

LA PERSISTENCIA DEL 'PIT BULL'
¿Qué tienen en común los empresarios de éxito y las personas que consiguen realizar sus sueños? Simplemente, ¡no se rinden nunca! Han aprendido la disciplina de la persistencia. Esto es verdad tanto para la gente que consigue sus sueños profesionales como personales. Pero esta cualidad es muy rara en la población en general. Vivimos en una era de gratificación instantánea. ¡Los adultos quieren conseguir sus sueños inmediatamente! Y cuando no lo logran, sus sueños van bajando en la escala de valores, son demorados y, finalmente, abandonados”.

¿Es importante filtrar las influencias que recibimos? Por supuesto que sí, ignorar su efecto puede salir caro. Y si no, que se lo pregunten a cualquier padre o madre que vigila escrupulosamente con quién anda su hijo o hija. Tan importante es el efecto de las compañías en un adolescente como en un adulto. A fin de cuentas, como afirma el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres” o “Dios los cría y ellos se juntan”.

Casi siempre que se toma una decisión, las personas empiezan con mucha energía y empeño, pero, a la larga, acaban abandonando. Ese exceso inicial es en realidad contraproducente porque semejante nivel de energía no se puede mantener por mucho tiempo. Querer hacerlo todo cuanto antes es provocar el abandono. Es mejor iniciar la tarea o el plan con menos fuerza, pero mantenerlo en el tiempo hasta conseguir el objetivo. El éxito es resultado de dosificar las fuerzas, de mantener el ritmo, de la regularidad. Es así como se ganan carreras y como los equipos consiguen torneos.

La disciplina es esa regularidad, constancia, cadencia o ritmo. No hace falta hacer mucho de golpe, pero sí algo cada día. Por ejemplo, al empezar una dieta es mejor aplicarse a unas normas razonables y no saltárselas ni un día, antes que matarse de hambre los tres primeros días. Los atletas saben muy bien que las medallas se consiguen dosificando el ritmo. Una vez más, es el poder de los pequeños pasos, que proporcionan resultados extraordinarios.

De nada sirve tener una arrancada de caballo y después una parada de burro. Eso significa ser víctima de un gran entusiasmo inicial, no dosificado, para pasar a abandonar y volver al estadio inicial al poco tiempo. Los arrebatos no conducen a nada; pero los planes sostenidos y la constancia conducen a todas partes.

Todas las personas tienen sueños, pero no todas los consiguen. ¿Es cuestión de mérito, genes, inteligencia o suerte? No, más bien se debe a trabajar para conseguirlos con método; es decir, mediante una rutina diaria. Repetir una acción cada día, semana o mes. Un acto que está implícito en la agenda y ni siquiera hay que apuntarlo, se da por hecho. Es como cepillarse los dientes, se hace automáticamente después de cada comida, sin que haga falta recordarlo.

Cuando se pone en marcha un objetivo, lo primero que conviene hacer es preguntarse qué rutinas conducirán a él. Seguramente, un buen coach preguntaría a su cliente: “¿Qué tres acciones sencillas te acercarían a tus grandes objetivos?”. Sí, pasos simples hacia resultados extraordinarios. Y si esa persona es sistemática, y se aplica a dar tres pasos diarios, su éxito está asegurado. No importa lo lejos que vaya, tres pasos al día, tarde o temprano, le llevarán a donde sea que se dirija.

RAIMÓN SANSÓ

lunes, 27 de junio de 2016

Quien te enfada te domina


“Quien te enfada te domina”… Piénsalo bien, o ¿no es verdad? Cuando algo no ha sucedido como queríamos o alguien no ha respondido como esperábamos, cuando nos ha molestado el comportamiento de una persona o lo que nos ha dicho, solemos expresar lo que sentimos con expresiones como “me has hecho enfadar”, “me has hecho daño”, “me has cabreado…”

Si nos paramos a reflexionar sobre ello y decidimos profundizar, la traducción de nuestros mensajes viene a ser algo tal como “tú eres el culpable de cómo me siento”, “tú eres el responsable de que yo esté así” o “tú me has perjudicado”, es decir, yo estoy mal por tu culpa.

No concedas el poder sobre ti a los demás

Si alguien nos enfada es porque le hemos concedido el permiso para hacerlo, pues en realidad cuando alguien nos enfada, lo que internamente resuena en nuestro interior es “lo que tú piensas sobre mí, es más importante que lo que yo pienso sobre mí”. Piénsalo.

En estos casos, la responsabilidad de cómo nos sentimos, la dirigimos hacia los demás, es decir hacia afuera. Por lo que dependiendo de los demás, así nos encontraremos nosotros.

Resulta que en lugar de hacernos cargo de nuestras emociones y sentimientos, de dirigirnos hacia dentro y asumir la responsabilidad de lo que sentimos, otorgamos el poder o el consentimiento a los otros. Porque nadie te enfada sin tu consentimiento ¿o no?

Y es cierto, que asumir todo el peso que conlleva un enfado o una molestia es algo complicado y que cuesta… y más si estamos acostumbrados a poner nuestro foco fuera. Sigue siendo más fácil, culpar al compañero y que sea el quien intente lidiar con nuestro cabreo, que nosotros mismos… pero así nunca llegaremos a conectar con nuestro interior.

Si no aceptamos el regalo, seguirá siendo de la otra persona

En ocasiones, echar balones fuera o culpar a los demás de cómo nos sentimos sucede porque nos encontramos movidos por nuestro ego, el cual, a modo de resumen consiste en identificarnos con lo que tenemos, lo que hacemos y cómo nos valoran.

Una vez que nos hemos alejado del ego y lo hemos dejado aparcado, comenzamos a tomar más responsabilidad tanto de nuestros pensamientos y comportamientos, como de nuestras emociones, y nadie nos puede hacer daño; porque consideramos que aquello que somos está mucho más allá de los bienes materiales, nuestros actos o de la opinión ajena.

Para ello podemos ayudarnos pensando que cuando alguien nos insulta o hace algo que no nos gusta es como si nos estuviera ofreciendo un regalo. Si no lo aceptamos, el regalo seguirá siendo de la persona, mientras que si lo aceptamos lo recogeremos. En última instancia, la decisión será nuestra.

Así, los insultos, las provocaciones o incluso las acciones de otros, son como esos regalos, que nosotros elegimos si aceptar o no; por lo que no podemos culpar a nadie de nuestra decisión, tan solo podemos responsabilizarnos de nuestra actitud, de nuestra elección.

No podemos cambiar a los demás, pero sí nuestra actitud

Tenemos que tener en cuenta que el choque de las expectativas que nos hemos formado con la realidad, también puede ser un detonante de nuestra molestia, pues las cosas no han pasado como imaginábamos.

No podremos controlar las circunstancias ni tampoco a las personas, pero sí que podemos controlar nuestra respuesta. Por lo que no podemos cambiar lo que alguien dice de nosotros o lo que hace y nos molesta, pero por supuesto que podemos cambiar la actitud con la que enfrentamos la vida.

La responsabilidad asusta, pero es la que nos permite ser dueños de nuestra vida. Reconocer nuestras emociones y sentimientos y hacerse cargo de ellos, nos otorga la libertad de conocernos y elegir nuestra actitud ante la vida.

Reconocer que ” yo soy el que elige” y que ” yo soy el que determina el valor que una experiencia tiene para mí ” es algo que enriquece pero también atemoriza.
-Carl Rogers-

LA MENTE ES MARAVILLOSA

lunes, 20 de junio de 2016

Al otro lado del río





Clavo mi remo en el agua 
Llevo tu remo en el mío 
Creo que he visto una luz al otro lado del río 

El día le irá pudiendo poco a poco al frío 
Creo que he visto una luz al otro lado del río 

Sobre todo creo que no todo está perdido 
Tanta lágrima, tanta lágrima y yo, soy un vaso vacío 

Oigo una voz que me llama casi un suspiro 
Rema, rema, rema Rema, rema, rema 

En esta orilla del mundo lo que no es presa es baldío 
Creo que he visto una luz al otro lado del río 

Yo muy serio voy remando muy adentro sonrío 
Creo que he visto una luz al otro lado del río 

Sobre todo creo que no todo está perdido 
Tanta lágrima, tanta lágrima y yo, soy un vaso vacío 

Oigo una voz que me llama casi un suspiro 
Rema, rema, rema Rema, rema, rema 

Clavo mi remo en el agua 
Llevo tu remo en el mío 
Creo que he visto una luz al otro lado del río

jueves, 16 de junio de 2016

Casi me rindo



Casi me atraganto 
con palabras dichas sin sentir 
Casi me ahogo en un vaso, 
casi me tumbo y me apago 

Casi me conformo 
con lo que esperan otros de mí 
Casi me creo muy torpe 
casi mi mundo se esconde 

Pero donde hay nunca dejará de haber 
Quien sabe amar lo hará una y otra vez 
Sola nací puedo volver a aprender 
Hacer por mí será un placer 

Me pido perdón 
casi se me olvida que se puede ser feliz 
Casi me rindo, casi me rindo 

En un mundo en el que 
parece más fuerte quien no duda 
ser diferente pasa factura 
Quieren que sea una más, 
que sólo quiera gustar 

Me pido perdón 
casi se me olvida que se puede ser feliz 
Casi me rindo, casi me rindo 

Me pido perdón 
casi se me olvida lo mejor de estar aquí 
Casi me rindo, casi me rindo 

Me pido perdón 
casi se me olvida que hay más gente como yo 
Casi me rindo, casi me rindo 

Casi me rindo , casi me rindo , casi