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jueves, 5 de noviembre de 2015

Los 9 peores errores a la hora de solucionar un conflicto


Una buena comunicación puede mejorar la relaciones y ayudar a aumentar la intimidad y la confianza con las personas con las que nos relacionamos, ya sean familiares, amigos, compañeros o nuestra pareja. Por lo tanto, es fácil pensar que, si una buena comunicación ayuda en las relaciones, una mala comunicación complica dichas relaciones.

En este sentido, cuando surgen conflictos, la diferencia entre una buena comunicación y una mala comunicación es determinante en el resultado, en qué sucederá una vez la llama se encuentre prendida.

Aprender a gestionar conflictos de forma eficaz es importante, pero también lo es saber qué es lo que no tenemos que hacer para darnos cuenta de en qué medida nuestra actitud dificulta la resolución de un problema. ¿Quieres saber cuáles son las peores maneras de comunicarse con otro a la hora de gestionar un conflicto?

A continuación, vamos a ver los nueve errores más habituales que se suelen utilizar para gestionar conflictos y que, además, los empeoran con mucha frecuencia… lejos de ayudar, lo único que hacen es enquistar la situación…

1 – Evitar o evadir el problema
Muchas personas intentar evitar el enfrentamiento por algo que necesita ser solucionado, y eso solo lleva a un aumento de la frustración del otro. Las cosas no se van a solucionar por sí mismas y no vale dejarlo pasar con la excusa de que quieres evitar un enfrentamiento para evitar el estrés que genera.

Solo se consigue generar aún más, además de un aumento de los resentimientos y las tensiones entre las personas implicadas. Si el problema es que no sabes de qué forma enfrentarte al problema, te recomiendo que leas los artículos “Superar el miedo a los conflictos” y “Habilidades básicas para resolver conflictos con éxito.”

2 – Ponerse a la defensiva
Uno de los principales errores que solemos cometer es ponernos a la defensiva, defendiendo nuestra posición, sin prestar atención a lo que el otro tiene que decir. Así, parece que terminamos defendiéndonos a nosotros mismos en vez de a lo que pensamos.

De esta manera perdemos la objetividad y estamos provocando que el otro se ponga también a la defensiva, lo cual contribuye a empeorar el problema. Esta actitud implica negar cualquier responsabilidad “por definición” y de manera casi inconsciente. Por este camino es casi imposible solucionar nada por las buenas.


 3 – Generalizar
Generalizar es un gran error a la hora de resolver un conflicto. Hablar en general suele ser un recurso para no personalizar, pero el efecto que se consigue es devastador, sobre todo cuando se habla en general de algo que afecta a uno solo.

Evitar expresiones como “siempre” o “nunca” es vital para que se pueda hablar sobre algo, así como evitar hablar en plural o implicando a varias personas cuando solo se trata de una o dos, o cuando cada una de las partes tiene su parte de responsabilidad en un conflicto o problema.

4 – Ser estricto con la forma de hacer las cosas
Muchas veces nos empeñamos en pensar que las cosas solo se pueden hacer de una determinada manera, y no aceptamos la forma que otro tiene de hacerlo. Muchos conflictos se generan simplemente porque nos empeñamos en que el otro haga las cosas o solucione las situaciones como nosotros, sin pensar en que el que tiene que hacerlo debe de buscar la manera que más le convenga, que para eso es él quien tiene que hacerlo.

5 – Creer que sabemos lo que el otro piensa
En muchas ocasiones nos resulta más sencillo actuar según lo que creemos que el otro piensa, dando por sentado cosas que no tienen razón. Esta forma de “psicoanálisis de pacotilla” genera malas interpretaciones y genera conflictos aún mayores.

Es importante darle al otro la oportunidad de expresarse libremente, y no actuar como si supiéramos ya lo que hay, entre otras cosas, porque estas impresiones están contaminadas muchas veces por lo que nosotros haríamos.

6 – Hablar, hablar, hablar… y no escuchar
Hablar sin pensar en que el otro también tiene algo que decir, interrumpir al otro sin dejar que termine o dejarle hablar pero pensar solo en lo que vamos a decir sin tener en cuenta sus palabras, son errores que no ayudan a resolver el conflicto, y que solo lo aumentan, porque da lugar a malas interpretaciones y a conclusiones que no tienen en cuenta lo que el otro dice.


7 – Manipular al otro con la culpa
Echarle a otro la culpa de lo que ha ocurrido e intentar que se sienta responsable es un gran error, aun cuando sea cierto. En primer lugar, porque no sabemos qué ha pasado o por qué, ignorando la parte de responsabilidad propia que se pueda haber tenido.

En segundo lugar, porque hace que el otro se ponga a la defensiva y se cierre a intentar solucionar el problema, cegado solo por el hecho de no sentirse el único responsable y no admitir lo que ha pasado. La responsabilidad es algo muy duro de asumir.

8 – Centrarse en “ganar” en la disputa
A muchas personas les gusta ganar, sin más, y el conflicto en sí les da lo mismo con tal de sentirse o saberse ganadores de la disputa. Para eso, manipulan y retuercen la información y buscan la manera de salir vencedores, a costa de ridiculizar o dejar por debajo al otro. Pero esto solo complica el problema y agranda el conflicto, y puede derivar en una rivalidad absurda que no conlleva nada positivo.

9 – Meter más conflictos en la conversación
Si de por sí es difícil resolver uno, la cosa se vuelve prácticamente imposible cuando se mezclan. Recordar errores del pasado para atacar la posición que se enfrenta a la nuestra puede trasmitir la sensación de deslealtad. Además, la otra parte puede interpretar que tenemos más ganas de realizar un ataque personal que de resolver el propio conflicto.

Solucionar el conflicto debería ser la prioridad. 
Parece obvio, pero en muchas ocasiones nos olvidamos de ellos y actuamos de forma egoísta e irresponsable. No se trata de ganar o perder, ni de ser más que el otro, ni de intentar buscar culpables.

El problema es que muchas veces nos vemos obligados a actuar de estas maneras porque la otra parte utiliza violencia verbal en la conversación. Ser asertivos e intentar calmar las cosas debería ser la premisa fundamental antes de seguir adelante en cualquier conversación de este tipo.

martes, 28 de abril de 2015

Regla para acabar con los conflictos de pareja


Tienes un mal día, discutes con alguien en el trabajo o tienes un encontronazo con un amigo y el mal humor te lo llevas a casa. Como se suele decir, la confianza da asco y muchas veces terminamos discutiendo con nuestra pareja temas que ni le van ni le vienen simplemente porque estamos enervados y no medimos ni las formas ni los modos.

Es perfectamente normal –y mentalmente saludable– comentar los problemas que nos hayamos encontrado durante el día con nuestra pareja pero cuando estamos especialmente irascibles nos pueden sacar de quicio comportamientos a los que estamos habituados –desde cómo sostiene la cuchara hasta cómo usa el hilo dental–  y provocarnos un incómodo pico de enfado extremo que termine en discusión.

“El matrimonio es el pararrayos que absorbe la ansiedad y el estrés del resto de fuentes, pasadas y presentes” comenta la psicóloga Harriet Lerner en Psychology Today quien defiende que “después de todo, ¿para qué está nuestra pareja?”.

“Cuando un matrimonio tiene una sólida base de sólida amistad y el respeto mutuo puede tolerar una cantidad justa de emoción en estado puro”, continúa Lerner, pero pagar nuestros humos y emociones exaltadas y terminar por convertirla en la responsable de nuestro enfado nunca es la solución.


Discutir es natural pero hay que hacerlo bien

“Una buena pelea puede limpiar el aire y es bueno saber que podemos sobrevivir al conflicto e incluso aprender de la situación” opina la especialista en relaciones de pareja y psicología femenina, pero todo tiene su momento y medida.

Algunas parejas se meten en discusiones interminables que no les conducen a ninguna parte más que a terminar culpando a la otra persona de la caída de las hojas en otoño. “Hay que tener cuidado con las peleas descontroladas e irracionales que pueden erosionar el amor y el respeto que son la base de cualquier relación exitosa” alerta Lerner.

La regla número 1 para pelear
Lerner plantea que la primera regla para que una bronca de pareja no se nos vaya de las manos es precisamente haber establecido previamente unas reglas para discutir entre los dos.
“A menudo actuamos como si la intensidad de nuestra ira nos diese licencia para decir o hacer cualquier cosa, porque, después de todo, ¡estamos tan furiosos que no somos capaces de detener lo que sale de nuestra boca!” ejemplifica Lerner quien recomienda “establecer unas normas y responsabilizarnos de seguirlas incluso en los momentos más acalorados de la conversación”.

Hay que establecer unas normas y seguirlas incluso en los momentos más acalorados de la conversación.

Normas como por ejemplo que no se pueda gritar ni insultar, no poder hacer agravios comparativos con cómo eran las discusiones con anteriores parejas o algo tan sencillo como eliminar la posibilidad de empezar una pelea ante de la hora de dormir (y de paso evitarnos una nochecita incómoda y un despertar lleno de resentimiento).

Una vez las tengamos claras, los expertos en terapia de parejas incluso aconsejan tener una copia escrita con las normas en un lugar en la que ambos la vean todos los días (vayan o no a discutir, es interesante que estén siempre presentes).

Si se siguen y respetan los turnos de palabra y las reglas establecidas puede tratarse de una charla fructífera –aunque algo acalorada– que fortalece la relación. 

Se recomienda tener una copia escrita con las normas siempre visible. (Corbis)

Todo tiene su fin: aprende a parar

Aprender a detener nuestro enfado y saber cuándo debemos empezar a frenar el nivel de exaltación e incluso la discusión entera es el paso definitivo para hacerlo –llegados a este punto, más bien haberlo hecho– correctamente.

“Las parejas felices no son parejas que luchan sino las que asumen la responsabilidad de sus propias palabras y acciones sin importarles lo furiosos que se pueden sentir en su interior” comenta Lerner.

En última instancia, como recomienda la experta en relaciones matrimoniales, “si tú o tu pareja no sois capaces de mantener la ira bajo control, es importante buscar ayuda profesional”.