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lunes, 23 de mayo de 2016

Las 5 cosas que más estresan al hombre de nuestro tiempo



Vivimos en la era de la actividad, de las prisas, de la falta de tiempo. Todos padecemos las consecuencias del estrés, reflejadas tanto en la mente como en el cuerpo a través de múltiples patologías. La solución no parte únicamente de erradicar esa ansiedad a base de medicamentos, sino de aprender a gestionar el estrés y el efecto nocivo que produce en nuestro organismo y en nuestra psique.

El estrés bloquea la zona del cerebro que se encarga de la resolución del problemas. Se produce una distorsión entre lo que sucede y la interpretación que hacemos de la realidad. Es el frenador por antonomasia del optimismo y tiene un efecto devastador en las personas a nivel social: el estrés conduce a una pérdida total de empatía. La ansiedad es un miedo irracional a algo real o ficticio. Posee dos patas: la proyección de que en el futuro algo no va a ir bien y la incapacidad para resolver un  problema en el momento actual.

El cerebro de las mujeres es más sensible al estrés. Según un estudio publicado el pasado año en la revista Molecular Psychiatry, las hombres adaptan mejor sus neuronas para resistir los efectos del estrés. La hormona encargada de activar la señal de alarma (CRF:  factor de liberación de corticotropina), sensibiliza de manera más intensa las neuronas en la mujer que en el hombre.

¿Qué 5 elementos estresan al hombre y a la mujer del siglo XXI?

1- La obsesión por aprovechar el tiempo

Decía Gregorio Marañón “La rapidez, que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa”.  Hoy en día vivimos expuestos a un convencimiento que resulta muy perjudicial para la sociedad: que la prisa y la aceleración producen mayores y mejores resultados. Si alguien comenta “no tengo tiempo…tengo prisa… estoy muy liado“, lo asimilamos como normal y correcto. En cambio cuando alguien señala que le sobra tiempo, uno se sorprende y juzga negativamente a la persona que tiene enfrente.

El ser humano únicamente posee una vida, y desaprovecharla genera sentimientos de angustia. Aparece la culpa cuando uno observa que el tiempo no es rentable o no ha sido bien exprimido. Existe una obsesión constante de colmar el tiempo de actividades productivas. Dejamos a un lado las placenteras y las que nos gustan, “por si hay tiempo” olvidando que el estado anímico se verá resentido.

No olvidemos que si dejamos fuera todo aquello que nos gusta, con el tiempo uno deja de ser capaz de disfrutar de las cosas agradables que aportan felicidad.

2- Estar conectados, la tecnología

Hace unos años, uno iba en el metro o en el autobús y leía, escuchaba música o simplemente miraba y observaba. Mantenía su mente en blanco o en ensoñaciones. Hoy en día parece que ese tiempo no existe, lo hemos sustituido: desde contestar correos del trabajo, mirar actualizaciones en las redes sociales, leer las ultimas noticias en los medios, ver vídeos o publicaciones… Es una obsesión, una obsesión terrible y peligrosa para la mente y para el ser humano.

Existen estudios que alertan sobre la exposición de los jóvenes a la tecnología y a la pantalla. Expertos del grupo de investigación Neuroplasticidad y Aprendizaje de de la Universidad de Granada advierten sobre como la sobreestimulación temprana puede, no solo originar desórdenes en el ámbito de manejo del estrés, sino también influir en el proceso de atención y aprendizaje. En uno de sus estudios concluyeron, “el entrenamiento en tareas demasiado complejas, antes de que el sistema esté preparado para llevarlas a cabo, puede producir deficiencias permanentes en la capacidad de aprendizaje a lo largo de la vida”.

La vida es un camino donde hay que luchar por sacar la mejor versión de uno mismo. La felicidad consiste en hacer una pequeña obra de arte con nuestra vida. Para esa obra de arte, hace falta tiempo, silencio, espacio, atención, tranquilidad, sosiego y paz. Todos esos ingredientes están diluyéndose, desapareciendo a pasos agigantados de las vidas de las personas. El primer paso consiste en parar. Esto significa pausa mental, relajación y meditación. Así nos adentramos en el control de la mente y en el encuentro con la paz. La técnica de origen budista, mindfulness, tan estudiada hoy en día, ofrece resultados científicos impactantes en el cerebro.

3- Perder el control

Para el ser humano es más importante tener la razón que vivir. Cuesta aceptar que uno está equivocado. La mente manda. La mente ordena. La mente controla. Seguimos las directrices de la razón, respondemos a las cuestiones, únicamente desde lo cognitivo. En los últimos años la razón se ha convertido en un tirano y nos hemos olvidado que existe algo más grande, algo único, que es capaz de romper barreras, de alcanzar acuerdos o de lograr la paz; y eso es el corazón.

El deseo de controlarlo todo genera una gran angustia. Hay que fiarse de la vida, de las buenas intenciones y de los grandes corazones. Las viejas seguridades se han derrumbado; lo que antes daba paz ahora genera inquietud.

Cuando el estrés te invada o temas perder el control, tu cabeza se agote o tu cuerpo no te responda, pon el corazón, él hará el resto. Cuando pones el corazón en algo pequeño, pasa a ser algo grande y maravilloso.  

4. El ego

El ser humano teme dos muertes: la muerte al final de la vida y la muerte como desaparición de la propia identidad. Esta última, ese miedo a cambiar, es el origen de muchos problemas. Las personas no quieren transformarse. Tienen pánico a reinventarse debido a que su individualismo se ha convertido en su zona de confort y les aporta una “relativa paz”, tóxica y hostil. La humildad es la base de todo cambio,  y por ello se precisa dejar de lado al ego que nos instiga, que nos bloquea, para llegar al interior, redescubrir nuestros talentos y volver a nacer, sin miedo al cambio. Donde hay humildad, hay sabiduría, dice un texto clásico.

5. Ser perfectos

Decía Victor Pauchet, “El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento“. El perfeccionista es el eterno insatisfecho. Nada está nunca a la altura de lo deseado. No puede vivir en paz. Vive en la constante duda de todo, porque quiere llegar a un gran nivel, a veces irreal. Educamos a los hijos para que sean perfectos y vivimos intentando mostrar una imagen de perfección global en nuestro entorno. Ser perfeccionista es una labor agotadora porque uno se compara con el resto, y cuando uno compara, coteja superficies y no profundidades.

Hay que aceptar que somos seres humanos y cometemos errores. Como bien expresa el psicólogo israelí de la Universidad de Harvard, Tal Ben Shahar: “La felicidad consiste en aceptar el derecho al error y la imperfección para llegar a la plenitud“.

Estamos en la era de la hiperactividad cerebral. Saltamos y volamos de un tema a otro con velocidad pasmosa. Hoy en día resulta más beneficioso saber frenar y desacelerar, que mantener el motor activado de la mente sin freno. Existen estudios que apoyan cada vez más la serenidad para crear y resolver los problemas. Caminar ligero puede resultar más beneficioso para la salud que llevar al corazón en todas las actividades (físicas y psicológicas) al máximo de sus posibilidades. 

Como decía Wayne Dyer, “No hay estrés en el mundo, solo gente creando pensamientos estresantes y luego actuando sobre ellos”.

Marian Rojas-Estapé

jueves, 29 de octubre de 2015

Vencer el victimismo


¿Eres adicto a quejarte? Aprende a vencer el victimismo.

¿TIENES UN AMIG@ QUE SE LAMENTA PORQUE TODO LE VA MAL?

¿TU PAREJA NO PARA DE QUEJARSE PORQUE NADIE LE ENTIENDE?

O ¿ES TU ABUELA LA QUE PROTESTA CONSTANTEMENTE POR LA INCOMPETENCIA DEL GOBIERNO?

¿Cómo saber si sufres de victimismo?
Antes de contarte mi historia, seguramente tú también te quejas de cosas. Resuelve este test de 10 preguntas para descubrir tu grado de victimismo.


  • ¿te quejas por todo?
  • ¿sientes que permanentemente tiene mala suerte?
  • ¿culpas a los que le rodean de su infortunio?
  • ¿tu discurso es negativo y/o derrotista?
  • ¿trasladas la responsabilidad de lo que pasa en tu vida a los demás?
  • ¿utilizas a menudo tu drama como reclamo de la atención y compasión de los demás?
  • ¿te encierras aún más en tu victimismo cuando los demás no te siguen el juego? ¿te sientes incomprendido?
  • ¿te sientes rodeado de injusticias?
  • ¿te ves incapaz de salir de la adversidad?
  • y además ¿te muestras excesivamente nervioso, impaciente, protestón…?

Grado de Victimismo
Pues si a más de dos preguntas has contestado SÍ sin duda eres algo adicto, y si la respuesta positiva ha sido más de 6 preguntas estás en camino de que se convierta en un vicio.

Todo victimismo comienza con una queja, pero si no haces nada y dejas que se prolongue en el tiempo puedes convertirte en un quejica crónico.

Eres víctima o victimista
Pero ¿realmente eres víctima de las circunstancias que te rodean?

Leí una vez “las víctimas no suelen quejarse: están demasiado ocupadas curando sus heridas”

Ser víctima supone haber recibido un daño por una circunstancia ajena. En ese caso tu queja tiene sentido, pues parte del proceso consiste e expresar tu dolor para superarlo.

Pero no es objeto de esta entrada hablar de víctimas, sino del victimismo, que es esa conducta limitante asociada a un sentimiento de víctima.

Álvaro el victimista
Como te contaba al principio, yo mismo durante un periodo de mi vida no hacía otra cosa que lamentarme por mi trabajo.

¡Tenía infinidad de razones para quejarme!


  • Asumía la carga de trabajo de tres personas
  • No tenía apenas tiempo libre
  • No podía disfrutar de amistades, aficiones, familia..
  • Estaba permanentemente bajo una presión y tensión excesivas
  • Como consecuencia, mi salud se había visto deteriorada en exceso
Y ¿qué es lo que hacía? Culpar a la empresa, quejarme por su falta de consideración con los trabajadores, por no poner recursos suficientes para que la carga de trabajo fuera la razonable.

Me sentía engañado, decepcionado y atrapado en esa situación. Era víctima de una gestión horrible.

La realidad era que estaba hiper-quemado con el trabajo, pero ¿qué hacía yo realmente por resolver esa situación?

NADA

¿qué esperaba, que la empresa cambiase? ¿que el proyecto se cancelase? ¿que el cliente se transformase?

Pues sí, se ve que era eso lo que esperaba. Y mientras tanto venga a quejarme y lamentarme.

Hasta que un día mi salud estaba tan perjudicada que tuve que ir al médico.

“Tú lo que tienes es un estrés que te lo pisas” me dijo… “tu cuerpo te está mandando mensajes, si no paras tú, lo hará él”.

Me quedaba claro, tenía que cambiar cosas, pero es que no tenía tiempo. Por no hablar de energía…

En realidad lo que me ocurría es que me resistía al cambio: obviamente para mí era mucho más cómodo que todo cambiase.

Bueno, es que si cambiaba mi jefe, mi empresa, mi cliente.. yo no tenía que cambiar y podía ser feliz.

Pues sí, eso habría sido ideal pero no sucedía. Ni iba a suceder nunca.

Lo que sí sucedía mientras esperaba “el milagro” era que mi estómago estaba tan fastidiado que no pasaban una semana sin que tuviera diarreas, que los ataques de pánico que sufría por el desmedido estrés eran cada vez más frecuentes y me producían hormigueos e insensibilidad en manos y piernas, y que mi carácter se me había amargado hasta ser una persona gris y con la que no me apetecería hoy tomarme un café.

Tenía la salud por los suelos.

Entonces tomé conciencia de una cosa importante: del significado de la palabra responsabilidad.

Si observas bien la palabra te darás cuenta en seguida de que responsabilidad etimológicamente viene de la habilidad de dar respuesta.

Ese significado lo tenía extraordinariamente asimilado en cuanto a mi trabajo. Era una máquina de resolver situaciones, de tomar decisiones inmediatas, pero estaba claro que me sentía totalmente incompetente para dar respuesta a los problemas de mi vida personal.

En una frase: era responsable con mi trabajo pero no lo era con mi vida.

Entonces recordé la charla con el médico y me dije: “tienes que cambiar” De hecho, había algo dentro de mí que llevaba tiempo diciéndolo, pero me negaba a escuchar esa voz.

Pero he de confesar que tenía miedos, y que me sentía responsable con mi equipo de trabajo. Por eso, a pesar de empezar a tenerlo claro, me costaba horrores llevar ese pensamiento a la acción así que decidí contratar a un coach.

Con él revisé mi situación y establecí objetivos personales con los que empecé a trabajar. Establecí mis prioridades: lo primero era sentirme mejor física y psíquicamente.

Para ello empecé a respetar mis tiempos de descanso, a salir a una hora prudencial para practicar yoga. Por fin estaba desarrollando esa habilidad de dar respuestas a lo que era importante en mi vida.

Me costó bastante cambiar mi conducta de “trabajador comprometido hasta la muerte con la empresa”. Al principio me sentía culpable. Me oía a mí mismo diciendo “debería de estar respondiendo esa carta” o  “tendría que llamar a fulano para ver cómo ha ido esto”

Entonces me acordé de la receta que me dio el médico. Además de  hacer deporte regularmente y cambiar de actitud me dijo que debía de tomar con regularidad “melasuda 600”*. Es verídico.

Tenía que tomarme aquella medicina para poner primero lo primero, que es el el primer hábito de la gente altamente efectiva según Stephen Covey.

Sin embargo, a pesar de todo, la situación no mejoró, yo mejoré pero poco, y finalmente sucedió algo que detonó la crónica de una muerte anunciada.

Entonces tomé la decisión más importante y de la que más satisfecho me siento en mi vida:

presenté mi carta de dimisión.

Lo que hice para vencer el victimismo
Si lees con detenimiento mi relato anterior apreciarás la secuencia que fue sucediéndose para llegar a la decisión de dejar mi empresa.


  1. Acepté que la situación de mi entorno no iba a cambiar, y por tanto me correspondía a mi hacerlo.
  2. Tomé conciencia de que yo era responsable de lo que sucedía y de que estaba creando la situación con mi conducta limitante: el quejica.
  3. Primera elección: ¿cambiar de actitud o cambiar de trabajo? Aún no estaba preparado para dar el salto al vacío. Decidí por tanto cambiar de actitud.
  4. Superé la resistencia a ese cambio de actitud tomando “melasuda 600” (según prescripción médica ;) )
  5. Para consolidar ese cambio de actitud canalicé mis emociones de un modo diferente a la queja: haciendo yoga regularmente
  6. Tomé la responsabilidad en mi vida. Modifiqué una creencia limitante: “yo soy responsable del proyecto” por una creencia potenciadora “el proyecto es trabajo y yo soy responsable de mi vida”
  7. Busqué alternativas a mi situación: preparé el plan B
  8. Sopesé el riesgo y me enfrenté al miedo al cambio
  9. Tomé una elección: cambiar.

Por supuesto cada uno tiene sus circunstancias, y las dificultades son diferentes en cada caso, pero si un cambio te llama durante mucho tiempo en tu vida debes de empezar hacerle caso.

Supongo que a alguno después de leer todo esto estará pensando: “tú lo ves muy fácil”, “no es tan sencillo”… No lo tendré en cuenta, sé que es tu ego el que habla: utilizará todas las artimañas que pueda para encontrar excusas para quedarte como estás.

No obstante si deseas hacerlo tienes a tu disposición el campo de comentarios para expresarte.

Un breve cuento para finalizar
Un hombre entró en una ferretería. Junto al mostrador había un perro tumbado que lloriqueaba de vez en cuando.

El hombre le preguntó al tendero:

-¿Qué es lo que le pasa al perro que anda quejándose?
-Nada que está echado sobre un clavo y le duele al moverse…
-Y ¿por qué no lo suelta para que pueda ponerse en otro sitio?
-El perro no tiene correa señor… – Respondió el tendero
-Y entonces ¿por qué no se mueve de ahí?
-Pues yo creo que, le molesta lo suficiente como para quejarse pero no lo necesario como para cambiar de lugar.

La pregunta inevitable es…

¿VAS A SEGUIR QUEJÁNDOTE O VAS A COGER LAS RIENDAS DE TU VIDA PARA AFRONTAR EL CAMBIO QUE NECESITAS DE UNA VEZ POR TODAS?

Álvaro López

AUTORREALIZARTE

jueves, 7 de mayo de 2015

Alfabeto emocional


Descubre por qué letra empiezan las conductas que producen serotonina, la hormona de la felicidad, por qué letra las actitudes positivas que desencadenan,
y por cuál las conductas que producen cortisol, la hormona del estrés, así como las actitudes negativas que generan.

Luego, piensa qué letra predomina en tu vida, y decide cuál prefieres elegir:
¿S o R?




LONGEVUS

martes, 14 de abril de 2015

¿Cómo controlar el estrés en 5 pasos?


A lo largo de nuestra jornada, es muy habitual sentirnos incapaces de lograr todo lo que nos proponemos y que nos cueste conciliar el sueño, descansando mal durante la noche y levantándonos ya desde temprano cansados.

También son muy habituales esos dolores de cabeza que tanto nos irritan e incomodan a lo largo del día, y no nos permiten concentrarnos en nuestro trabajo o simplemente poder tener un estilo de vida saludable y “normal”.

Un porcentaje muy alto de todos estos síntomas son generados por el estrés. Decimos que el estrés es una respuesta global de nuestro organismo cuando nos encontramos y enfrentamos ante una situación que percibimos amenazadora y/o desafiante.

Pero esta respuesta no es tan negativa como nos enseñan socialmente ya que tiene lugar para facilitar la adaptación del organismo, poniendo todos nuestros recursos disponibles y facilitando su activación para superar dicha situación amenazadora como lo pueden ser: época de exámenes, búsqueda de empleo, problemas sentimentales, de pareja…

Por ello, podemos afirmar que el estrés es positivo ya que nuestra vida y entorno están en un continuo cambio que exige adaptarnos continuamente. Pero entonces,

¿Por qué el estrés lo empleamos como “algo” tan negativo?

Esto es debido a que si dicha respuesta se prolonga en el tiempo o su intensidad es demasiado alta puede tener efectos perjudiciales en nuestro cuerpo, generándonos barreras negativas para nuestro sistema vital, convirtiéndose en un obstáculo que superar para poder gozar de una vida sana.

La solución es entender el significado del estrés positivamente y aprender a manejarlo, manteniéndolo dentro de unos niveles aceptables e incluso saludables para nuestro estilo de vida y superación de objetivos personales.

¿Cuáles son los 5 pasos para controlar el estrés?

- Fíjate en lo positivo. Si nos encontramos ante una situación “negativa” lamentarte y castigarte con un “y si…” no te va a ayudar ni solucionar el problema, probablemente todo lo contrario. Hay un lema de vida que empleo cada día y es: “Todo sucede por algo bueno que me permite obtener un aprendizaje inmensamente positivo”.

Si te encuentras así, aprende de la situación e integra ese aprendizaje para la próxima ocasión. Un ejercicio también recomendable es eliminar de nuestro lenguaje palabras como “nunca”, “siempre, intentando sustituir el “no puedo” por “¿Cómo puedo?”.

- Sé consciente de tus pensamientos. Es fundamental para gozar de una vida plena y llena de paz en todos los aspectos ser conscientes de nuestro “yo”. Nuestros pensamientos influyen en como percibimos y valoramos como actuamos en cada situación.

Cuando te encuentres en una situación “complicada” elimina los pensamientos negativos y céntrate en los positivos,  respirando hondo y preguntándote: “¿Qué puedo sacar bueno de esto?”. En muchas ocasiones así, nosotros no somos lo responsables de lo que nos está incomodando.

Tener en cuenta también esta reflexión te ayudara a tomarte las cosas mucho más relajadamente y sin presión. Recuerda que no todo el peso del mundo recae en ti. No eres responsable de los demás, solo de ti mismo.

- No te sobrecargues de actividades. En este punto es súper importante el buen empleo de la asertividad y ser realista. Como el punto anterior, tú no eres perfecto ni tienes que contentar a todo el mundo. Además cada persona tiene unos mapas personales propios diferentes a los tuyos. Ya solo por eso es imposible “ser perfecto para el mundo”.

Concédete la oportunidad de fallar, equivocarte, y así aprender de los errores que hagas. Lograrás un crecimiento interior inmenso sintiendo y percibiendo la vida de esta forma.

- Aprende a delegar. No puedes permitirte hacer y realizar todo. Es bueno muy de vez en cuando buscar el apoyo de tus personas más cercanas si lo necesitas y sientes que no puedes con todo lo que tienes que realizar.

Además, pedir ayuda favorece las relaciones personales y genera un mayor vínculo emocional con las personas que quieres dejando de lado tu “yo” egocéntrico y narcisista que todo puede lograrlo sin ayuda de nadie, y tanto estropea las relaciones sociales.

- Cuida tus relaciones personales. En este punto hacemos un poquito de referencia al anterior. Es muy importante disfrutar de la compañía de las personas que quieres, cercanas a ti, pero intentado tener muy presente el deseo de compartir esos momentos con alegría, felicidad con nuestros seres queridos y personas de nuestro entorno con las que nos sintamos bien.

Las relaciones sociales “sanas” y, lo más importante, “humanas” hacen que nos sintamos más fuertes y capaces de cualquier cosa que deseemos o queramos en nuestra vida.

Para que todas estas pautas se vuelvan habituales en nuestra vida es necesario tiempo, constancia y responsabilidad. Os animo a que las pongáis en práctica lo antes posible para evitar el “mal uso” del estrés y percibirlo totalmente al contrario, como un mejor amigo que nos puede echar una mano en demasiadas ocasiones cotidianas de nuestro día a día.

jueves, 26 de febrero de 2015

El trastorno por atracón



¿Cómo reconocerlo y hacerle frente? 
Muchos resisten la tentación de atragantarse con golosinas durante semanas y semanas, y de repente…cometen el gran pecado, ya tú sabes, surge una situación estresante e inesperada, te pasas de la raya y luego te sientes fatal, así que vuelves a pasarte. ¡Qué pérdida de energía!. Ya sé que es un comportamiento enfermizo, estúpido e inútil…Un comportamiento compulsivo. Recuerdo que a veces he intentado resolver cómo embutirme medio litro de helado de yogur con una cucharilla mientras conducía sola a más de cien kilómetros por hora por la autopista. He llegado a entrar en tres tiendas a media noche para satisfacer un desaforado antojo de caramelos. También me he desviado cuarenta y ocho kilómetros de mi ruta para comprarme una caja de pasteles de mermelada en una cafetería, con la esperanza de no encontrarme a ningún conocido. He escondido centenares de envoltorios de caramelos en latas y me he desecho de ellos en los basureros de los centros comerciales. He pasado por fases críticas de mucha tensión en las que he sido capaz de tragarme varias bolsas grandes de chocolatinas de una sentada, cada noche durante dos semanas…Puedo estar con gripe, a cuarenta de fiebre, y si se me antoja que quiero un maldito litro de helado, aunque haya una terrible tormenta, me calzo las botas, me pongo un abrigo encima del pijama y bajo a la tienda de al lado a comprarlo. ¿Qué es eso?
Wendy Shanker. (The Fat Girl’s Guide To Life)

El testimonio y la pregunta que formula esta conocida periodista y escritora norteamericana se convierte en la perfecta antesala para tratar un tema complejo y devastador que afecta a más del 2% de la población. Finalmente en el año 2013 el Manual diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) reconoció al trastorno por atracón como una entidad psiquiátrica independiente relacionada con una conducta alimentaria inapropiada. Es así como en la actualidad podemos hablar con propiedad de tres trastornos importantes de la conducta alimentaria: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. La anorexia y la bulimia ya son bastante reconocidas dentro de la comunidad, e infortunadamente siguen siendo una causa importante de sufrimiento mental, deterioro físico, complicaciones médicas y muerte entre las personas que las padecen (principalmente niñas a comienzos de la pubertad y mujeres jóvenes). Quiero referirme específicamente al trastorno por atracón  porque:

  • Es el trastorno de la conducta alimentaria más común en la actualidad.
  • Afecta a mujeres y hombres  al comenzar la adultez (20 años)
  • Es el trastorno mental que más se asocia al sobrepeso y a la obesidad. Aquí es importante aclarar que no todos los comedores compulsivos tienen sobrepeso; pues se estima que aproximadamente el 30% de estas personas mantienen un peso en el límite de lo normal.
  • Muchos de las personas que sufren de trastorno por atracón presentan complicaciones médicas a causa de la obesidad. Se ha visto que personas con trastorno por atracón crónico y grave (8-13 atracones por semana) pueden desarrollar complicados cuadros de obesidad crónica.
  • Es considerado en este momento un verdadero problema de salud pública.
  • Genera en las personas que lo padecen mucha vergüenza, frustración, ideas de culpa, auto reproches y en muchos casos depresión.
  • Provoca una mala calidad de vida, muchas limitaciones en el funcionamiento global, complicaciones médicas y en algunos casos hasta la muerte.
  •  El trastorno por atracón no es una elección o un estilo de vida. Se trata de una enfermedad que puede volverse crónica, como muchas otras. Si el trastorno por atracón se sospecha, se diagnóstica a tiempo y se trata adecuadamente puede liberar a muchas personas de una enfermedad devastadora y silenciosa.
Considero que lo más importante es conocer la enfermedad para poder atacarla. Por otra parte es conveniente quitarle el estigma, los tabúes, la carga moral al trastorno por atracones y dignificar a quienes lo padecen invitándoles a buscar la ayuda profesional que necesitan.

¿Qué es un atracón?  

El atracón es la ingestión de comida, en un determinado periodo de tiempo (por ejemplo, dentro de un periodo cualquiera de dos horas), de una cantidad exagerada de alimentos (claramente superior a la que la mayoría de las personas ingerirían en un periodo similar en circunstancias parecidas). Para que hablemos de atracón tiene que existir la sensación de falta de control sobre lo que se ingiere durante el episodio (la persona dice que no es capaz de dejar de comer o que no es capaz de controlar lo que se ingiere o las cantidades). Hay personas que de vez en cuando se dan un atracón, por ejemplo se comen un litro de helado en una sola sentada viendo una película de terror, pero este solo episodio no constituye un trastorno por atracón, como veremos a continuación:

¿Qué es el trastorno por atracón?

Es un trastorno de la conducta alimentaria grave caracterizado porque la persona en secreto (sin ser vista por nadie) presenta episodios recurrentes de atracones que se asocian a tres o más de los siguientes hechos:

  • Comer (sin masticar, casi se atraganta) mucho más rápido de lo normal.
  • Comer y comer hasta sentirse desagradablemente lleno (a punto de reventar)
  • Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente físicamente hambre.
  • Evitar la cercanía de otras personas mientras se come debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se come y la forma de hacerlo (algunos pacientes dicen que les da vergüenza que los vean comer como cerdos)
  • Al terminar de comer sentir mucha rabia con uno mismo, asco, vergüenza, o culpa por haber perdido de nuevo el control.
  • Además la persona presenta un malestar intenso respecto a los atracones; y es importante que estos atracones se produzcan, en promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.
  • Es importante añadir que quienes sufren de trastorno por atracón no presentan comportamientos compensatorios inadecuados como en el caso de la bulimia. Estos comportamientos consisten en vomitar, tomar laxantes, diuréticos o hacer ejercicio compulsivamente con el fin de no engordar.
Quien sufre trastorno por atracón se siente fatal por su falta de control, tiene baja autoestima, pésima auto imagen y se avergüenza de su comportamiento pero no hace nada para deshacerse de la carga enorme de comida que ha ingerido. En el caso de la bulimia nerviosa, las personas tienen atracones, pero como dije antes intentan compensar vomitando o utilizando los otros recursos mencionados.

En el trastorno por atracón  hay unos aspectos claves que se tienen que trabajar en el tratamiento:

1. La falta de control de la persona sobre la comida.

2. Los factores estresantes, dificultades o problemas que facilitan la aparición de los atracones.

3. La falta de consciencia cuando se ingieren los alimentos.

4. La dificultad de estas personas para identificar y dar sentido a los estados emocionales.

5. Tener presente la presencia o no de episodios depresivos, ansiosos, abuso de sustancias y trastornos del control de impulsos para manejarlos. El objetivo principal del tratamiento del trastorno por atracón sería ayudar al paciente a normalizar los patrones de alimentación teniendo en cuenta los aspectos claves mencionados.

¿Cuándo consultar a un médico?

Si después de leer este material sospechas que tienes algunos síntomas de trastorno por atracón, no dudes en buscar ayuda especializada (psiquiatra, psicólogo, especialista en nutrición) tan pronto como te sea posible. El trastorno por atracón generalmente no mejora por sí mismo, y puede empeorar si no se trata. Recuerda que el trastorno por atracón no es un estilo de vida , sino una enfermedad muy frecuente y devastadora. Así que intenta manejar la vergüenza y sé sincero y abierto con tu médico tratante, verás como esto facilitará tu tratamiento.

Habla con tu médico de confianza acerca de tus síntomas, temores y pérdida de control en los atracones. Si eres renuente a buscar tratamiento en primera instancia, habla con alguien de mucha confianza acerca de lo que te está pasando. Un amigo, un ser querido, un  maestro o un psicólogo amigo, por ejemplo  te pueden ayudar a dar los primeros pasos para buscar ayuda profesional y procurar el éxito en el tratamiento del trastorno por atracón.

¿Cómo ayudar a un ser querido que tiene síntomas?

Una persona con trastorno por atracón puede convertirse en un experto en ocultar la conducta, por lo que es difícil para los demás poder detectar el problema. 

Si usted tiene un familiar o ser querido que puede tener los síntomas del trastorno por atracones, trate de tener con él una conversación abierta y honesta acerca de sus preocupaciones con respecto al trastorno por atracón. Usted puede preguntar con delicadeza y ofrecerle una escucha atenta, sin juzgarlo, burlarse de él o recriminarlo. Manifiéstele su apoyo e intente ofrecerle ayuda en la búsqueda de un especialista calificado en el área de los trastornos de la conducta alimentaria, para que inicie un tratamiento adecuado. Intente ser una buena compañía y dele aliento durante su terapia. Recuerde que el aislamiento, y el rechazo o recriminación por parte de amigos y familiares  entorpecen la adherencia a los tratamientos y el resultado de los mismos.

Dra. Iris Luna

lunes, 12 de enero de 2015

Este es el mejor momento


Este homenaje a las mujeres con cáncer de mama, nos recuerda lo que nadie debería olvidar:

Rompe con la puerta y grita
fuerte, que se entere el mundo:
Este es el mejor momento



Hace tiempo que no sueño en grande
Hace tiempo que no importa que vendrá
Ya perdí de vista a los gigantes
Ya no pueden asustarme porque
hoy me he levantado fuerte
Todos los caminos me trajeron hasta aquí

Es el momento de salir y respirar
Es el momento de cantarle a todo lo que ves
Es el momento de saltar para caer de pie
Rompe con la puerta y grita
fuerte que se entere el mundo:
Este es el mejor momento

Nunca dejaré de agradecerte
cada luz que has encendido en el salón
Eres patrimonio de mi suerte
Eres risa y eres más que una canción
Y es que yo encontré la vida en tus abrazos
Aprendí que lo importante pasa hoy

Es el momento de salir y respirar
Es el momento de cantarle a todo lo que ves
Es el momento de saltar para caer de pie
Rompe con la puerta y grita
fuerte que se entere el mundo:
Este es el mejor momento

Es el momento de salir y respirar
Es el momento de cantarle a todo lo que ves
Es el momento de saltar para caer de pie
Rompe con la puerta y grita
fuerte que se entere el mundo:

Este es el mejor momento

PABLO LÓPEZ

jueves, 11 de diciembre de 2014

La fatiga mental


¿De qué se trata?

Simplemente no puedes concentrarte. Dos minutos sobre algo y la mente comienza a volar. Piensas en las cuentas, en las últimas noticias, en el clima. Te das cuenta de que tienes que volver sobre tu tarea, pero, por más que lo intentas, tu atención no termina de estar allí. También puedes tener dolores musculares y dificultades para dormir.

Esos son los síntomas más visibles que un mal contemporáneo que se extiende día a día: la fatiga mental. Se define como una disminución temporal de la eficiencia en las funciones mentales, debida al exceso de trabajo.

El origen de la fatiga

La fatiga mental se origina cuando hay un exceso de trabajo mental en el trabajo. Cuando decimos “trabajo mental” no nos referimos estrictamente a trabajo intelectual. La parte mental también involucra todo el mundo de las emociones, los sentimientos, las actitudes y las costumbres.

Por eso no solamente sufren de fatiga mental quienes se dedican a una labor del intelecto, sino que es una amenaza para cualquier tipo de trabajador. Alguien que se vea obligado a realizar una tarea mecánica y rutinaria puede sufrir de cansancio mental. También una persona que labore en unas condiciones de riesgo o mal clima laboral.

Esto se debe a que para realizar su trabajo tiene que hacer un esfuerzo intelectual, o mantener un control de emociones y tensiones que desbordan su capacidad de respuesta. La carga es demasiado pesada y tolerarla da lugar a que aparezca esta forma de fatiga.

No todos los estados de fatiga mental son ocasionados por el trabajo; a veces se deben a situaciones extra laborales que superar el nivel de lo tolerable. Lo laboral, entonces, es apenas la gota que rebasa la copa.

También es importante aclarar que  nunca la fatiga mental se debe exclusivamente al trabajo. Solo se configura esta condición cuando un ritmo de trabajo demasiado exigente se combina con un estilo de vida poco saludable.

¿Cómo superar la fatiga?

La sensación de fatiga es una señal de alarma a la que debes prestar atención. Indudablemente es un indicador de que es necesario descansar. Mientras una persona sufre de fatiga, su actividad se vuelve más lenta, menos productiva y más estresante. Es muy frecuente que también aparezcan problemas digestivos, irritabilidad y tristeza.

Descansar no significa necesariamente acostarte a dormir, aunque los buenos hábitos de sueño son cruciales para que no aparezca la fatiga. El descanso tiene que ver muy especialmente con la diversificación de las actividades. Alguien que está cansado necesita de ejercicio físico para liberar tensiones. Necesita también de actividades lúdicas, que no le generen ninguna sensación de compromiso.

La fatiga también puede ser el resultado de una mala organización en el trabajo. Quizás es el momento de evaluar la manera como estamos realizando nuestras tareas habituales. ¿Hay algún paso que podemos omitir? ¿Existe alguna manera más sencilla de llegar al mismo resultado? ¿Combinamos adecuadamente los momentos de trabajo y de pausa?

Una buena alimentación ayuda también a salir de los estados de fatiga. En ocasiones, ese mismo cansancio da lugar a inapetencia. También puede que el cúmulo de actividades haga que la comida pase a un segundo plano y nos conformemos con algún bocadillo cada vez que el estómago nos pide comida. Así, regularizar la nutrición y comer sanamente pueden ser de gran ayuda para que nuestro cuerpo resista mejor las exigencias diarias.


Nunca sobra una consulta al médico.

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Estamos tan enfermos como para consumir tantos ansiolíticos?


“Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales”

Allen Frances (Nueva York, 1942) dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales. Este manual, considerado la biblia de los psiquiatras, es revisado periódicamente para adaptarlo a los avances del conocimiento científico. El doctor Frances dirigió el equipo que redactó el DSM IV, a la que siguió una quinta revisión que amplió considerablemente el número de entidades patológicas. En su libro ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel, 2014) hace autocrítica y cuestiona que el considerado como principal referente académico de la psiquiatría colabore en la creciente medicalización de la vida.

Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?

Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.

P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales?

R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.

P. Con la colaboración de la industria farmacéutica... 

R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar.

P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia?

R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.

P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?

R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control.

P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos?

R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.

P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales?

R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.

P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio?

R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren.

P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?

R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que demasiada medicina es mala para la salud.

P. No va a ser fácil…

R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE UU el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos. Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.

P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente.

R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.

P. ¿En qué sentido?

R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.

P. Y también tendrán que cambiar hábitos.


R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Jornada de salud mental en Castro Urdiales


El pasado viernes 15 de noviembre, durante la Jornada de Salud Mental en Castro Urdiales, nuestra invitada, Carmen Sarabia, (enfermera y doctora en psicología) hizo una amena exposición sobre la ONG explicando nuestro origen, el proceso de formación de los voluntarios, la importancia de la promoción de la salud emocional como medida de prevención frente a patologías mentales,... Además, nos ilustró con datos sobre la incidencia de patologías mentales de mayor prevalencia, repercusiones de la crisis económica en la salud emocional, últimas tendencias psicológicas en los tratamientos,...

Nos invito a sonreír como tratamiento efectivo demostrado científicamente frente a la enfermedad mental y a percibir la realidad a través de “gafas “que disminuyan el sufrimiento innecesario.

¡Vamos, que nos encantó¡

Después, se abrió un breve turno de preguntas a las que respondieron Mª José y Fátima como delegadas del Teléfono de la Esperanza en Cantabria y Vizcaya respectivamente.

La situación de los afectados de trastornos mentales y de sus familias es muy dura y además cada vez cuentan con menos ayudas. La charla de Carmen Sarabia, y lo que Mª José y Fátima contaron del Teléfono  dejó un pequeño mensaje de esperanza necesario en la que debió de ser una jornada muy dura.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Hablar sobre el suicidio ayuda a prevenirlo


En esta semana que se ha celebrado el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, volvemos a hablar de este tema tabú.



Quien piensa en la posibilidad del suicidio, sí quiere vivir, pero lo que no quiere es seguir sufriendo más ansiedad, desesperanza y depresión.
Infodepresión

CAUSAS DEL SUICIDIO
El suicidio y los comportamientos suicidas generalmente ocurren en personas con:
• Trastorno bipolar
• Trastorno límite de la personalidad
• Depresión
• Dependencia del alcohol y de las drogas
• Esquizofrenia
 

Las personas que intentan suicidarse con frecuencia están tratando de alejarse de una situación de la vida que parece imposible de manejar.
Muchos de los que cometen intento de suicidio están buscando alivio a:
• Sentirse avergonzado, culpable o como una carga para los demás.
• Sentirse como víctima.
• Sentimientos de rechazo, pérdida o soledad.
 

Los comportamientos suicidas pueden ser causados por una situación o hecho que la persona ve como agobiante, tales como:
• El envejecimiento (los ancianos tienen la tasa más alta de suicidio).
• La muerte de un ser querido.
• La dependencia de las drogas o del alcohol.
• Un trauma emocional.
• Enfermedades físicas graves.
• El desempleo o los problemas financieros.


SÍNTOMAS DE UNA PERSONA SUICIDA


A menudo, pero no siempre, una persona puede mostrar ciertos síntomas o comportamientos antes de un intento de suicidio, entre ellos:
• Tener dificultad para concentrarse o pensar claramente.
• Regalar las pertenencias.
• Hablar acerca de marcharse o la necesidad de “dejar todos mis asuntos en orden”.
• Cambio repentino en el comportamiento, sobre todo calma después de un período de ansiedad.
• Pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba.
• Tener comportamientos autodestructivos, como tomar alcohol en exceso, consumir drogas ilícitas o hacerse cortaduras en el cuerpo.
• Tener dificultad repentina en el colegio o el trabajo.
• Hablar acerca de la muerte o el suicidio o incluso declarar el deseo de hacerse daño.
• Hablar acerca de sentirse desesperado o culpable.
• Cambiar los hábitos de sueño o comidas.


FACTORES DE RIESGO DE SUICIDIO EN ADOLESCENTES
 

• Acceso a armas de fuego.
• Miembro de la familia que cometió suicidio.
• Antecedentes de autoagresión deliberada.
• Antecedentes de abandono o maltrato.
• Vivir en comunidades en donde ha habido brotes recientes de suicidio en personas jóvenes.
• Ruptura sentimental.
La mayoría de los intentos de suicidio no terminan en muerte.
Muchos de estos intentos se llevan a cabo en una forma en que el rescate sea posible.
Estos intentos a menudo representan un grito desesperado en busca de ayuda.
Algunas personas intentan suicidarse de una manera que no sea violenta, como envenenamiento o sobredosis. Los hombres, especialmente los ancianos. Tienen mayor probabilidad de escoger métodos violentos, como dispararse. Como resultado, los intentos de suicidio por parte de ellos tienen mayor probabilidad de consumarse.
Los parientes de personas que intentan o cometen suicidio a menudo se culpan o se enojan mucho y pueden ver el intento o el acto como egoísta.
Sin embargo, las personas que intentan cometer suicidio con frecuencia creen erróneamente que les están haciendo un favor a sus amigos y parientes al irse de este mundo.


PREVENCIÓN DEL SUICIDIO
 

El hecho de evitar el alcohol y las drogas (diferentes a los medicamentos recetados) puede reducir el riesgo de suicidio.
 

En hogares con niños o adolescentes:
• Almacene todos los medicamentos recetados en una parte alta y bajo llave.
• No guarde alcohol en la casa o manténgalo asegurado bajo llave.
• No guarde armas de fuego en la casa. Si las tiene, guárdelas bajo llave y las balas aparte.
 

Muchas personas que tratan de suicidarse hablan de ello antes de hacer el intento. Algunas veces, simplemente hablar con alguien a quien le importe y que no haga juicios es suficiente para reducir el riesgo de suicidio. Por esta razón, los centros de prevención de suicidio tienen servicios de “línea directa” telefónica.


Información extraída de Teléfono de la Esperanza Weston. Florida.




Con motivo de la celebración mundial, Documentos TV emitió un interesante documental Supervivientes.

Clara, Juan Carlos y Adrià van superando poco a poco el dolor gracias al poder terapéutico que tiene hablar, aunque la palabra suicidio siga asustando y generando rechazo a los que no lo han sufrido. Ellos ya no la maquillan con rodeos como "mi madre murió" o "mi padre falleció del corazón". Han derribado el tabique de tabú y estigma tras el que se escondían y en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio reivindican el diálogo como analgésico para aliviar una herida que nunca cicatrizará del todo.



"Hay toda una teoría en torno al suicidio y el porqué no se debe hablar de ello, pero en realidad es una teoría distorsionada. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja afrontar esta realidad y dejar de ocultarla para poder prevenir estas muertes. Es necesario construir un nuevo discurso, siempre dentro del respeto y de unos límites éticos", explica Juan Carlos.

Las historias de Clara, Adrià, Juan Carlos o Elena. No hablan de la muerte. Son un canto a la vida.

El mundo

domingo, 8 de septiembre de 2013

10 de septtiembre: Día Internacional de Prevención del Suicidio



Por cada dos personas asesinadas, tres mueren por suicidio

Los expertos en salud mental conocen muy bien que los trastornos afectivos, y sobre todo la depresión, son los que tienen una vinculación más estrecha con el suicidio. Así, la depresión aumenta 20 veces el riesgo de suicidio, de manera que, según los estudios de Guze y Robins, y Goodwin y Jamison, hasta un 15% de los pacientes con un trastorno depresivo mayor pueden llegar a suicidarse. Asimismo, se estima que el trastorno bipolar aumenta 15 veces el riesgo de suicidio, mientras que la distimia es un factor que multiplica el riesgo por 12 respecto a la población general.

Los expertos también saben de otros trastornos mentales que tienen una fuerte correlación con el suicidio. En sus trabajos, Harris y Barraclouh comprobaron que existe 8,5 veces más peligro de suicidio en enfermos con esquizofrenia, y entre 6 y 10 veces, en los pacientes con ansiedad.

De igual modo, el alcoholismo, y en menor medida otras drogodependencias, es también un factor que multiplica hasta por 6 el riesgo de cometer un suicidio y que actúa como precipitante de las conductas suicidas. De hecho, se estima que el abuso del alcohol es un elemento presente en, al menos, uno de cada tres suicidios.

Por tanto, una gran proporción de las personas que mueren por suicidio padecen enfermedades mentales. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) llama la atención sobre el hecho de que muchos de estos enfermos no reciben la atención psiquiátrica adecuada debido al estigma social asociado con la enfermedad mental y con la ideación y la conducta suicidas. Este estigma, que es un modo de discriminación y que está profundamente arraigado en la mayoría de las sociedades y en muchas familias por diversos prejuicios o simplemente por ignorancia, dificulta en gran medida el tratamiento que necesitarían recibir personas con enfermedades mentales y/o pensamientos o impulsos suicidas.

Sin embargo, el suicidio supone un problema de salud pública de primer orden en todos los países. Según las cifras que ofrece la OMS, el suicidio es la primera causa de muerte violenta en el mundo. Aunque cueste creerlo, el número de vidas que se pierden cada año en el mundo por suicidio supera el número de muertes por homicidios y el número causado por las guerras, sumados juntos. Por cada dos personas asesinadas, tres mueren por suicidio. Cada año se suicidan en el mundo un millón de personas, lo que equivale a un suicidio cada 40 segundos. Y, para el año 2020, las estimaciones de la OMS prevén que la cifra mundial de suicidios alcanzará el millón y medio. Además se calcula que, cada año, otros 20 millones de seres humanos intentan quitarse la vida. Esto sin contar los accidentes mortales inexplicables y los parasuicidios (conductas de riesgo al volante, autolesiones, sobredosis de drogas, no prevención en el contagio de enfermedades infecciosas…)

Estas cifras ponen de manifiesto la magnitud de este problema de salud pública mundial que demanda ya una respuesta decidida y en la que tenemos que estar involucrados todos porque a todos nos afecta.

Lo importante es saber también que en la mayoría de las ocasiones el suicidio se puede prevenir si se establecen los medios de ayuda adecuados, porque casi todas las personas con ideación suicida dan avisos evidentes de sus intenciones.

Fuente, y otras entradas interesantes sobre el tema: Cuida tu salud emocional

lunes, 26 de agosto de 2013

Alzheimer, un reto al cariño

I+want+a+hug+as+well

Todos sabemos lo difícil que es convivir con un enfermo de Alzheimer.

No siempre el cariño es suficiente para sobrellevarlo, por eso, el ejemplo de este hijo es realmente admirable.

El vídeo intercala las imágenes del padre mayor enfermo, con el padre joven jugando y cuidando del hijo de pequeño, mostrando así la involución que ejerce en la persona esta cruel enfermedad.