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miércoles, 2 de marzo de 2016

Un amor de andar por casa

Tú y yo podríamos ser cualquiera,
Pero qué suerte tenemos de ser tú y yo.
Sara Búho


Existen muchas formas de nombrar al amor, sin embargo, lo que de verdad acerca a dos personas que se quieren, son los pasos que dan hacia adelante con autenticidad, mirándose a los ojos. Un amor sencillo, despeinado y auténtico: un amor de andar por casa.

Un amor al que uno regresa cada día como quien vuelve a su hogar, donde sentirse cómodo no signifique acomodarse. Porque un amor de andar por casa te invita a ponerte las zapatillas pero también a remangarte como aquel que tiene delante de sí mismo el reto más bonito de su vida. El más grande.

Porque el amor de andar por casa requiere de paciencia, complicidad y valentía, y entiende que la mejor de las rutinas se crea a base de sonrisas, besos y empatía. No busca el amor en grandes cantidades, sino en grandes calidades, y tampoco aspira a colocar al otro en un pedestal, sino sentirse admirado a la altura de sus ojos… y de su corazón.

Un amor de andar por casa es espontáneo. Es un amor que baila en el salón aunque no tenga ni idea del sentido del ritmo, pero improvisa cada paso a su lado con la mejor de las intenciones y al compás de sus latidos. Es un amor relajado, con las sonrisas y las ilusiones  por medio y sin recoger. Un amor, a veces, perezoso, con legañas y con sus ‘5 minutitos más’ en los que cerrar los ojos a la rutina y abrirlos al placer de alargarse durante horas. Un lugar donde tomarse el café, una copa de vino y la vida a sorbos en la terraza con una buena conversación. Un espacio donde tender la ropa y los miedos al sol para que se sequen y así avanzar con la valentía de frente. Y la suerte.

Un amor de andar por casa es paciente y comprensivo: es un amor con el que pasear a lo largo del pasillo como quien sabe que camina en la dirección correcta. Un amor que conoce y respeta los ritmos, acompasándolos en cada momento del día. Y de la vida. Y que cada noche te abraza para comprobar la medida de su cielo y, sin palabras, te hace sentir que todo está bien. Y si no, encontraréis la manera.

Un amor de andar por casa es imperfecto. No necesita que todo salga bien porque, precisamente el momento en el que improvisa, es cuando crea el pasaporte perfecto hacia la aventura y los recuerdos inolvidables. No precisa de superlativos para definirse, pues para el amor de andar por casa, la felicidad nace de cuidarse la piel con caricias y sacar lo mejor del otro. Y junto al otro.

Un amor de andar por casa es real: se equivoca, falla y se enfada, y es así y solo así, cuando crea las oportunidades más preciosas en las que resurgir como un amor resiliente. Ese amor que crece y se hace más fuerte tras buscar soluciones de la mano a los tropiezos. Esa clase de amor que cuenta hasta 10 antes de ‘pisar lo fregado’ porque sabe de la profundidad de las heridas que el orgullo puede ocasionar en el corazón. Es esa clase de amor que no deja hueco para excusas, quejas y desilusiones, y que cada lugar de la casa está decorado con momentos inolvidables como recordatorio de que de ahí y sólo de ahí, quieres formar parte: un espacio para ser uno mismo y crear el mejor lugar del mundo donde ser y estar.

Un amor de andar por casa es honesto: expresa lo que necesita con asertividad, respetando la opinión del otro y busca siempre la comunicación, incluso sin palabras. Porque el amor de andar por casa sabe que existe un idioma universal detrás de la mirada en la que se deletrea con cada una de las letras la palabra e-m-p-a-t-í-a. En un amor de andar por casa caben diferencias de opiniones sin sentir que se difumina el amor por ello, donde lo único ‘subido de tono’ es exclusivamente en la cama: porque un amor de andar por casa te lo puede decir ‘más claro, pero no más alto’ que los decibelios que marcan el cariño que cabe en un tono de voz que acaricia con palabras.

Un amor de andar por casa es sincero y equilibrado: no necesita una balanza, pues este amor se sostiene sobre la generosidad del que da sin exigir nada a cambio, pero sabe encontrar el momento adecuado para pedir. No necesita reloj pero sabe parar el tiempo en un abrazo y ser puntual a todos los ‘te quiero’ y en cada uno de los ‘lo siento’.

Un amor de andar por casa es complemento (directo): construye desde la paciencia, la confianza, el amor y la admiración; pide perdón, rectifica y aprende cada día. Un amor de andar por casa disfruta de la libertad de ser uno mismo en todo momento; donde el compromiso se conjuga en primera persona como punto de partida para vivir con los brazos abiertos. Un amor de andar por casa no te salva ni te completa: te abraza los miedos con esa inconfundible mirada de: Eh, estoy a tu lado: ‘yo mataré monstruos…’ CONTIGO.

Un amor feliz, libre y… humano.
Un amor mano a mano, codo con codo, y corazón con corazón.
Siempre, con sentido del amor y del humor en cada latido.

Porque el tiempo hace y deshace.
Y la vida, mientras tanto.
Y yo, a tu lado.
Y tú, al mío.
Y juntos, con el corazón despeinado.

Tan así, tan auténtico:
como de amar por casa.

Escrito por Nekane González de Reparando Alas Rotas

viernes, 25 de septiembre de 2015

Los 4 pilares de las relaciones positivas


¿Cómo definirías una relación enriquecedora? No es difícil. Aquella en la que encuentras motivos para reír e ilusionarte cada día. La que no se basa en la desconfianza, los celos o los ultimatums de todo o nada. Una relación enriquecedora es un pacto entre dos personas donde ambas ganan y nadie pierde.

Aprender a mantener una relación estable, feliz y comprometida no exige grandes sacrificios ni tener que estudiar enormes volúmenes sobre psicología. A veces, el simple sentido común nos sirve de mucho, y ante todo, el sincero deseo de cuidar a quienes amamos. Porque querer no es ofrecer sufrimiento, hemos de dejar atrás esa famosa frase de “quien bien te quiere te hará sufrir”. En absoluto, las relaciones positivas son un tributo al respeto y la ilusión.

¿Quieres saber qué pilares las sustentan?

1. Un apego saludable
Seguro que asocias la palabra apego a la relación que los niños establecen con su familia. Son esos vínculos de amor y cariño esenciales para que una persona crezca con seguridad y confianza. A nivel de pareja es muy similar, todos necesitamos establecer un necesitado apego con la persona que amamos. Pero cuidado, no todos los apegos son saludables para construir una auténticas relaciones enriquecedoras.

Apego basado en la confianza: aquí la pareja se construye sobre el sustrato esencial de la confianza mutua. Dos personas maduras y seguras de sí mismas que no tienen por qué albergar dudas continuas sobre la otra persona. No existe el temor continuo a ser engañado, traicionado o abandonado.
Relaciones ansiosas. ¿En qué se basan? Ya lo puedes intuir, en la inquietud continua a ser heridos, a cuestionar a cada instante el amor de la otra persona. Nos obsesionamos, queremos pruebas continuas y, lo que es peor, desarrollamos deseos por controlar a la pareja.
Apego distante: Sería el polo opuesto a estas dimensiones. Indiferencia, completa despreocupación y escasa necesidad de que demostrar el cariño por la otra persona.
claves de las relaciones enriquecedoras (2)

2. Satisfacción de las necesidades básicas
Hay dimensiones esenciales que definen las relaciones enriquecedoras, tales como el ser respetados y entendidos por nuestra pareja. Recibir apoyo cuando lo necesitamos, una palabra acertada cuando caemos en la preocupación, ese abrazo que todo lo cura, esa mirada que todo lo explica.

Las personas tenemos necesidades, y a nivel de pareja es esencial percibir que algunas de ellas son plenamente satisfechas. Porque construir una pareja es definir un proyecto en común donde todos los esfuerzos valen, donde nos alzamos como un buen equipo capaz de comprenderse e ilusionarse en el día a día. Seguro que estás de acuerdo.

3. Capacidad para resolver problemas
Ahondemos un poco en esos factores indispensables que definen el que podamos solucionar un problema cualquiera, a nivel de pareja:

Capacidad de comprensión.
Empatía.
Capacidad adecuada de comunicación.
No focalizarse solo en los aspectos positivos.
Aptitud para proponer ideas y no señalar solo defectos.
Sentido del humor. Esa chispa que relativiza toda situación y que a la vez, hace las cosas más fáciles.

4. Habilidad para reparar después de romper
Puede que con el simple enunciado no lleguemos a entender el concepto. Pero para comprenderlo, pensemos durante un momento en todas esas ocasiones en que hemos hecho algo mal. En que nosotros, o nuestra pareja, ha cometido un error que nos ha hecho daño.

Las relaciones positivas admiten que puedan existir errores, fallos o descuidos. Es normal. Pero ahora bien, también esperamos que se disponga de esa capacidad indispensable para saber re-construir, re-habilitar, re-conocer el error y poner todos los medios para reparar lo sucedido.

Cometer un error es una gran oportunidad de aprendizaje y de conocimiento, de saber qué piezas son las que encienden el motor de nuestra relación para saber alimentarlo.

Sin no hay voluntad de “reparar” es que no existe auténtico compromiso, es dejar que el orgullo nos carcoma por dentro para establecer una clara distancia con la otra persona. Si de verdad quieres a alguien, pondrás todos tus medios y capacidades por “curar”, por cuidar mucho mejor ese bien tan preciado como es tu pareja.

LA MENTE ES MARAVILLOSA

jueves, 27 de noviembre de 2014

Tres reglas para la pareja


Con una buena base de pareja, lo que construyamos será sólido y si es necesario hacer modificaciones en el futuro, podremos realizarlas sin que tiemblen los cimientos de nuestra afectividad.

Pero para ello, tal y como explica la psicóloga Mila Cahue en su último libro, «Amor del bueno», es necesario tener muy claras tres pautas básicas para entender la efectividad. «Son muy obvias, pero demasiado a menudo nosotros nos encontramos en consulta con personas que las obvían. Una pasa por entender que el propio bienestar y/o felicidad dependen de uno mismo, no de segundos, ni terceros, o cuartos. Otra, que el objetivo de estar en pareja es el bienestar afectivo de los dos, no solo de la otra persona, y tercero y último, que el amor no tiene nada que ver con el sufrimiento y el dolor. Pero nada, de nada», resalta con énfasis esta especialista en parejas del centro de Psicología Álava Reyes.

Regla número 1. El propio bienestar y/o felicidad dependen de uno mismo.

Esta regla permite romper con la lacra de la dependencia emocional, según la cual, explica Cahue, solo se puede ser feliz en función de que alguien nos ame. «Uno de los "tufillos" que todavía colean del amor romántico es la idea, muy arraigada, de que uno no puede vivir sin el otro. Películas, novelas, canciones, etcétera, nos inoculan a diario esta actitud inmadura condimentada con unas gotas de masoquismo. Hoy en día todavía muchas personas lo denominan amor verdadero, cuando en realidad se trata de una conducta que se encuentra a punto de superar el límite de lo patológico o que incluso ya lo ha rebasado».

Las pautas esenciales que esta psicóloga nos ofrece para sintetizar esta regla son las siguientes:

—No dejar en manos de otra persona la decisión de lo que a uno le hace feliz.

—No cargar con la responsabilidad de tener que decidir sobre la felicidad de otro.

—Yo estoy bien. Tú estás bien. Estamos bien… y juntos.

Regla número 2. El objetivo de estar en pareja es el bienestar afectivo de ambos.

«¿Demasiado evidente verdad?», pregunta Cahue. «Podría serlo, pero hay que profundizar en ello porque otra de las señales que nos encontramos los psicólogos es que la mayoría de la gente que inicia una relación en pareja tiene el objetivo prioritario, probablemente inconsciente, de irse a vivir juntos». «A veces parece la consecuencia de una improvisación sobre la base de "primero nos vamos a vivir juntos y luego… ya veremos", que de un proyecto analizado, planificado, y consensuado entre los dos», explica. «La gente debe saber que vivir juntos no es indicativo de estabilidad emocional ni de calidad en la relación. La convivencia no necesita de urgencia, sino de intimidad psicológica y compatibilidad».

Por todo esto, antes de irnos a vivir con una pareja conviene, según esta especialista, hacer lo siguiente:

—Darse tiempo para conocerse más a fondo.

—Saber si somos compatibles en la convivencia.

—Saber qué lugar ocupan las familias de origen, los ex, los amigos, las aficiones o el trabajo en su nueva vida.

—Trazar proyectos comunes o metas consensuadas.

Cahue añade en esta segunda regla un segundo objetivo que encuentra entre las parejas que acuden a su consulta. Y es el de querer tener hijos. «¿Cuántos niños son el producto de un intento de recomponer una relación deteriorada o finiquitada entre los padres? ¿Nos tomamos el tiempo necesario para arreglar una relación afectiva antes de vernos involucrados en compartir la responsabilidad de traer a alguien a este mundo, y educarlo para que sea feliz? ¿O más bien pensamos, "como estamos juntos, ya toca tener hijos en algún momento"?», se pregunta en alto. A su juicio nos conviene más bien reflexionar sobre si la calidad afectiva no existe mediante la realización en voz alta de las siguientes cuestiones: «¿Qué contexto estamos preparando para todos los hijos? ¿el de la inevitable separación?, ¿el de la gélida convivencia?».

Estas serían las pautas esenciales para sintetizar esta regla:

—Para que exista una intimidad afectiva de calidad debe haber un espacio de bienestar en el que cada uno se encargue de su propia felicidad.

—Ambos miembros de la pareja han de saber pronunciarse experiencias felices mutuamente.

—En este contexto, los objetivos que se propongan podrán desarrollarse con las ventajas del terreno fértil en el que cualquier cosa que se plante crecerá fuerte.

Regla número 3: El amor no tiene nada que ver con el sufrimiento y el dolor.

«Esto lo tenemos que borrar de nuestro cerebro. No juguemos con fuego. No hay que confundir el dolor sano producido por la introducción de cambios saludables en nuestras vidas, con el dolor provocado por un daño inesperado, intencionado, y destructivo que es, precisamente, lo antagónico de lo que debe producir una relación amorosa», indica Cahue.

Estas son las pautas esenciales que ella aconseja para sintetizar esta regla:

—La aparición del dolor nos está indicando que es el momento de hacer cambios.

—Los cambios pueden ser de lugar, persona o pensamiento.

—No estar atentos a esta señal y continuar haciendo lo mismo de igual manera trae consigo el sufrimiento y la aparición de heridas profundas que, cuando sean atendidas, necesitarán con probabilidad una intervención profesional.

—La buena noticia es que tiene tratamiento y que se puede curar. Simplemente, hay que escucharlo.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Mitos sobre el amor

Los diez mitos del amor según Carlos Yela


  1. Mito de la media naranja, o creencia en que elegimos a la pareja que teníamos predestinada de algún modo y que ha sido la única o la mejor elección posible. Este mito tiene su origen en la Grecia Clásica y se intensifica con el Amor Cortés y el Romanticismo. Su aceptación podría llevar a un nivel de exigencia excesivamente elevado en la relación de pareja, con el consiguiente riesgo de decepción, o de una tolerancia excesiva al considerar que siendo la pareja ideal hay que permitirle más o esforzarse más (uno/a mismo/a) para que las cosas vayan bien (pudiendo llegarse a la dependencia afectiva).
  2. Mito del emparejamiento o de la pareja, creencia en que la pareja (heterosexual) es algo natural y universal y en que la monogamia amorosa está presente en todas las épocas y todas las culturas. La aceptación de esta creencia puede dar lugar a conflictos internos en aquellas personas que se desvíen de algún modo de esta creencia normativa (personas no emparejadas, que lo están con personas de su mismo sexo o con más de una persona,…).
  3. Mito de la exclusividad, o creencia en que es imposible estar enamorado/a de dos personas a la vez. La aceptación de esta creencia puede suponer conflictos internos y/o relacionales al entrar en colisión con aquellas normas sociales que imponen las relaciones monógamas.
  4. Mito de la fidelidad, o creencia en que todos los deseos pasionales, románticos y eróticos deben satisfacerse exclusivamente con una única persona, la propia pareja, si es que se la ama de verdad. Tal y como resumen Silvia Ubillos y cols. (2003), ciertas perspectivas teóricas (como la sociobiológica) sostiene que las relaciones fuera de la pareja son un universal, por lo que resultaría problemático llevar esta creencia a la práctica, mientras que no hacerlo causaría sanciones sociales, es decir, se tome la alternativa que se tome, podría aparecer el conflicto.
  5. Mito de los celos, o creencia en que los celos son un signo de amor, e incluso el requisito indispensable de un verdadero amor. Este mito fue también introducido por la Cristiandad como un garante de la exclusividad y la fidelidad, anteriormente comentadas. Suele usarse habitualmente para justificar comportamientos egoístas, injustos, represivos y, en ocasiones, violentos y aparece en algunos de los modelos explicativos multicausales como uno de los antecedentes de la violencia de género (Bosch y Ferrer, 2002).
  6. Mito de la equivalencia, o creencia en que el “amor” (sentimiento) y el “enamoramiento” (estado más o menos duradero) son equivalentes y, por tanto, si una persona deja de estar apasionadamente enamorada es que ya no ama a su pareja y lo mejor es abandonar la relación. Algunas investigaciones (Fisher, 1992, 2005; Franken, 1994; Ortiz y Gómez, 1997) sugieren que los procesos biológicos, psicológicos e interpersonales característicos de las fases de enamoramiento intenso van modificándose con el tiempo, dando lugar a procesos de otro tipo. Aceptar este mito supone, en cambio, no reconocer la diferencia entre una cuestión y otra y no reconocer esa transformación, lo que podría llevar a vivirla de modo traumático.
  7. Mito de la omnipotencia o creencia en que “el amor lo puede todo” y por tanto si hay verdadero amor los obstáculos externos o internos no deben influir sobre la pareja, y es suficiente con el amor para solucionar todos los problemas y para justificar todas las conductas. Este mito puede ser usado como una excusa para no modificar determinados comportamientos o actitudes, o llevar la negación de los conflictos de pareja, dificultando su afrontamiento.
  8. Mito del libre albedrío, o creencia en que nuestros sentimientos amorosos son absolutamente íntimos y no están influidos por factores sociobiológico-culturales ajenos a nuestra voluntad y conciencia. Este mito se expande durante el Renacimiento, el Barroco y, posteriormente, durante el Romanticismo. Aceptar este mito supone no reconocer las presiones biológicas, sociales y culturales a las que las personas estamos o podemos estar sometidas, lo cual puede generar exceso de confianza, culpabilización, etc.
  9. Mito del matrimonio o de la convivencia, creencia en que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja y constituirse en la única base de la convivencia de la pareja. En relación a sus orígenes, a finales del s. XIX se inicia una corriente (que se consolida en el s. XX) que vincula por primera vez en la historia los conceptos de amor romántico, matrimonio y sexualidad y a partir de la cual el amor romántico se hace normativo, el matrimonio deja de ser concertado y pasa a ser por amor y se considera que, además, del amor romántico, también la satisfacción sexual deben darse en el matrimonio. Esto supone pues una contraposición a lo que había ocurrido en épocas anteriores (por ejemplo, en el Amor Cortés que surge como opuesto al matrimonio).
  10. Mito de la pasión eterna o de la perdurabilidad, esto es, creencia en que el amor romántico y pasional de los primeros meses de una relación puede y debe perdurar tras años de convivencia. Este mito surge también muy ligado a la corriente comentada anteriormente que vincula amor romántico y matrimonio. Sin embargo, los estudios sobre el tema (algunos de ellos mencionados anteriormente) coinciden en señalar que la pasión amorosa tiene “fecha de caducidad” con lo que esta creencia puede tener consecuencias negativas sobre la estabilidad emocional de la persona y de la pareja.

lunes, 26 de agosto de 2013

Alzheimer, un reto al cariño

I+want+a+hug+as+well

Todos sabemos lo difícil que es convivir con un enfermo de Alzheimer.

No siempre el cariño es suficiente para sobrellevarlo, por eso, el ejemplo de este hijo es realmente admirable.

El vídeo intercala las imágenes del padre mayor enfermo, con el padre joven jugando y cuidando del hijo de pequeño, mostrando así la involución que ejerce en la persona esta cruel enfermedad.



jueves, 11 de julio de 2013

Empezar de cero

 Pain

Una canción de Dani Martín sobre el deseo de superar una relación



Todo lo que vimos se nos fue
Soñé que siempre iría al lado
Eso que inventamos ya no es
Ahora solo existe el pasado

Y me toca entender
Qué hacer con tus abrazos
Ahora toca aprender
Cómo dejar de querer
Saber borrarlo bien
Que igual que vino fue
Que hoy es CERO

Quiero
Que todo vuelva a empezar
Que todo vuelva a girar
Que todo venga de cero
De cero...

Y quiero que todo vuelva a sonar
Que todo vuelva a brillar
Que todo venga de cero
De cero...

Eso, desaparece y no lo ves
Ese regalo que la vida pone al lado
Dura lo que dura y ya se fue
Ni tú ni yo lo hemos cuidado

Y ahora toca entender
Qué hacer con tanto daño
Y ahora toca aprender
Cómo dejar de querer
Saber borrarlo bien
Que igual que vino fue
Y es tan feo

Quiero
Que todo vuelva a empezar
Que todo vuelva a girar
Que todo venga de cero
De cero...

Y quiero que todo vuelva a sonar
Que todo vuelva a brillar
Que todo venga de cero
De cero...

Y siento que todo lo malo es pensar
Que todo lo que viene va
Que todo se va consumiendo
Y el silencio manda hoy más

Quiero
Que todo vuelva a empezar
Que todo vuelva a girar
Que todo venga de cero
De cero...

Y quiero... que todo vuelva a sonar
Y quiero... que todo venga de cero, de cero
Y quiero... que todo vuelva a empezar
Y quiero... que todo venga de cero de cero

viernes, 14 de junio de 2013

jueves, 20 de diciembre de 2012

El amor como forma de vida



 

Recomendamos escuchar esta conferencia que habla acerca del amor como terapia y como forma de vida. Su autor es psiquiatra.

Se pueden oír en el móvil mientras te duchas, cocinas o viajas.

Habla sobre la importancia del apego y el amor en la vida. Explica cómo y por qué los primeros años de vida fundamentan el tipo de apego que tienes el resto de tu vida. Lo justifica con la exposición de varios experimentos.

Hay dos tipos de apego: seguro/inseguro (hacia el minuto 30). El seguro se comprueba cuando, si, después de un tiempo separado de la madre, cuando ella vuelve, el niño corre a su encuentro o se alegra de verla; el apego inseguro, se comprueba cuando el niño, después de separarse de la madre, parece indiferente en el reencuentro.
 
El apego inseguro se manifiesta en la vida sobre todo en la relación de pareja de tres maneras: evasión (se evita el contacto), resistencia (se busca el contacto incluso obsesivamente), patologías (las menos).
 
Pero también esto se puede arreglar, puedes hacer cosas para conseguir ese afecto, además de mediante la terapia, mediante la autocompasión. Darnos amor a nosotros mismos aumenta las oxitocina: sonreír, abrazarnos, ponernos la mano en el corazón, y tres pasos muy sencillos:

Repetimos:
 
  1. "Esto duele" (aceptación)
  2. "Todo el mundo sufre" (solidaridad)
  3. "Que yo esté libre de sufrimiento" (autocompasión)

lunes, 3 de diciembre de 2012

20 de noviembre, Día de la Infancia

 Anticipation

DEFINICIÓN DE HIJO

Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo... EL MAS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos. 

miércoles, 18 de abril de 2012

Nunca te dije

No esperemos para decir lo que sentimos, porque, algún día, puede que ya sea demasiado tarde.

Two+equestrian+riders%2C+girls+on+horseback%2C+in+low+tide+reflections+on+serene+Morro+Strand+State+Beach

Nunca te dije que el doctor nos dio las peores noticias y ninguna esperanza, y que a
partir de aquella tarde todo fue una larga despedida. Nunca te dije cómo desde aquel
instante te empecé a echar de menos y a notar cómo mi vida menguaba y se quedaba
incompleta para siempre. Nunca te dije lo feliz que me habías enseñado a ser: al
principio porque pensaba que ya tendría tiempo para decírtelo, y luego porque temía
que notaras que algo raro sucedía si de repente y sin más te lo decía. Nunca te dije
cómo todo mi ser empezó y terminó en ti desde el día en que te conocí.

Nunca te dije que te estabas marchando porque te horrorizaba resultar una carga y
todavía más un estorbo, nunca te dije que algo de mí moría mientras tú morías, y
aunque en cada frase y en cada gesto de aquellos últimos días intenté decirte que te
quería, soy plenamente consciente de que, exactamente, nunca te lo dije.

Nunca te dije que de ti aprendí mucho más de lo que pudiera enseñarte, nunca te dije
cómo presumía de ti con mis amigos, ni cómo ellos me envidiaban y me repetían lo
afortunado que había sido encontrándote. Nunca te dije que en muchas cenas y
reuniones en que no me acompañabas pensaba casi todo el rato en ti y sin que nadie lo
notara me ponía a escribir sobre algo que habías dicho o hecho, acariciándote con
cada palabra, aunque luego no lo utilizara para ningún artículo.

Nunca te dije que te solía hacer rabiar porque me divertía verte exaltada, tan luminosa
y tan radiante, y nunca te dije que muchas noches me despertaba, te miraba mientras
dormías y eras La Belleza hecha carne, echada y dormida. Nunca te dije que siempre
tuviste razón aunque me costara dártela y reconocer que fueras tan perfecta. Nunca te
dije que siempre me hiciste sentir el hombre más afortunado del mundo, que nunca
dejaste de sorprenderme ni de gustarme más cada día y que aprovechaba todos tus
consejos aunque me riera de ellos y en ocasiones de ti. Nunca te dije que muchas veces
pensé en marcharme contigo.

Nunca te dije adiós porque no quería asustarte ni provocarte tétricas visiones de la
muerte, pero también porque nunca fui lo suficientemente valiente para asumir que te
perdía. Nunca te dije que me moría de miedo de quedarme sin ti. No sé si te protegí de
algo no diciéndote nada, o me protegiste tú a mí siguiéndome el juego porque en
realidad lo sabías todo y no querías asustarme ni que me desmoronara. A fin de
cuentas nunca supe disimularte nada.

Sólo sé que daría lo que fuera por tener una última escena contigo y poderte decir
cuánto te quise y te quiero; y que están locos como yo lo estuve los que se aman mucho
y, ellos que pueden, no se lo dicen.

Salvador Sostres

sábado, 14 de abril de 2012

El secreto de la felicidad

Enviado por Jaime

El II Congreso Internacional de la Felicidad organizado por Coca-Cola esta semana ha reunido a diversos expertos que han abordado el tema desde diversos puntos de vista: sanitario, informativo, antropológico... Desde el ámbito religioso, un monje budista y una monja contemplativa han revelado su particular receta para ser feliz.

 

Matthieu Ricard, monje budista



Dicen que es "el hombre más feliz del mundo" aunque no tiene posesiones valiosas. Matthieu Ricard, monje budista de origen francés, cedió su cabeza de maestro de meditación a los científicos y lo que vieron dentro ha servido para confirmar que esta práctica milenaria, en Oriente, favorece tanto el bienestar mental pleno como el físico.

En Madrid, ha sido uno de los ponentes del Congreso de la Felicidad organizado por Coca-Cola, donde ha hablado de cómo conseguir esa paz interior que refleja la serenidad de su mirada. "Veinte minutos de meditación diaria producen la transformación interior", asegura a ELMUNDO.es.

Ricard, que estudió genética molecular antes de irse al Himalaya, declara que quiso ser objeto de estudio para que se probara si realmente la meditación podía ayudar, como él lo sentía, por el interés del Dalai Lama en que los investigadores descubrieran sus ventajas.

Durante su conferencia, explicó cómo, con escáneres y resonancias magnéticas, se descubrió que meditar mejora la concentración y la percepción, disminuye el dolor o fomenta el aprendizaje. Incluso protege de infecciones porque refuerza el sistema inmune.

"En los últimos 12 años hemos probado que funciona. Muchas publicaciones científicas lo aseguran y eso puede ser útil para introducirlo en la educación desde los niños", afirma.

Pero meditar requiere esfuerzo, no es fácil. Y por ello recomienda entrenar el cerebro, sobre todo con el amor altruista hacia los demás.

Ricard ve que hay similitudes entre todas las religiones. "Todas las mayoritarias comparten amor altruista, compasión, sensación de estar satisfecho, autodisciplina... Y deberíamos usar los puntos en común, en lugar de la bandera propia para dividir a la gente, porque entonces vienen los efectos negativos de la religión, que degeneran en violencia".

Además, reniega de quienes quieren ser felices en siete días con un tratado de felicidad. Sabe que es "un proceso largo, en el que no valen las satisfacciones inmediatas placenteras".

Y puso un ejemplo: "Si escuchas a Bach una vez, o dos, es un placer, si esto te gusta. Si lo escuchas mil veces, es una tortura".

Por ello dice que no se puede perseguir la felicidad a través del individualismo. "No somos entes aislados, no podemos olvidarlo".

 

Sor Lucía Caram, dominica contemplativa



Teóloga y Dominica contemplativa del Convento Santa Clara de Manresa, bloguera, y promotora de numerosos proyectos sociales para personas sin recursos, sor Lucía Caram es, ante todo y sobre todo, una mujer feliz.

Pero el camino hasta este estado de plenitud no ha estado exento de dificultades. Los primeros pasos en esa búsqueda comenzaron en su Argentina natal. Pensó que las monjas debían ser felices ayudando a los demás y decidió unirse a ellas. "Me sobraban estructuras y normas y llevaba fatal lo de rezar tantísimo, pero disfrutaba los paseos y la vida en comunidad".

Pero con el tiempo aquella existencia se le antojó insuficiente y siguió buscando una dirección hacia la que guiar sus pasos. "Hicieron falta cinco años de clausura y de silencio, de sufrimiento y soledad, pero no estaba dispuesta a claudicar de mi misión de mujer feliz", afirma.

En 2002, las imágenes de los niños tucumanos hambrientos tras el estallido de la crisis en Argentina sacudieron su conciencia y tuvo claro el camino a seguir. Volvió a su país y denunció la "ambición de una clase corrupta que se cebaba con los pobres. Declaré la guerra a lo que consideraba una ignominia. Me convertí en una monja cojonera y trataron de silenciarme", dice.

Volvió a España y encontró en el torno de su convento del siglo XIII "un mundo de oportunidades". Corría 2008 y hasta el monasterio empezaban a llegar las primeras víctimas de las crisis económica. Gente sin trabajo que necesitaba ayuda para comer. Así nació la Fundación Oriol, un proyecto con más de 3.000 beneficiarios, gestionado por voluntarios.

La "hiperactividad social" de esta atípica hermana, que duerme apenas cinco horas, le ha generado muchas críticas, dentro y fuera de la Iglesia. "Me consideran una religiosa de izquierdas y no hay más que entrar en Internet para ver los comentarios sobre mí. Pero mi alegría va a más y eso fastidia mucho".

¿Cuál es su receta de la felicidad? "Compartir. El secreto está en amar la vida y en compartirla cada día, en vivir sin retener. ¿Qué papel juegan los otros de lo que les corresponde. Los políticos han sido elegidos para servir y, si no sirven, no sirven para nada", responde.

¿Cualquiera puede ser feliz? "Cualquiera que ame y se sienta amado", precisa. ¿Incluso en tiempos de crisis? "La crisis es una oportunidad para valorar lo que queremos. No podemos seguir ignorando lo que le pasa al de al lado y destrozando el planeta. De esta crisis vamos a salir más humanos".

martes, 27 de diciembre de 2011

Dulce compañía (apego XI)

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Una nueva reflexión sobre el apego con esta canción de Julieta Venegas.

Está bien sentir felicidad con el ser amado, pero, que la felicidad no provenga sólo de esta persona: que el silencio, la calma, la paz... la llevemos siempre con nosotros. No esperemos a que nos la regale otro, por mucho amor que haya.

Una flor también puede ser hermosa por sí misma.




Hoy solo quiero silencio
no quiero nada cambiar,
quiero quedarme tranquila
y saborear esta paz.

Tengo un momento de calma
siento el peso ceder
de esta vida enredada
la decisión y el porqué.

Nada que venga de afuera
me puede hacer mas feliz,
como sentir tu mirada
tranquila sobre mí.

Eres dulce compañía, y mi alma tiene sed,
me siento resucitada cuando tú me ves,
eres dulce compañía y mi alma tiene sed,
me siento resucitada cuando tú me ves.

Quiero quedarme sentada,
ver tu silueta volver,
quiero enredarme en tus manos y sentir tu piel.
No puedo explicarlo
cómo es que pudiste entrar;
mi corazón cansado, no quería ya dar más.

Nada que venga de afuera
me puede hacer mas feliz,
solo sentir tu mirada
tranquila sobre mí.

Me siento florecer

Eres dulce compañía, y mi alma tiene sed,
me siento resucitada cuando tú me ves,
eres dulce compañia y mi alma tiene sed,
me siento resucitada cuando tú me ves.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Árbol especial de Navidad

Enviado por Teo
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Son tiempos de fiesta, de familia, de reuniones... pero también de nostalgia, de melancolía, de frustración. Hay unos que llegan, y otros que se van. La cuestión es aceptar lo que tengamos y disfrutar de lo bueno que tenemos aunque no cumpla nuestras expectativas.

Feliz Navidad a todos de parte del Teléfono de la Esperanza de Cantabria

Como siempre, se aconseja ver la presentación, mientras se oye la música.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Que nadie te haga más llorar (Apego X)

Dedicado a alguien que está sufriendo,
para que vuelvan sus ganas de volar

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Empezaron los problemas,
se enganchó a la pena,
se aferró a la soledad.
Ya no mira las estrellas,
mira sus ojeras,
cansada de pelear.

Olvidándose de todo,
busca algún modo
de encontrar su libertad.
El cerrojo que le aprieta
le pone cadenas
y nunca descansa en paz.
Y tu dignidad se ha quedado esperando a que vuelvas.

Que nadie calle tu verdad,
que nadie te ahogue el corazón,
que nadie te haga más llorar,
hundiéndote en silencio.
Que nadie te obligue a morir
cortando tu alas al volar.
Que vuelvan tus ganas de vivir.

En el túnel del espanto,
todo se hace largo,
¿cuándo se iluminará?
Amarrado a su destino,
va sin ser testigo
de tu lento caminar.

Tienen hambre sus latidos,
pero son sumisos
y suenan a su compás.
La alegría traicionera
le cierra la puerta
o se sienta en su sofá.
Y tu dignidad se ha quedado esperando a que vuelva.

Que nadie calle tu verdad,
que nadie te ahogue el corazón,
que nadie te haga más llorar,
hundiéndote en silencio.
Que nadie te obligue a morir
cortando tu alas al volar.
Que vuelvan tus ganas de vivir.

Que nadie calle tu verdad,
que nadie te ahogue el corazón,
que nadie te haga más llorar,
hundiéndote en silencio.
Que nadie te obligue a morir
cortando tu alas al volar.
Que vuelvan tus ganas de vivir.

viernes, 30 de septiembre de 2011

¡Que ya no! (Apego IX)


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¡Que ya no!

Que a ti no te gusto.
Que tú no me aceptas.
Que quieres que cambie.
Que te doy vergüenza.
¿Qué quieres que haga,
si por más que cambie
nunca estás contenta?
Que ya no me importa
qué diga la gente.
Que voy a buscar quien quiera quererme.
Quien quiera de mí
lo que he sido siempre.
 
Buscaré otra gente
con la que quererme.
Que no me destruyan.
Que no me avergüencen.
Que me dejen ser
lo que he sido siempre.
Que no pararé.
Que quiero tenerme.
Que no quiero ser
lo que es otra gente.
Que no me acobarden.
Que no me avergüencen.