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lunes, 25 de julio de 2016

La técnica del artificiero: desmantela una crítica en cinco sencillos pasos


A menudo la oficina es como un campo de batalla, cuando menos te lo esperas empiezan a caer los chuzos y en mitad de una reunión muy importante, delante de todos los peces gordos, el típico  graciosillo que se estaba aburriendo te espeta un: “Tu idea no vale porque nos llevaría demasiado tiempo y bla, bla, bla…”.

¡¡Maldita sea¡¡ Te acaba de colocar una bomba delante de las narices. En la mente de todos acaba de colocar ese: “Tu idea no vale…” y como no lo desmanteles a tiempo, tu proyecto más importante, ése en el que llevas tanto tiempo trabajando, puede volar por los aires en un santiamén.

¿Qué puedes hacer? Reacciona rápidamente y aplica la técnica del artificiero. Desactiva las críticas destructivas en cinco sencillos pasos:

Un buen artificiero siempre mantiene la calma. Escucha en silencio y no le interrumpas. Cuenta hasta tres antes de responder para asegurarte de que ha dicho todo lo que tenía que decir. Si interrumpes demuestras inseguridad. Sin embargo si te mantienes en silencio escuchando con respeto, mantienes el control, demuestras seguridad y eso dará solidez a tu intervención.

Estudia la bomba antes de meterle mano.  Reformula lo que ha dicho y haz preguntas para entender qué le preocupa realmente. Es la manera de tomar el liderazgo de la situación y recuperar el control mientras te vas haciendo con toda la información necesaria para avanzar. Al hacerlo muestras interés, lo que genera empatía en tu interlocutor y también logras que sea éste quien de momento tenga que dar explicaciones, no tú.

Asegúrate de identificar los cables realmente importantes de la bomba. Resume ahora su preocupación en forma de una pregunta: “Entonces, resumiendo, ¿Lo que te preocupa es el tiempo?”. Ahora pueden pasar dos cosas. Si te dice que no, es que no le hemos entendido, nos hemos equivocado de cable. Y eso es bueno porque nos dirá lo que realmente le preocupa, nos mostrará el cable a cortar: “No…no…en realidad lo que me preocupa es….”.
Si por el contrario nos dice que sí, acabas de lograr todavía muchas más cosas: sabes el cable que hay que cortar, pero además se ha sentido entendido y te ha soltado el primer sí: eso es mucho más importante de lo que crees: ya empiezas a tener al “enemigo” de tu lado.

Ahora sí: ¡¡corta el cable¡¡. Convierte su crítica destructiva en una pregunta constructiva que contenga un “…cómo podemos hacerlo…” : “Entonces, ¿Lo que te gustaría saber es cómo podemos hacerlo en menos tiempo?” ¡¡Le has pillado¡¡ tu proyecto vuelve a estar vivo porque ahora la atención de todos ya no está en “Tu proyecto no vale”, sino que está en “cómo podemos hacerlo en menos tiempo”.

Convierte al enemigo en amigo. Lánzale un “Entonces, si pudiéramos hacerlo en menos tiempo ¿Tú estarías de acuerdo?”. Si antes te dijo que sí, ahora también está obligado a decirte que sí. Le acabas de obligar a apoyarte, ya no habrá más bombas.

Ahora si quieres, es el momento de dar tus argumentos acerca de “…cómo hacerlo en menos tiempo…”, o sencillamente puedes decir que lo estudiarás y la próxima reunión explicarás cómo hacerlo. Y directamente continuar vivito y coleando explicando tu idea en el punto en el que la habías dejado. Misión cumplida.

EL MUNDO

lunes, 11 de julio de 2016

20 cosas por las que no tendrías que dar explicaciones



Cuando nos encontramos ante un conflicto o un posible conflicto, tenemos tres formas de abordarlo: de manera agresiva, de manera pasiva y de manera asertiva.

De manera agresiva

Defendiendo su postura de manera hostil, incluso usando la violencia, sin tener en cuenta los derechos de los demás y, generalmente, no haciéndose responsable de las consecuencias que puede generar.

De manera pasiva

Evitando el enfrentamiento dando más importancia a los derechos ajenos que a los de uno mismo, en un intento de obtener aprobación por parte de los demás, callándose lo que siente y piensa.

De manera asertiva

Conociéndose uno mismo, con sus limitaciones y sus virtudes, gestionando sus emociones y las de su alrededor y sabiendo expresar lo que quiere y piensa teniendo en cuenta a los demás.

¿Con cuál te quedas? Normalmente se poseen las tres, aunque salen en determinados contextos. Lo ideal es ser siempre asertivo, aunque cuesta mucho cambiar dependiendo de las creencias limitantes con las que hemos crecido o experiencias que apoyan tu forma de afrontar la situación (por ejemplo, si siempre has reaccionado de manera pasiva pero aquella vez que reaccionaste agresivamente conseguiste lo que quisiste).

He aquí 20 cosas por las que no deberías dar explicaciones, o también llamados derechos asertivos.

DERECHOS ASERTIVOS

  • Tienes derecho a sentir y expresar tus propios pensamientos y sentimientos.
  • Tienes derecho a decidir qué hacer con tu tiempo, tu cuerpo y tus posesiones mientras no violen los derechos de otras personas.
  • Tienes derecho a hacer menos de lo que puedes hacer.
  • Tienes derecho a tener tu propia opinión y perspectiva
  • Tienes derecho a aislarte y descansar.
  • Tienes derecho a cambiar tus emociones, tus pensamientos y tu forma de actuar.
  • Tienes derecho a superarte, aun superando a los demás.
  • Tienes derecho a tener tus propios objetivos y luchar por ellos.
  • Tienes derecho a no dar explicaciones.
  • Tienes derecho a elegir responsabilizarte o no, de otros y de sus problemas.
  • Tienes derecho a juzgar tus necesidades, establecer tus prioridades y tomar tus propias decisiones.
  • Tienes derecho a ser escuchado y tratado con respeto y dignidad.
  • Tienes derecho a disfrutar y ser feliz.
  • Tienes derecho a cometer errores y a ser imperfecto.
  • Tienes derecho a tener éxito.
  • Tienes derecho a decir NO sin sentirte culpable.
  • Tienes derecho a pedir algo, aun sabiendo que también la otra persona tiene derecho a decir NO.
  • Tienes derecho a no saber y preguntar lo que deseas saber.
  • Tienes derecho a ser independiente.
  •  Tienes derecho a realizar cualquier cosa (ajena a la lógica o a la razón), siempre y cuando no vulneres los derechos de los que te rodean.


Pero sobre todo, tienes derecho a no ser asertivo. Que nadie te pise tus derechos. Defiéndelos, ahora ya los sabes.

Si piensas que no tienes derecho a alguna de las cosas anteriores, pregúntate… ¿Qué te hace pensar que no lo mereces?

BE FULLNESS

lunes, 13 de junio de 2016

8 Alternativas a gritar que funcionan de verdad


Conseguir que nuestros hijos pequeños nos escuchen y obedezcan puede ser un reto en ciertos momentos. Aunque estemos frente a un niño obediente siempre habrá momentos en los que su cansancio, el contexto de juego con sus hermanos u otra cosa que le llame más su atención que tu propia voz haga que simplemente no te escuche. En algunas ocasiones puede ser divertido unirse al juego, o dejar al niño que se quede en su mundo, pero en otras necesitaremos que nuestro hijo nos atienda.  Cuando esto no ocurre de manera natural, el primer instinto será gritar.

Todos los padres gritan en alguna ocasión. El grito aparece de manera natural cuando nos sentimos frustrados porque nuestros hijos no nos escuchan. Si estamos cansados o malhumorados es más fácil que acabemos soltando un grito. Sin embargo, a la mayoría de niños no les gusta que sus padres griten y la mayoría de padres no les gusta que sus hijos solo les escuchen cuando gritan. A continuación puedes encontrar 8 estrategias eficaces para reducir al máximo los gritos en tu casa.

1.Pon normas claras

La primera regla de oro para evitar los gritos es tener una serie de normas claras que faciliten la convivencia. Unas normas claras a la mesa, unas reglas que delimiten los tiempos de televisión, juego y ayuda en casa, permitirán que los niños estén centrados en lo que tienen que estar y que tengan los oídos despejados y la mente preparada para escuchar y hacer lo que le pedimos.

2.Establece el protocolo de emergencia

Acuerda un protocolo de emergencia con tus hijos. Después de un día en el que les grité a mis hijos (2, 3 y 5 años de edad) a la hora de la cena porque no me estaban obedeciendo, ellos me regañaron y me dijeron lo mal que se sentían cuando me enfadaba tanto. Yo reconocí mi fallo y les pedí que me dieran una alternativa. Ellos estuvieron de acuerdo que mi labor de padre era difícil si mi única alternativa era el grito, así que acordamos tener una especie de “protocolo de emergencia”. Acordamos entre todos que, antes de gritar, les avisaría. La señal para acordamos para avisarles de que estaba a punto de estallar sería contar hasta tres, avisando de antemano que estaba a punto de gritar. En cuanto veo que mis ánimos se están cargando, les digo, “Estoy a punto de enfadarme de verdad, voy a contar hasta tres y os quiero a todos sentados a la mesa…”. Con esta señal su cerebro sabe inmediatamente que están sobrepasando el límite de mi paciencia (que si, como la de todos, tiene un límite) y enseguida obedecen. Ellos tienen una señal de aviso que les sirve para reaccionar y a todos nos parece un trato justo. Si no lo has hecho, no lo dudes; acuerda con tus hijos un “protocolo de emergencia” y ahorraréis gritos y disgustos.

3.Actúa como si fuera sordo

Para llamar la atención de una persona sorda no le puedes gritar (ni tampoco hablar), porque simplemente no te puede escuchar. Con un hijo que está absorto mirando algo o enloquecido jugando con sus hermanos puede pasar lo mismo. El colectivo de personas sordas utiliza otras estrategias para llamar la atención de sus compañeros sordos. La que más utilizo en casa es tocar el hombro de mis hijos para llamar su atención. El contacto físico hace que podamos llegar al cerebro del niño por una vía poco habitual lo que provocará su sorpresa y aumentará la probabilidad de que nos preste atención.

4.¿Has probado a pedirlo por favor?

La palabra mágica, no solo funciona con los adultos. Los niños también prestan más atención cuando les pedimos las cosas por favor. Desde los dos años de edad los niños desarrollan su instinto altruista y son más proclives a actuar de una determinada manera cuando perciben que están ayudando a otra persona. Pedir al niño que, por favor, nos escuche o nos ayude, aumentará las probabilidades de que el niño preste la atención.

5.Díselo al oído

Esta es una estrategia que me funciona especialmente bien. Cuando  decimos algo al oído normalmente ponemos la mano alrededor de la oreja, permitiendo el contacto físico. Ese contacto físico hará que su cerebro segregue oxitocina (la hormona del vínculo y la unión) facilitando que el niño te preste más atención. Así mismo, cuando susurramos, su atención auditiva tiene que esforzarse por escuchar tu mensaje con lo que conseguiremos que (1) se concentre (2) se calme (3) entienda el mensaje que le queremos transmitir. Si al terminar el mensaje secreto lo acompañamos con un “Venga, obedece, gamberrote” el éxito está casi asegurado. Es una técnica que realmente funciona muy bien. Al fin y al cabo ¿a qué niño no le entusiasma conocer un secreto?

6.Ponte al nivel de sus ojos

Uno de los mayores errores de los padres que quieren que sus hijos les hagan caso es hablarles en la región periférica del campo visual. En esta región periférica los estímulos son percibidos por el cerebro como irrelevantes. Si les hablas a tus hijos de pie (mientras ellos están sentados en el suelo) o desde su espalda (mientras juegan a la consola) la probabilidad de que te hagan caso es muy pequeña. En esa disposición tú y tus intenciones resultáis irrelevantes. No es de extrañar que el padre o madre que se siente ignorado se frustre y acabe gritando, pero esto se podría evitar simplemente agachándote y poniéndote al nivel de sus ojos. Si sus ojos miran a tus ojos es muy probable que su cerebro también escuche tus palabras.

7.Sácale del contexto

Cuando el niño está absorto en un juego o saltando sobre la cama con sus hermanos es difícil que te pueda atender. En estos casos sólo suele haber dos alternativas para conseguir que el niño preste atención a tus palabras. Una, es gritarle. La otra es sacarle del contexto que le tiene absorto. Si está jugando a la consola (cosa poco recomendable a estas edades), dile que la pare un momento, y si está en el cuarto de juegos o saltando sobre la cama, quizás te puedas tumbar en ella y, cuando salte sobre ti (que lo hará) puedes atraparlo y llevaros al cuarto de al lado. Si le sacas del contexto que le tiene absorto la probabilidad de que pueda escuchar lo que le dices aumentará.

8. ¡Grita! pero grita sin ira…

Gritar no tiene por qué ser necesariamente malo. Lo malo suele ser la ira que acompaña al grito. Para sortear esa ira prueba este pequeño truco. Justo antes de que estés a punto de perder la paciencia, pega un grito gamberro. Grita a tus hijos que te hagan caso y lánzate a por ellos con una guerra de cosquillas, achuchones o pellizcos. Puede que la calma no llegue inmediatamente a tu hogar, pero descargarás la energía negativa y, cuando acabe la pelea, ellos estarán más dispuestos a obedecer. Así que si lo necesitas, ¡Girta!…pero grita para jugar.

Prueba estas estrategias.  Comienza con  la 1 y la 2 y vete combinándolas con las demás. Verás como te resulta mucho más fácil conseguir que tus hijos  te escuchen sin necesidad de gritar. Os ahorraréis muchos disgustos y vuestra relación  no se resentirá. 

lunes, 6 de junio de 2016

No es lo que dices, sino cómo lo dices


En “El principito” se dice que “el lenguaje es fuente de mal entendimiento”. La frase es muy sabia, si tomamos en cuenta que no es nada fácil convertir nuestros pensamientos en palabras y expresarlas de tal modo que nuestro interlocutor las comprenda completamente. Lo que dices no tiene que ser entendido según como tú creas.

De hecho, nuestros mensajes nunca son comprendidos en un 100%. Si alguien dice, por ejemplo, “estoy enamorado”, se refiere a una realidad que difícilmente va a ser entendida por el otro totalmente. 

“Estoy enamorado” puede ser sinónimo de estar ilusionado, haber logrado un vínculo muy estrecho con la pareja, o sentirse simplemente muy atraído por otra persona. Tendríamos que conocer mucho a alguien para saber qué dice cuando dice “estoy enamorado”.

                                  Sea como fuere lo que pienses, creo que es mejor decirlo con buenas palabras.
-William Shakespeare-

Así mismo, las palabras no son la única fuente de comunicación, pues son acompañadas por las actitudes, los gestos, las posturas. Se puede decir algo con la lengua y otra cosa totalmente opuesta con el tono, la mirada o la actitud en general. De ahí que aprender a comunicarnos sea un verdadero arte.

Lo que dices…

El mayor desafío de la comunicación se produce cuando hablamos de nuestro mundo interior. Especialmente de nuestros sentimientos, emociones o percepciones. Además de que no es fácil poner todo eso en palabras, resulta imposible desligarnos de los sentimientos, emociones y percepciones que podemos generar al decir algo. Para comunicar algo, siempre tomamos en cuenta la reacción que desatamos en quien nos escucha.

No nos comunicamos solamente para transmitir una información, sino que principalmente buscamos incidir de alguna manera en nuestros interlocutores. Queremos que nos crean, que nos admiren, que nos validen, que nos comprendan.

Pero a veces también buscamos que nos teman, nos obedezcan, nos permitan imponernos o que se sientan lastimados, heridos. A veces somos conscientes de esto y a veces no. Por extraño que parezca, en ocasiones nuestro propósito al comunicarnos es crear confusiones. No que nos entiendan, sino que dejen de entendernos.


¿Qué hay detrás de lo que dices?

Es precisamente la intención lo que define la esencia de cada mensaje. Se puede halagar a alguien para reconocer sus virtudes, pero también para adular a esa persona y hacerla más vulnerable a algún tipo de manipulación que queremos poner en marcha.

Esa intención, sin embargo, muchas veces no es clara ni siquiera para nosotros mismos. Pensamos que nuestro objetivo es “sacar a otro de su error”, pero no hemos considerado la posibilidad de que sea el otro quien tenga la razón.

Creemos que el propósito es desnudar nuestros sentimientos, pero ignoramos el hecho de que muy en el fondo lo que en realidad estamos buscando es compasión o reafirmación. Y si no las obtenernos, aseguramos que no comprendieron ni una letra de lo que dijimos.

Más allá de las palabras que dices

La comunicación humana es un proceso complejo, que siempre tiene algún grado de equívoco. No depende solamente de las palabras que empleamos para decir las cosas (aunque estas son muy importantes), sino de un sinnúmero de circunstancias.

Hay que tomar en cuenta el momento, el lugar, el interlocutor. Pero principalmente tiene que haber un gran esfuerzo para asegurarnos, hasta donde sea posible, de que decimos realmente lo que queremos decir. Los seres humanos estamos comunicando todo el tiempo. Con la expresión de nuestro rostro, la forma en que nos vestimos, en que caminamos, nuestra mirada y un largo etcétera.

De este modo, buena parte de nuestros mensajes se libran en el plano del inconsciente. Cuando decimos que alguien nos “da mala espina”, es porque nos ha comunicado con sus gestos y actitudes que aparentemente no es confiable. Igual al contrario. Eso que comunicamos en todo momento de nosotros mismos genera el precedente para vínculos constructivos, destructivos o neutrales.

Comunicarnos desde el afecto

Los vínculos cotidianos, con el señor que nos vende la leche por ejemplo, estarán impregnados de sensaciones y emociones a las que probablemente no les demos mucha importancia. Pero cuando se trata de los grandes vínculos en nuestra vida, el tema de la comunicación se vuelve relevante.

Los vínculos estrechos están llenos de elementos comunicativos. Las palabras, los silencios, las miradas, todo en realidad tiene algún significado.

Es entonces cuando resulta más importante que nunca generar mecanismos para que los mensajes fluyan de una manera sana. Para lograrlo es importante erradicar ciertas fórmulas de comunicación y alimentar otras.

Básicamente es necesario aprender a comunicarnos desde el afecto. Aludir a lo que sentimos, de la manera más clara posible y evitar la desastrosa costumbre de referirnos a lo que siente el otro. ¿Cómo es que tú sabes que siente otra persona, si, seguramente, no conoces del todo lo que sientes tú mismo?

La comunicación agresiva siempre deja huellas profundas. Los únicos acompañantes de la ira deben ser el silencio y la pausa. Si no es así, es muy probable que deformemos lo que realmente queríamos decir.

La buena comunicación exige serenidad y pertinencia. Buscar el momento, el lugar y el estado de ánimo adecuado para tratar temas difíciles. Dejar fluir espontáneamente nuestros afectos cuando estamos tranquilos y abiertos a los demás.

En realidad, lo que entorpece la comunicación no es lo que dices, sino la forma como lo dices. Y lo que enriquece un vínculo importante es tener la delicadeza de escoger las mejores formas para decirnos y decirles a otros lo que sentimos y pensamos.

jueves, 18 de febrero de 2016

Deja de pedir perdón, mejor, di "gracias"


Muchas veces nos disculpamos creyendo que la gente apreciará nuestros buenos modales y buena educación. Sin embargo, en la mayoría de los casos tu interlocutor prefiere que le agradezcas en lugar de que le pidas disculpas.

El ilustrador Yao Xiao mostró por qué a veces es mejor decir «gracias» que «perdón».



jueves, 5 de noviembre de 2015

Los 9 peores errores a la hora de solucionar un conflicto


Una buena comunicación puede mejorar la relaciones y ayudar a aumentar la intimidad y la confianza con las personas con las que nos relacionamos, ya sean familiares, amigos, compañeros o nuestra pareja. Por lo tanto, es fácil pensar que, si una buena comunicación ayuda en las relaciones, una mala comunicación complica dichas relaciones.

En este sentido, cuando surgen conflictos, la diferencia entre una buena comunicación y una mala comunicación es determinante en el resultado, en qué sucederá una vez la llama se encuentre prendida.

Aprender a gestionar conflictos de forma eficaz es importante, pero también lo es saber qué es lo que no tenemos que hacer para darnos cuenta de en qué medida nuestra actitud dificulta la resolución de un problema. ¿Quieres saber cuáles son las peores maneras de comunicarse con otro a la hora de gestionar un conflicto?

A continuación, vamos a ver los nueve errores más habituales que se suelen utilizar para gestionar conflictos y que, además, los empeoran con mucha frecuencia… lejos de ayudar, lo único que hacen es enquistar la situación…

1 – Evitar o evadir el problema
Muchas personas intentar evitar el enfrentamiento por algo que necesita ser solucionado, y eso solo lleva a un aumento de la frustración del otro. Las cosas no se van a solucionar por sí mismas y no vale dejarlo pasar con la excusa de que quieres evitar un enfrentamiento para evitar el estrés que genera.

Solo se consigue generar aún más, además de un aumento de los resentimientos y las tensiones entre las personas implicadas. Si el problema es que no sabes de qué forma enfrentarte al problema, te recomiendo que leas los artículos “Superar el miedo a los conflictos” y “Habilidades básicas para resolver conflictos con éxito.”

2 – Ponerse a la defensiva
Uno de los principales errores que solemos cometer es ponernos a la defensiva, defendiendo nuestra posición, sin prestar atención a lo que el otro tiene que decir. Así, parece que terminamos defendiéndonos a nosotros mismos en vez de a lo que pensamos.

De esta manera perdemos la objetividad y estamos provocando que el otro se ponga también a la defensiva, lo cual contribuye a empeorar el problema. Esta actitud implica negar cualquier responsabilidad “por definición” y de manera casi inconsciente. Por este camino es casi imposible solucionar nada por las buenas.


 3 – Generalizar
Generalizar es un gran error a la hora de resolver un conflicto. Hablar en general suele ser un recurso para no personalizar, pero el efecto que se consigue es devastador, sobre todo cuando se habla en general de algo que afecta a uno solo.

Evitar expresiones como “siempre” o “nunca” es vital para que se pueda hablar sobre algo, así como evitar hablar en plural o implicando a varias personas cuando solo se trata de una o dos, o cuando cada una de las partes tiene su parte de responsabilidad en un conflicto o problema.

4 – Ser estricto con la forma de hacer las cosas
Muchas veces nos empeñamos en pensar que las cosas solo se pueden hacer de una determinada manera, y no aceptamos la forma que otro tiene de hacerlo. Muchos conflictos se generan simplemente porque nos empeñamos en que el otro haga las cosas o solucione las situaciones como nosotros, sin pensar en que el que tiene que hacerlo debe de buscar la manera que más le convenga, que para eso es él quien tiene que hacerlo.

5 – Creer que sabemos lo que el otro piensa
En muchas ocasiones nos resulta más sencillo actuar según lo que creemos que el otro piensa, dando por sentado cosas que no tienen razón. Esta forma de “psicoanálisis de pacotilla” genera malas interpretaciones y genera conflictos aún mayores.

Es importante darle al otro la oportunidad de expresarse libremente, y no actuar como si supiéramos ya lo que hay, entre otras cosas, porque estas impresiones están contaminadas muchas veces por lo que nosotros haríamos.

6 – Hablar, hablar, hablar… y no escuchar
Hablar sin pensar en que el otro también tiene algo que decir, interrumpir al otro sin dejar que termine o dejarle hablar pero pensar solo en lo que vamos a decir sin tener en cuenta sus palabras, son errores que no ayudan a resolver el conflicto, y que solo lo aumentan, porque da lugar a malas interpretaciones y a conclusiones que no tienen en cuenta lo que el otro dice.


7 – Manipular al otro con la culpa
Echarle a otro la culpa de lo que ha ocurrido e intentar que se sienta responsable es un gran error, aun cuando sea cierto. En primer lugar, porque no sabemos qué ha pasado o por qué, ignorando la parte de responsabilidad propia que se pueda haber tenido.

En segundo lugar, porque hace que el otro se ponga a la defensiva y se cierre a intentar solucionar el problema, cegado solo por el hecho de no sentirse el único responsable y no admitir lo que ha pasado. La responsabilidad es algo muy duro de asumir.

8 – Centrarse en “ganar” en la disputa
A muchas personas les gusta ganar, sin más, y el conflicto en sí les da lo mismo con tal de sentirse o saberse ganadores de la disputa. Para eso, manipulan y retuercen la información y buscan la manera de salir vencedores, a costa de ridiculizar o dejar por debajo al otro. Pero esto solo complica el problema y agranda el conflicto, y puede derivar en una rivalidad absurda que no conlleva nada positivo.

9 – Meter más conflictos en la conversación
Si de por sí es difícil resolver uno, la cosa se vuelve prácticamente imposible cuando se mezclan. Recordar errores del pasado para atacar la posición que se enfrenta a la nuestra puede trasmitir la sensación de deslealtad. Además, la otra parte puede interpretar que tenemos más ganas de realizar un ataque personal que de resolver el propio conflicto.

Solucionar el conflicto debería ser la prioridad. 
Parece obvio, pero en muchas ocasiones nos olvidamos de ellos y actuamos de forma egoísta e irresponsable. No se trata de ganar o perder, ni de ser más que el otro, ni de intentar buscar culpables.

El problema es que muchas veces nos vemos obligados a actuar de estas maneras porque la otra parte utiliza violencia verbal en la conversación. Ser asertivos e intentar calmar las cosas debería ser la premisa fundamental antes de seguir adelante en cualquier conversación de este tipo.

lunes, 2 de marzo de 2015

jueves, 12 de febrero de 2015

Trece estrategias de personas emocionalmente competentes


”No voy a premiar a mi hijo por estudiar. Es su obligación”; “¿Felicitar a mi comercial por su trabajo?; por ahora no lo haré, podría relajarse”;”¿Por qué he de decirte que está rico? Ya lo sabes, siempre lo está”. Ciertamente nos desenvolvemos en un mundo en el que los halagos y las palabras de reconocimiento son muy difíciles de escuchar… Todavía son muchos los opinan que no son tan necesarias. Pero ¿de verdad esto es así?

Pues según parece, quien así piensa se equivoca. La investigación ha demostrado de manera contundente que los halagos y palabras de gratitud y reconocimiento generan emociones muy positivas y un enorme bienestar. Y no solo eso, también mejoran la motivación, potencian las capacidades, el aprendizaje, razonamiento y la autoestima. Además, estudios de empresa demostraron que mejoran la productividad, la resistencia al cansancio, la creatividad y el trabajo en equipo. Está claro. Hoy no es posible concebir el desarrollo de la persona al margen de las emociones, ni tampoco de las palabras, aunque muchos piensen lo contrario.

Sin embargo, a pesar de las evidencias, la proporción de felicitaciones y reconocimientos sigue siendo insignificante en comparación con las veces que detectamos fallos. Eso se nos da fenomenal; pero halagar nos cuesta mucho más. Los especialistas coinciden. Queda mucho por hacer; seguimos sin ser conscientes de la importancia de hacer halagos o expresar gratitud.

¿Conocemos realmente las consecuencias de no halagar a los demás?

La investigación no deja dudas. Se ha demostrado que la falta de reconocimiento acaba alterando el estado emocional. Estudios con empleados demostraron que genera desconcierto, inseguridad, enfado, ansiedad e incluso depresión. Deteriora también la autoestima. Y por si fuera poco, estudios realizados en entornos educativos demostraron que acaba generando apatía, falta de estímulo y motivación; ausencia de creatividad e innovación. Y se confirmó que si además se añade la crítica, los efectos negativos se multiplican. Hemos de tenerlo claro. Aunque parezca que no nos afectan, nadie es inmune a los juicios negativos y menos si éstos son frecuentes. Nadie.

El extraordinario poder de las palabras

No podemos dar la espalda al conocimiento. Las palabras han demostrado ser un pilar básico para la estabilidad emocional y personal. Muchos estudios han aportado claves valiosas para mejorar el lenguaje de las emociones. Veamos algunas:

1. Trate de evaluarse de manera regular. ¿Cuándo fue la última vez que felicitó a sus subordinados o a sus hijos? ¿Lo ha hecho en los últimos dos días? Si se da cuenta que sus halagos son escasos quizás deba plantearse un plan de mejora. Le reportará mucho bienestar.

2. Si decide hacerlo debe tener claras dos cosas: deberá esforzarse por halagar más y practicar regularmente. Se ha demostrado que  las palabras de aprecio no salen con facilidad cuando no se usan habitualmente. Así que la única forma es trabajar hasta que le resulte fácil. Inicie hoy mismo una terapia de halagos y reconocimientos. ¿No sabe cómo? Veamos algunas de las estrategias más avaladas.

3. Empiece a practicar emociones en saludos y despedidas. Es lo más fácil. Emplee frases como: “qué alegría de verte” ,“encantada de saludarte”… Se ha demostrado que iniciar una conversación de este modo predispone al entendimiento. Piense en algunos saludos y despedidas; memorícelos; empléelos cada vez que pueda. Desde el primer momento notará el positivo efecto que tienen.

4. Fuércese a expresar regularmente sentimientos personales más profundos con seres cercanos. Lo más fácil es practicar en familia y en saludos o despedidas. Una buena forma de empezar, es despedirse de sus hijos o su pareja diciendo “te quiero”.Una vez que empiece, nunca deje de hacerlo. Puede que se sienta raro pero pronto se acostumbrará y le generará mucho bienestar.

5. Eduque a sus hijos en un lenguaje emocional. Desde pequeños deben aprender a oír y expresar sentimientos. Si escuchan a sus padres, lo harán más fácilmente. Oblíguese a decirles varias veces al día, frases como. “estoy muy contento porque hoy has….”,” estoy orgulloso de tus esfuerzos por…” Cuando juegue con ellos también puede hacer que los muñecos “hablen” y expresen cómo se sienten, qué les gusta, por qué…

6. Y si lidera un equipo fuércese a emplear en todas las reuniones al menos una frase de ánimo y reconocimiento. Es un recurso muy avalado por la investigación  Elija algunas frases. Escríbalas si quiere. Oblíguese a emitirlas en cada reunión: “Confío en el esfuerzo de todos”; “buen trabajo”; ”sé que son buenos en su trabajo y podrán hacerlo”… Nunca deje de felicitar en público.

7. Dé las gracias con frecuencia. Recientemente F. Gino, de la Universidad de Harvard ha hablado del sorprendente “efecto gratitud” tras comprobar en sus estudios que ésta eleva enormemente la autoestima y dispara el impulso de ayuda, participación y esfuerzo. Según esto, debiéramos esforzarnos por dar las gracias continuamente, sobre todo en el trabajo. Si le cuesta, elabore frases hechas: “Te lo agradezco mucho”, “Gracias por tu tiempo, por tu disposición”. No deje de hacerlo. Los grandes beneficios de una palabra tan simple están plenamente avalados.

8. También ha contrastado el poderoso efecto de una frase: “¿Qué opina usted?”. Genera emociones muy positivas, Diga esta frase casi a diario tanto en el trabajo como en la familia y la escuela. Se ha comprobado que genera mucho bienestar y autoestima. Hace sentir a quién se pregunta que se valora su opinión, que le respetan, que está cerca de la acción.

9. Y si tiene que regañar hágalo, pero sin brusquedad. No es necesario. Debe saber que el efecto de una crítica es mayor cuando se realiza con palabras amables. Se siente que se ha fallado a alguien respetado y sirve de impulso a la mejora.

10. Pero si lo hace compense después con palabras de reconocimiento. Se ha comprobado que para la mente lo negativo es mucho más potente que lo positivo y que para compensar una crítica, necesita al menos cinco halagos Así que tras apercibir, trate de compensar. Diga frases como que se “es consciente de que lo intenta”, “que sabe que lo conseguirá”. Así evitará que quien es apercibido se bloquee y quiera demostrarle que podrá hacerlo bien la próxima vez.

11. Y nunca dude en decir “lo siento”. Marshal Goldmith, es para muchos uno de los mejores coach de ejecutivos del mundo. Para él “pedir perdón es el gesto más mágico, reconciliador y reparador que podemos hacer”. Algunos expertos señalan ésta como una inigualable ventaja estratégica que debe ser trabajada, sobre todo por directivos, padres y educadores. Es difícil pero todos debiéramos intentar especializarnos en el arte de la disculpa.

12. Acompañe sus palabras de gestos. Todos los estudios han demostrado que multiplican su poder. Tenga esto en cuenta. Practique expresiones de reconocimiento y gratitud de manera no verbal, sobre todo si le cuesta hacerlo de forma oral: De una palmada en el hombro, un beso. Los gestos son también un lenguaje. Pero sobre todo Sonría. Se ha demostrado que los que más sonríen, ganan con facilidad la aceptación y el compromiso de los subordinados. La sonrisa es una herramienta muy potente en el desarrollo de la inteligencia emocional

13. ¿Y qué hacer si nadie nos halaga? Pues si a pesar de todo le toca vivir en un entorno parco en halagos no se confíe. Aunque no lo crea, usted también necesita reconocimiento. Por eso, si siente poco apreciado por su esfuerzo y valores, hágalo usted mismo (*) Rodéese de gente con la que se sienta a gusto. Disfrutar con ellos le hará sentirse bien y parte de un grupo que le aprecia (*) Fuércese por hacer cosas que le agraden. Al finalizar, repase los sentimientos positivos que experimentó. Cuente su experiencia. Es bueno oír que se sintió bien, que fue emocionante… Si trabaja en ello, será sin duda uno de los que esté fuera de la lista de los que no reconocen sus emociones y no pueden hablar de ellas


Y es que la investigación parece dejarlo muy claro. Por encima de cualquier otra, hay un tipo de inteligencia por la que merece la pena trabajar: la Inteligencia emocional.

lunes, 9 de febrero de 2015

Aprender a dar una respuesta asertiva


Liderar  tu vida como un auténtico líder consciente implica deshacerte de hábitos tóxicos, como la crítica negativa. 

Desde luego, la crítica constructiva ayuda a mejorar, y eso es algo que todo líder consciente desea. Pero la línea que separa la crítica constructiva de la negativa es tan sumamente fina, que a menudo la traspasamos sin darnos cuenta.

También es común usar la crítica constructiva como pretexto para disfrazar auténticas críticas destructoras. Por ello prefiero usar un término inglés para “despistar”, y así hablar de feedback (que podríamos traducir como retorno) para referirme a crítica constructiva.

Una crítica constructiva es aquella que se realiza con la genuina intención de ayudar a otra persona a mejorar. No tiene intención alguna de hacer ningún daño a otra persona. Si es así (incluso en la más pequeña medida) entonces se trata de una crítica negativa, que constituye un comportamiento tóxico. La crítica negativa logra que todos pierdan. Es una forma muy eficaz de perder amigos y crear distancias con otras personas. Te recomiendo evitarla. La práctica del mindfulness o atención plena es muy recomendable, pues te ayudará a detectar tu intención de criticar, y tomar medidas cuando aún estés a tiempo. Además de librarte de la parte negativa de la crítica, resulta esencial promover la parte buena, es decir, la crítica constructiva o feedback. Es la forma de ayudar a otras personas a mejorar, siempre de corazón y con las más buenas y sinceras intenciones. 

El intercambio de feedback  representa un intercambio de energía en un equipo o colectivo humano, que permite que todos se mantengan en continua mejora, sin hacer daño a los demás.

A la hora de dar feedback, te recomiendo dos técnicas muy poderosas, que explico en el libro Atrévete a ser un líder: 

  • La técnica PPM. Primero, debo aclararte que, donde digo P, quiero decir algo positivo, y donde digo M me refiero a algo a mejorar. Como puedes apreciar, no hay ninguna N, así que no hablo de nada negativo. Si hubiera alguna N, estaríamos hablando de crítica negativa, y no constructiva. Por tanto, PPM significa que comienzas por decir dos cosas positivas a la otra persona, y sobre esa base tan dulce, dejas caer algo a mejorar. Esa M tiene grandes posibilidades de ser bien recibida, por el hecho de haber comenzado por lo positivo, que siembra una buena base.
  • La técnica PMP. Se trata de hacerte un bocadillo de M entre dos rebanadas de P. Comienzas por algo positivo, dejando la base ideal para dejar caer algo a mejorar. Finalmente, cierras con algo positivo, logrando dejar un buen sabor de boca. Es importante recordar que, al exponer aquello que propones mejorar, se trata de una sugerencia. ¡No lo exijas! Por ejemplo, si dijeras a otra persona: “El viaje ha sido genial. Si lo quieres hacer perfecto, la próxima vez yo dejaría más tiempo para el almuerzo. Pero, lo dicho, ha sido un viaje genial y todos hemos disfrutado mucho, ¡gracias!”, estarías utilizando la técnica PMP. 

jueves, 22 de enero de 2015

Aprende a dialogar con comunicadores agresivos



La mayoría de las personas se han enfrentado a relaciones violentas en las que la agresividad no era precisamente física, sino verbal. La agresividad es un modo de comunicación y un modo de comportamiento donde uno expresa sus sentimientos, necesidades y derechos sin tener en cuenta ni el respeto por las necesidades, ni los derechos y sentimientos de los demás. A menudo se empela la fuerza emocional o física para que los derechos de los demás no se respeten.

Uno de los problemas de la agresividad verbal es que, al igual que la agresividad física, se transmite. El receptor puede reaccionar con agresividad o no cuando se siente agredido, pero desde luego ante la conducta del emisor aumentan las probabilidades des que el receptor responda en el mismo sentido.

En cualquier caso, las consecuencias de vivir una relación que se base en una comunicación agresiva son importantes. La comunicación agresiva genera grandes conflictos, aumenta los niveles de estrés afectando directamente a la salud.

Las personas que tienden a utilizar un estilo de comunicación agresivo son sufridores y agentes causales de situaciones de tensión. A medida que esta tensión aumenta, las relaciones tienden a ser más conflictivas y se se vuelven mucho más desagradables.

Las personas que son agresivas en la comunicación deberían desarrollar y trabajar la asertividad, una habilidad que implica expresar las propias necesidades y  derechos pero teniendo en cuenta el respeto hacia las necesidades y derechos de los demás y el mantenimiento de la dignidad de las dos partes. Esto da lugar no solo a relaciones más sanas, sino también una vida más satisfactoria.

Preocuparse por aprender técnicas de comunicación asertiva es muy útil porque nos permiten trazar fronteras con los demás, lo que procura una línea de defensa contra cualquier agresividad que manifiesten los otros. Además, estas técnicas de comunicación asertiva son una forma de comunicación saludable no solo porque ayudan a evitar el ser agresivo con los demás, sino que pueden ayudar a evitar el conflicto. Ambos efectos positivos hacen que valga la pena el esfuerzo de aprender acerca de las técnicas de comunicación asertiva.

Algunas características de la comunicación asertiva no agresiva:

  • Habla de forma objetiva y con respeto, evitando juicios y etiquetas
  • No exageres las cosas
  • Sé agradable
  • No personalices en el otro
  • Hazte responsable de tus sentimientos, son tuyos. De manera que no asumas -y digas- que te sientes de una determinada forma por culpa de la otra persona.
  • Consideraciones finales
  • Evitar la agresividad en las relaciones nos ayuda sentirnos mejor con los demás y con nosotros mismos.



Pero, ¿Qué pasa sin el agresivo es el otro? Intentar no responder con agresividad es el primer paso, pedirle de forma asertiva que modere el tono para hablar de forma civilizada es el segundo.

jueves, 24 de julio de 2014

Asertividad y comunicación


ASERTIVIDAD

Pueden ser cambios en su aspecto, conducta, rutina, metas o ideas. Las circunstancias, las opiniones ajenas y a veces los medios de comunicación han contribuido a nuestras ideas preconcebidas respecto a quienes nos rodean.

Que un joven vista con cuero y botas de militar no significa que sea un posible delincuente, del mismo modo que una viejecita de cabellos plateados no tiene por qué ser dulce y agradable; no obstante, la costumbre de encasillar a las personas puede llevarnos a juzgar a la gente según su aspecto físico.

Si pretende convertirse en una persona asertiva, debe ponerse la meta de cambiar algunos aspectos de su carácter o de su vida. Puede cambiar su forma de vestir, ir a la escuela nocturna o cambiar su conducta en determinadas situaciones. Empiece ahora y elija algún aspecto de su vida que desee cambiar. Refuerce su compromiso escribiendo los detalles del cambio que está proyectando:

. ¿Qué cambio intento hacer?

. ¿Con qué problemas me voy a encontrar?

. ¿Cuáles serán los beneficios?

. ¿Cuándo voy a empezar?


LA COMUNICACIÓN

La persona asertiva es buena comunicadora, (que reconoce la importancia de la opinión ajena, sabe escuchar). Esto implica comprender no sólo lo que se dice, sino también la comunicación no verbal (lenguaje corporal). Tiene la capacidad de iniciar y mantener una conversación con calma y diciendo lo que verdaderamente siente.

Dado que la comunicación es tan primordial, es importante darse cuenta de que las «conversaciones insignificantes» también tienen su importancia. No hemos de estar siempre hablando de temas trascendentales.


Las charlas triviales sobre el tiempo, las vacaciones o los niños son una forma de crear un vínculo con los demás. Las personas que no se pueden comunicar a este nivel sólo pueden «hablar a» en lugar de «hablar con». Puesto que a nadie le gusta que siempre le estén sermoneando, es fácil que se genere resentimiento en el receptor.

DESQBRE

jueves, 27 de junio de 2013

Cambia tu destino con tus pensamientos



 the+journey+home

Está demostrada la importancia de transmitirnos mensajes positivos a nosotros mismos.

Frases como las siguientes nos lo recuerdan.

La persona más influenciable con la que hablarás todo el día eres tú.
Ten cuidado entonces con lo que te dices a ti mismo.



Si quieres una mano que te ayude, la encontrarás al final del brazo.

Difícil es la palabra a la que  a veces nos aferramos para no intentar lo posible.

El que quiere hacer algo conseguirá un medio; el que no, una excusa.



En definitiva,  EL QUE PUEDE CAMBIAR SUS PENSAMIENTOS PUEDE CAMBIAR SU DESTINO:


  • No puedo/No me apetece...                      VOY A INTENTARLO




  • Nunca me sale/Es difícil/Se me da mal...    HARÉ LO QUE PUEDA




  • Siempre me equivoco...          ESTOY ADQUIRIENDO EXPERIENCIA


  • No sé hacerlo...                                      VOY A APRENDER

  • Son los demás...                        SOY RESPONSABLE DE MÍ MISMO

  • Es mucho...                              EMPIEZO POR EL PRINCIPIO

miércoles, 5 de junio de 2013

Piensa en positivo

Mingalaba%21

Piensa en positivo
Piensa en positivo
Piensa en positivo
Piensa en positivo
Piensa en positivo
...
Otra canción positiva de Fangoria:




Y esta otra versión:





Vamos, piensa en positivo
no seas negativo
verás como te va mucho mejor

Dime, ¿por qué has asumido
que todo está perdido
y te das por vencido?
No seas negativo
Escucha lo que digo
Piensa en positivo

Intenta ver más allá
De toda tu ansiedad
De la contrariedad

Puede ser que todo acabe bien
porque he de suponer
que vamos a perder.

Dices que el mundo es tu enemigo
que no tienes amigos
que has visto tu destino
y es como de suicidio

Ya sé que no es tu estilo
tampoco es el mío
aún así te digo

Vamos piensa en positivo
no seas negativo
verás como te va mucho mejor
Dime, ¿por qué has asumido
que todo está perdido
y te das por vencido?
No seas negativo
Escucha lo que digo
Piensa en positivo

Dices que el mundo es tu enemigo
que no tienes amigos
que has visto tu destino
y es como de suicidio

Ya sé que no es tu estilo
tampoco es el mío
aún así te pido:
Piensa en positivo
Piensa en positivo
Piensa en positivo
Piensa en positivo

Piensa en positivo