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lunes, 16 de mayo de 2016

Mejor, goza del café


EL CAFÉ Y LAS TAZAS



Un grupo de ex estudiantes, ya muy establecidos en sus carreras, se reunió para visitar a su viejo profesor de la Universidad.

La conversación se concentró en quejas sobre el estrés en el trabajo y la vida. Al ofrecerles café a sus visitas, el profesor fue a la cocina y regresó con un termo de café y una gran variedad de tazas: de porcelana, plástico, vidrio, cristal, algunas comunes, algunas caras, algunas exquisitas – y les pidió que se sirvieran el café caliente.

Cuando todos los estudiantes tenían su taza en mano, el profesor dijo:

– Si se han fijado, todas las tazas bonitas y caras han sido tomadas, dejando atrás las comunes y baratas. Aunque es normal que quieran sólo lo mejor para ustedes, ese es el origen de sus problemas y estrés. Lo que en realidad querían era café, no la taza, pero conscientemente tomaron las mejores tazas y las estuvieron comparando con las tazas de los demás.

Fíjense bien –prosiguió-: la vida es el café, pero sus trabajos, el dinero y su posición social son las tazas. Las tazas son sólo herramientas para sostener y contener vida, pero la calidad de la vida no cambia.

A veces –concluyó-, al concentrarnos sólo en la taza, dejamos de disfrutar el café que hay en ella. Por lo tanto, no dejes que la taza te guíe… Mejor, goza del café.

lunes, 9 de mayo de 2016

El eco de la vida


Un hijo y su padre estaban caminando en las montañas. de pronto el hijo se cae, se lastima y grita:

- ¡Ahhhh!.

Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña:

- ¡Ahhhh!.

Con curiosidad el niño grita:

- ¿Quién está ahí?

Y escucha:

- ¿Quién está ahí?

Enojado con la respuesta, el niño grita:

- ¡Cobarde!

Y recibe de respuesta:

- ¡Cobarde!

El niño mira a su padre y le pregunta:

- ¿Qué sucede?

El padre le contesta:

- Presta atención hijo – y grita – ¡Te admiro!

Y la voz responde:

- ¡Te admiro!

- ¡Eres un campeón!

- ¡Eres un campeón!

Y el padre le explica:

- La gente lo llama ECO, pero en realidad, es la VIDA… que te devuelve todo lo que haces…

Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor.

Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean.

Si quieres una sonrisa en el alma, dirige una sonrisa al alma de los que conoces.

Esto se da en todos los aspectos de la vida.

La vida te dará de regreso… exactamente aquello que tú le has dado.

Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti.

Alguien dijo: “¡Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando!”.

Miremos a nuestro alrededor y tratemos juntos de hacer un mundo lleno de amor, paz y justicia.

Depende de nosotros.

lunes, 18 de abril de 2016

8 señales que indican tu crecimiento emocional

La seriedad no es signo de madurez.
La madurez es saber reírse de la vida, pero tomarla en serio cuando es necesario.


El hecho de añadir más y más velas al pastel de cumpleaños no son indicadores de que nuestra madurez aumente. Tampoco de haber crecido en lo emocional o o de haber ganado habilidad con aquellas cosas que nos hacen perder el equilibrio.

La mayoría tenemos una tendencia a castigarnos por los errores que cometemos, antes que felicitarnos por los logros que alcanzamos. Siendo muy duros con nosotros mismos (más que con cualquier otra persona) y centrándonos únicamente en los fracasos y no en los aciertos.

Esto puede deberse a la sociedad en la que vivimos o el siglo que nos ha tocado en suerte. Solemos desmotivarnos rápidamente cuando algo no sale como esperábamos.

No valoramos lo que hacemos bien. No contamos con la paciencia suficiente para seguir adelante y no prestamos atención a los pequeños cambios.

De vez en cuanto vale la pena detenernos en la vorágine del día a día para hacer una lista con todo aquello que hemos logrado. No para pecar de arrogantes, sino para darnos cuenta de cuanto hemos crecido emocionalmente.

Señales de que hemos madurado emocionalmente
Algunas señales que nos indican que podemos sumar velas al pastel de cumpleaños mental son:

  • Dejas ir lo que te hace mal: Es muy importante aprender a retirar de nuestra vida lo que nos daña, lo que no nos ayuda a seguir o nos ata al pasado. Esta habilidad es clave para alcanzar el éxito en cualquier cosa que emprendamos. Reconocer a las personas tóxicas ya es un gran paso.
  • Aprendes de los errores: ¿Quién dijo que equivocarse ha de convertirse en un flagelo para toda la eternidad? De los fallos podemos sacar muchas enseñanzas. De nada vale aspirar siempre al perfeccionismo obsesivo. Es bueno equivocarse y saber qué cosas no volver a repetir. Esto cambia completamente nuestras perspectivas y nos ayuda a emprender nuevos proyectos; esta vez, más exitosos y ambiciosos. ¿Por qué? Porque la experiencia nos guía.
  • Evitas las quejas: esta es sin dudas una de las señales más destacadas de haber crecido emocionalmente. Las personas que se lo pasan todo el día criticando por que si lo único que logran es aumentar la negatividad y el pesimismo a su alrededor. Aprender a “no llorar sobre la leche derramada” hace a una persona madura. Si actúas o resuelves más y te quejas o lloras menos, es porque estás creciendo.
  • Celebras los éxitos ajenos: Aplaudir y ponerte feliz, de verdad, cuando al otro le va bien, es sinónimo de madurez. Esto quiere decir que no lo envidias, que comprendes que se ha esforzado mucho y que eres capaz de reconocer el trabajo de los demás.
  • Tienes relaciones menos conflictivas: No quiere decir que todo será “amor y paz” pero si que no te lo pasarás peleando y discutiendo. Ya ha pasado esa etapa de querer llevarte el mundo por delante a cualquier coste. Has aprendido a ponerte en el lugar del otro, a intentar llegar a un acuerdo antes de confrontar, que las peleas son una pérdida de tiempo y que mejor es buscar una solución en conjunto. Además, te has dado cuenta de que es mejor tener tranquilidad que razón.
  • No temes pedir ayuda: hasta hace un tiempo (cuando aún no habías crecido en lo emocional), considerabas que solicitar ayuda era una forma de mostrar debilidad y que tú no podías permitirlo. Sin embargo, ahora has comprendido que es una señal de confianza en el otro, por ejemplo. No puedes hacer todo tu solo siempre, es bueno ser humildes y reconocer que no se sabe algo o se necesita ayuda.
  • Sabes lo que quieres: La incertidumbre del futuro ya no es una regla, sino la excepción. Eres más consciente de lo que deseas lograr en tu vida y hasta en qué momento. Al estar más seguro de ti mismo estableces las reglas de tu destino y conoces a ciencia cierta lo que esperas del mañana.
  • No te importa lo que digan los demás: El qué dirán muchas veces te ha desvelado, pero ahora estás en otra etapa. Únicamente te interesan las opiniones de aquellos que te quieren ayudar y desean verte bien. Es decir, las “críticas constructivas” de los que te rodean (porque además ya te has alejado de las personas tóxicas).

lunes, 11 de abril de 2016

Controlar asfixia

Vivir sin manual
Mercé Roura



Este año he perdido el control.  Desde el punto de vista de alguien que necesita saber qué pasa y por qué en todo momento, resulta insoportable. Tener el control es vivir en una calma tensa siempre. Ponerse trampas y chivarse dónde están. Nadar en un vaso de agua y naufragar en la orilla. Cruzar el desierto de un metro cuadrado de arena y vivir una aventura sentado en el sofá… Tener el control es una alucinación, una forma de vivir en una tranquilidad falsa.

Controlar agota. Primero porque te supone estar siempre pendiente de qué sucede y llevar encima la carga de intentar estar perfecto. Segundo, porque el universo tiene sentido del humor y se asegura de que nunca lo tengas todo controlado. Por suerte, siempre hay mil cosas que se escapan a las redes imaginarias que vas tejiendo para asumir el duro trabajo de controlar…

Un tren que tarda, un niño que derrama un refresco en esa falda que debes llevar, el viento que te despeina, el amigo que te deja colgado, el teléfono que no suena, la lluvia insistente que cae con unas ganas locas para recordarte que tú no mandas en nada ni nadie…

Yo he estado un siglo intentado controlarlo todo para que nada se escapara de mi vista… Me inventé unas normas que seguir y me castigué cuando no lo hacía, sin darme cuenta de que mis descuidos y quebrantos de esas normas eran magia, eran mi oportunidad de crecer…

Controlar asfixia… Ahoga, comprime, reduce, aniquila la imaginación y te pega al suelo.

De muchas maneras, ser riguroso e intentar hacer las cosas lo mejor posible es algo bueno, claro. El problema surge cuando eso se convierte en un credo inquebrantable, en una religión. Cuando que esté bien es más importante que vivirlo. Cuando que sea perfecto te impide acabarlo o sentirlo… Cuando controlar no te deja fluir… Como bailar contando siempre pasos o tener que contar las gotas de lluvia de un aguacero que nunca termina. Uno puede intentar controlar sus emociones y aprender de ellas pero no puede pretender controlar toda su vida a cada momento…

El Universo es caprichoso. La vida es así. Te trae a menudo lo que necesitas, aunque no lo parezca. Otras veces, suceden cosas, algunas terribles, de las que es poco probable encontrar un lado bueno… Lo que no significa que no nos ayude a crecer y aprender. Todo lo que nos pone a prueba tiene su recompensa, aunque nos cuesta verlo.

A veces, no nos dejamos llevar y nos aferramos a lo que éramos y da la sensación de estamos repitiendo siempre la misma prueba. Como si el universo conspirara para que diéramos un paso e hiciera todo lo posible para precipitarlo. Y puesto que no lo damos, nos sigue poniendo la zancadilla una y otra vez en lugares parecidos para que nuestra estabilidad se tambalee y sepamos que hay que moverse, que hay que bailar.

Y cuando te obsesionas por el control, las leyes de la causalidad confabulan para que todo suceda al revés de cómo imaginaste o creías necesitar para demostrarte que no puedes controlar nada. Aún más, para decirte que lo que deseas conseguir puede encontrarse de mil formas y no sólo gracias al rígido manual que has diseñado para vivir tus días…

Los manuales rígidos que no dejan margen para la sorpresa ni el error conducen al pozos sin fondo, a una rutina que te borra la imaginación y te mata el entusiasmo.

El caso es que uno puede pasarse años y años sin que suceda nada en su vida (a menudo, ya nos aseguramos de ello porque los cambios nos asustan) y luego de repente en dos meses sucede todo. Porque encontramos a alguien que nos dice algo que necesitábamos escuchar. Porque topamos con un realidad alternativa ese día que hacemos algo poco habitual. Porque el Universo es testarudo y no para hasta que entiendes que hay cosas que van contigo y cosas que no, que cuando no vives según lo que dictan tus entrañas estás condenado a sufrir por no ser lo que quieres, que debes escuchar a tu conciencia y ser libre… Que has nacido para ser feliz y no puedes conformarte con sucedáneos insulsos… Que la perfección no es belleza. Que la calma exterior no es alegría… Que tenerlo todo controlado no es vida…

Por eso, cada vez que vuelves a las andadas y recuperas el manual rígido para una vida perfecta, la vida te sacude.  Te pone rígido a ti para que notes cuanto te perjudicas y te dejas las cervicales hechas un desastre. Te dibuja un contratiempo en la agenda, te vacía la cuenta con una factura, te estropea el coche…

Yo este año he perdido el control. Lo reconozco, ya llevaba tiempo con el manual escondido, sin seguirlo a rajatabla porque me había dado cuenta de que era un incordio, porque me había percatado que cuando me dejaba llevar un poco sin seguir siempre sus normas al pie de la letra pasaban cosas maravillosas…. Y, de repente, un día, me levanté con muchas ganas y al ver un contratiempo, en lugar de buscar la página del manual dónde indica que hacer en estos casos, decidí tirarlo por la ventana. Mi guía práctica y completa para vivir sin perder el control cayó al vacío…

Justo en ese momento, ante lo que algunos calificarían de gran temeridad, me di cuenta…  No lo necesitaba. No lo había necesitado nunca.  Para seguir mi camino sólo era necesario dejarme guiar por lo aprendido hasta ahora y seguir mi intuición.

Cuanto más aplicas el manual, menos arriesgas y menos aprendes porque no aplicas tu criterio sino aquello que crees que haría una persona cuerda y prudente en tu lugar… Porque el manual para mantener el control es una guía completa para prudentes, para cautos, para previsores, para personas que llevan una falsa vida de ensueño y quieren que permanezca así siempre (no lo saben pero incluso si quieres que todo sigan igual, de vez en cuando tienes que hacer cambios porque si no el agua se estanca).

El manual es para personas que no quieren llorar, ni notar las sacudidas, ni ensuciarse, ni despeinase… La mayoría de veces no porque les disguste sino porque necesitan tanto la aprobación de los demás que buscan una perfección que les haga adorables. Tienen miedo. Creen que si lo controlan todo nunca harán el ridículo ni estarán fuera de lugar… Que nunca serán criticados ni menospreciados…

Por eso yo tiré el manual. No mentiré, acto seguido tuve un ataque de pánico que me dejó medio lela… Después de tanto tiempo con ese libro en mis manos, al desaparecer, me sentí desnuda, desprotegida, vulnerable… Aunque, dejar de controlar es algo mágico. Entrar en un lugar y saber que sólo debes obedecer a ti mismo y al respeto que les tienes a los demás. Soltarse. Caer. Caminar hacia atrás. Dejarse llevar por una simpleza y reír sin pensar qué cara pones… Lo tiré porque siempre que lo escondía acababa recuperándolo y quise asegurarme de no volverlo a tener en mis manos. Lo tiré porque después de un siglo siendo prudente sin más resultado que una vida anodina, pensé que había llegado el momento de arriesgar…

Sin esta guía absurda, nunca sabes qué va a pasar y te das cuenta de que, en el fondo, antes tampoco. El control de todo era una ilusión, un espejismo creado por tu necesidad de vivir pensando que llevabas la vida que debías, aunque no la que querías….

Y acabar el día llorando y riendo, con las medias rotas, el pelo alborotado, sin saber qué va a pasar mañana y habiendo hecho el ridículo, tal vez.  Sin más guía que tú mismo, que tu sabiduría acumulada, tus errores y tu necesidad de vivir con intensidad. Perder el control y que pase lo que pase, aunque no depende de ti, creas que seguro será bueno… Otra prueba, otra experiencia, otro sueño… Sin manual, sin red…

Y dejar que llueva. Y notar que llueve.

LA REBELIÓN DE LAS PALABRAS

jueves, 10 de marzo de 2016

jueves, 19 de noviembre de 2015

Vivir sin arrepentimiento


“No aparques a un kilómetro de tu destino solo porque pienses que no vas a encontrar una plaza libre más cerca. Ve exactamente a donde quieres estar. Si no hay espacio, siempre tendrás la oportunidad de dar media vuelta. En otras palabras: no te des por satisfecho demasiado rápido en tu vida."

“Haz lo que te apasiona, haz lo que realmente te importa. No pongas en práctica el Plan B, el plan de seguridad, hasta que no hayas intentado el Plan A”.

Estas fueron las palabras de Catherine Drew Gilpin Faust en uno de los discursos de graduación de los estudiantes de la Universidad de Harvard. Y la profesora Faust sabe muy bien de lo que habla ya que ha sido la primera mujer en asumir el puesto de rector en esa universidad. En este discurso perfiló su “Teoría de la plaza de aparcamiento libre de la vida”.

Y es que cuando hablamos de decisiones importantes en la vida, esas que marcan nuestro destino, es importante reflexionar y elegir un camino del que no podamos arrepentirnos más tarde, es fundamental plantearnos la meta más ambiciosa y luchar por conseguirla. De esta forma no habrá espacio para frases como “si aquella vez hubiera…” o “qué habría pasado si…”

Eres tus metas y tu camino, no descuides ninguno

Luchar por tus sueños y atreverte a alcanzarlos es la clave para vivir sin arrepentimientos. Sin embargo, también encierra un peligro mortal.

Por ejemplo, imagina que tienes un sueño muy ambicioso y que trabajas sin descanso para alcanzar tus objetivos. Te entregas en cuerpo y alma, día tras día, para alcanzar el añorado éxito. Sin embargo, es probable que cuando llegues a la meta te sientas vacío por dentro, que no consigas la satisfacción que soñabas y, por consiguiente, ello te llevará a preguntarte si realmente has hecho bien, si ha valido la pena tanto sacrificio. En ese preciso instante quizás te cuestiones si no habrías invertido mejor esos años en disfrutar de otros placeres de la vida, en vez de entregarte 100% a tu sueño. 

De hecho, un estudio muy interesante realizado en el University College London demostró sin lugar a dudas algo que probablemente ya sabes: que somos pésimos prediciendo nuestras reacciones emocionales ante las situaciones futuras. En este experimento los psicólogos reclutaron a 47 personas y les dieron £10, que debían compartir como quisieran con un desconocido que se encontraba en otra habitación. Sin embargo, les dijeron que si el extraño rechazaba su oferta, ambos se irían con las manos vacías. A continuación les preguntaron cómo se sentirían si eso ocurriese.

Obviamente, todo estaba preparado para que el desconocido rechazara la oferta y las personas perdieran el dinero porque el objetivo era evaluar la precisión con la que los participantes podían predecir sus emociones ante el rechazo.

Asombrosamente, la mayoría de los participantes se sintieron menos decepcionados de lo que esperaban.

A continuación, estos investigadores reclutaron a 27 estudiantes y les pidieron que predijeran cómo se sentirían si sacaban una nota baja o alta en uno de los exámenes de fin de curso. Los investigadores regresaron después del examen y les preguntaron cómo se sentían. Una vez más, se apreció que habían sobreestimado los sentimientos, tanto los negativos como los positivos.

Estos experimentos nos demuestran que solemos exagerar el impacto emocional de las situaciones, pensando que nos sentiremos mejor o peor. Por eso, después de haber añorado durante mucho tiempo un sueño, cuando finalmente este se cumple, no nos sentimos tan felices como esperábamos. Darnos cuenta de ello puede ser devastador, sobre todo si hemos empleado mucho tiempo en ese proyecto y hemos hecho que muchas de nuestras ilusiones descansen sobre esa meta. 

Por eso, aunque es cierto que debemos apuntar alto, que debemos luchar por nuestros sueños y no darnos por satisfechos, no es menos cierto que debemos aprender a disfrutar el camino. Es importante encontrar un equilibrio porque de lo contrario, corremos el riesgo de llegar vacíos a nuestra meta. 

Esto significa que mientras seguimos el camino hacia nuestros sueños, también debemos aprender a valorar lo que tenemos, aquí y ahora. No se trata de una contradicción, sino de evitar vivir con frustración, a la espera permanente de que los sueños se hagan realidad. 

Esto también significa que debemos ahorrar nuestra energía y esfuerzos. No se trata de encontrar siempre la mejor plaza de aparcamiento, a como dé lugar. En nuestro día a día, podemos deshacernos de esa tendencia obsesiva por lograr la perfección y contentarnos simplemente con una buena plaza, porque buscar continuamente la mejor opción, esa que satisfaga todos nuestros requisitos, no solo nos hace perder un tiempo valioso sino que puede ser muy frustrante.

¿Qué enseñanzas nos deja la teoría de la plaza de aparcamiento libre para la vida?

  • No temas al fracaso o a equivocarte, porque siempre podrás regresar a tu zona de confort. Recuerda que no hay peor arrepentimiento que el de los sueños que dejaste escapar porque no tuviste coraje para atraparlos en su momento.
  • Cuando se trata de grandes sueños, no apuestes inmediatamente por el “Plan B”, atrévete a arriesgar porque solo así sabrás de qué eres capaz. Cuando te obligas a dar un paso más, expandes tu potencial y das lo mejor de ti.
  • Si fracasas, no te avergüences, los errores son humanos y forman parte del aprendizaje. Simplemente acepta la experiencia, no te desanimes y ponte manos a la obra nuevamente para buscar un proyecto más realista y abordable.
  • Mientras persigues tus sueños, recuerda disfrutar el presente, porque es lo único que tienes. No dejes que la promesa del futuro te arrebate la felicidad de la que puedes disfrutar ahora mismo. Mira al futuro con esperanza, no con frustración.


viernes, 23 de octubre de 2015

¿Cómo enseñar a los niños a valorar lo que tienen?

“Si no eres feliz con lo que deseas,
con aquello que te falta tampoco lo serás”



Cuando en nuestra infancia hemos sufrido ciertas carencias, es común querer que nuestros hijos no pasen por lo mismo. Así, en ocasiones cometemos el error de darles demasiados presentes “para que nada les falte”. Sin embargo, es preciso ayudarles a comprender la fugacidad del valor de lo material y el valor que tiene todo lo que tenemos frente a lo que deseamos.

Puede ocurrir que pasemos por una tienda, les compremos un juguete hermoso, se los llevemos con toda nuestra ilusión (los padres podemos estar más felices al ver sus rostros de asombro que los niños con el juguete en si) y ellos no le den la menor importancia al regalo.

Siguen ensimismados con lo que estaban haciendo, seguramente con el móvil, la tableta o el ordenador. Eso puede desilusionarnos en primera instancia. Incluso puede hacer que nos invada la tristeza porque hemos tenido que trabajar duro para poder comprarles ese juguete, que no han sabido valorar.

Claro, tienen una habitación repleta de cosas para jugar (aunque usen una mínima parte), y por lo tanto, es muy difícil que presten atención a algo nuevo o que sean agradecidos por el gesto. Está en nosotros, como adultos, enseñarles a reconocer los sacrificios y hacer que se “ganen” lo que reciben.

Esto no quiere decir que tengan que salir a trabajar cuando son pequeños, pero sí demostrarles que en la vida, “nada cae del cielo más que la lluvia” y que para conseguir lo que desean, van a tener que hacer un esfuerzo. Puede sonar un poco fuerte para un niño en edad escolar, sin embargo, les haremos un gran favor si conseguimos que lo interioricen.

Muchas veces no nos damos cuenta de que nuestros hijos están recibiendo de todo sin prestar la más mínima atención de su procedencia, de cuánto nos costó ganar el dinero para comprarlo, de qué manera se obtienen, etc.

Por más de que nos encontremos en una buena posición económica no hay que mal acostumbrarlos a tener todo lo que desean. Nunca sabremos los reveses de la vida y si nuestras posibilidades económicas serán igual de buenas en el futuro. Ahora bien, ¿Cómo hacerles comprender en ese momento que no se puede (aunque se quiera) comprar un juguete nuevo, un videojuego o un móvil último modelo?

Enseñar a los hijos a valorar lo que tienen
Para que los pequeños se den cuenta del precio que tienen las cosas (no en cuestiones de dinero, sino en cuestiones de esfuerzo o de establecer prioridades, por ejemplo) y no se conviertan en una máquina de pedir a diario, sería bueno que:

-Tuvieran una responsabilidad en el hogar. A partir de los tres años, el niño ya puede participar en alguna de las tareas del hogar y asumir algún tipo de responsabilidad, por pequeña que sea. Al principio no vamos a dejarles que ordenen la cristalería ni que limpien las ventanas, pero sí que lleven la ropa limpia a su cuarto, por ejemplo.

Paulatinamente se les pueden ir asignando nuevas tareas, adecuadas para las capacidades que ya han desarrollado. Pero atención, lo mejor para reforzar este tipo de conductas no son las recompensas materiales, sino las palabras y el reconocimiento social, para que puedan sentirse orgullosos.

-No les compres todo lo que piden. Las anuncios en los espacios dedicados al público infantil en la televisión están diseñados para generar deseos en los niños. De hecho, presentan los juguetes como fantásticos artilugios generadores de diversión. Finalmente, si vas a hacerle un regalo que corresponde a uno de sus deseos, es mejor que lo demores un poco en el tiempo.

Tómate tu tiempo para “procesar el pedido”, verifica que sea algo que realmente quieran y que no se trata de un capricho de un juguete que vieron en televisión o que un compañero de la escuela tiene. No trates de demostrar tu cariño comprándoles cosas. Hazlo como todo padre debería, es decir, con tiempo y cariño.

Estipulen un presupuesto. Cuando los hijos ya son un poco más mayores y tienen la capacidad para conocer de precios y dinero, pueden conversar en relación a los costes de ciertas cosas que piden. Permite que ayuden en la administración del dinero y si tienes la posibilidad (y se lo merecen), puedes darles una paga periódica para que se acostumbren a administrar sus propios recursos limitados.

Por último, no caigas en el error de decir “a mis hijos nunca les falta nada”, porque el dinero o los regalos no son los que compran la felicidad ni el amor. Recuerda que “donde hay demasiado, algo está ausente. Lo que sobra no se puede reemplazar con lo que falta”.

LA MENTE ES MARAVILLOSA

jueves, 7 de mayo de 2015

Alfabeto emocional


Descubre por qué letra empiezan las conductas que producen serotonina, la hormona de la felicidad, por qué letra las actitudes positivas que desencadenan,
y por cuál las conductas que producen cortisol, la hormona del estrés, así como las actitudes negativas que generan.

Luego, piensa qué letra predomina en tu vida, y decide cuál prefieres elegir:
¿S o R?




LONGEVUS

lunes, 2 de febrero de 2015

Evitar la tendencia a la negatividad


Elsa Punset nos cuenta un truco para contrarrestar la tendencia de nuestro cerebro para fijarnos en los aspectos negativos.

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jueves, 29 de enero de 2015

Aprende a sufrir para sufrir menos



Las personas siempre intentamos construirnos una vida segura y tranquila donde queden excluidos los riesgos y por supuesto, el sufrimiento. Hay quien va más allá de este simple principio y, por miedo a sufrir o a experimentar cualquier emoción negativa, se olvida precisamente de vivir.

No hace mucho te hablamos por ejemplo de algo muy común que está ocurriendo hoy en día, personas que tras sufrir un desengaño amoroso, una traición o una pérdida, elige incluso el “no volver a enamorarse”. Se cierra puertas y, en cierto modo prescinde el vivir una parte de esa vida tan importante para el ser humano. Pero ahora bien, cada uno de nosotros somos libres para tomar nuestras propias decisiones y el modo en que deseamos pasar nuestros días, sin ser juzgados o criticados. Con esto, solo queremos dejar claro un aspecto. No podemos aislarnos del sufrimiento, es casi imposible. No podemos introducirnos en una pompa de jabón esperando que el viento o los elementos no rompan jamás esa débil protección. Tarde o temprano nos llegará una desilusión, por pequeña que sea. O una traición, con todas sus consecuencias. Una pérdida e incluso una enfermedad.. El sufrimiento forma parte del ser humano, y como tal, debemos saberlo afrontar.
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COMPRENDER EL SUFRIMIENTO PARA AFRONTARLO
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Uno de los mayores errores de nuestra sociedad es el considerar el dolor, las lágrimas o el sufrimiento como algo que debe esconderse. Mejor aguantar las lágrimas e ir al baño para que nadie nos vea. “No llores, tienes que aprender a ser mayor”, nos decían de pequeños. Entonces, nosotros aspirábamos la rabia y el sufrimiento y nos lo guardábamos en nuestro interior, como ese monstruo que era mejor no evidenciar, y a veces, del que no hablar. Y es un error. Sufrir no es algo anormal, no es una enfermedad ni un signo de debilidad. Sufrir es comprender que hay algo que no va bien y que debemos saber comprender, asumir, aceptar y afrontar. Nada más que eso.

El sufrimiento es algo común y tan normal como el aire que respiramos. Puede que en alguna ocasión te hayas encontrado con esas personas que nos dicen de pronto “¡Es que todo me pasa a mi!”, como si el dolor o el hecho de sufrir eligiera solo a determinadas personas en una exclusividad muy selecta. Pero no es así, todos experimentamos alguna vez las mismas cosas: ser despedidos en un trabajo, ser rechazados o abandonados, sufrir desilusiones, perder a alguien… el dolor no elige víctimas al azar, el dolor nos acaricia a todos por igual en algún momento pero cada uno de nosotros lo afrontamos de modo diferente.

Hay quien se deja vencer. Quien no puede y quien tiene, a largo plazo, mayores probabilidades de caer en una depresión. Otras personas sin embargo disponen de más recursos para enfrentarse a esos hechos con más o menos efectividad. Hay personalidades que tienden a interpretarlo  todo negativamente: la desgracia me persigue, no tengo derecho a ser feliz, he nacido para sufrir… en cambio otros, en lugar de interpretar el sufrimiento lo GESTIONA, y es ahí donde debemos ahondar, ahí donde cada uno de nosotros debemos desarrollar nuestras propias estrategias.

Es muy importante por ejemplo el modo en que interpretes tu padecimiento. Llorar no es un acto de dolor, es un modo de desahogarnos y una necesidad natural. Las lágrimas son algo normal y necesario. Tampoco busques culpables, porque de lo contrario, alargarás aún más tu recuperación añadiéndole al sufrimiento el componente “rabia”, con lo cual, la sensación será aún más negativa. No atribuyas  las culpas a nadie, piensa siempre en ti mismo y en cómo puedes emerger de ese abismo que ahora te ahoga. Al sufrimiento, además, se le debe comprender y no solo aceptar. Si lo aceptamos sin luchar no nos sirve de nada: “yo sé que estoy triste porque mi pareja me ha defraudado, porque me ha hecho daño”. Si lo aceptamos sin más nos estancaremos en ese dolor de por vida.

Hazle frente, asume esa decepción pero levanta la vista más allá. “Me han defraudado, sí, pero yo sé que esa persona no era capaz de hacerme feliz, sé que he hecho lo mejor y que ahora, es momento de enfocar mi vida en mi propio camino en busca de mi bienestar y mi felicidad. Porque merezco ser feliz”.

Sufrir es algo normal. No hay vida sin su pequeña cuota de sufrimiento, debemos recordarlo, de ahí que valga la pena aprender a gestionarlo para que no se desborde. Sufrir de modo continuado nos empareda en vida quitándonos el aire y haciéndonos perder todo aquello que nos rodea. E incluso a todos aquellos a quienes queremos. No vale la pena, reacciona, lucha por tu bienestar.




lunes, 24 de marzo de 2014

Con ganas de vivir, la fuerza de la vida

Panorama del Auditorio y de las distintas actividades programadas
Una representación de veinte personas del Teléfono de la Esperanza de Cantabria asistió el pasado fin de semana al Congreso "Con ganas de vivir, la fuerza de la vida" organizado por el Teléfono de la Esperanza de Asturias en al Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.

He aquí los testimonios de dos asistentes:

Qué bonitos recuerdos de ayer… Qué día más intenso... cuánta energía allí acumulada... cuántos crack allí de oradores...

Qué fácil sería hacer un mundo mejor... ¿QUIÉN ME DA UNA GOMA DE BORRAR?....Ya tenemos, el lienzo, ya tenemos las pinturas, ya tenemos los artistas. Tenemos todas las ganas del mundo mundial...pero, por favor, ¿quién sabe dónde está esa gigante goma de borrar? Qué difícil... y qué sencillo, como diría Fidel Delgado, mirémonos hacia dentro, el motor del cambio lo tenemos ahí, es nuestro CORAZÓN, y, con un poquito de amor de cada uno cientos témpanos se derretirían, cuantas corazas nos quitaríamos, cuántas cadenas se romperían y. en definitiva, cuántos  lindos amaneceres acontecerían...

SED FELICES...cuesta tan poco... Prended la mecha y que la llama se expanda.


Nunca se nos olvide este hermoso lema que usa Mario San Miguel: LO FÁCIL ES SER FELIZ, LO DIFÍCIL ES SER SENCILLO. Por favor, al menos hoy, AHORA, sed felices. Os quiero.
Nacho

Confraternizando con nuestros vecinos de costa

Conferencia de Fidel Delgado
Las instalaciones del Auditorio, antiguo depósito de agua

El congreso, fabuloso. La comida, muy bien. En las fotos que os mando veréis que los monumentos de verdad son los que están a los pies de los monumentos. Pero lo mejor de Oviedo, de este Congreso ha sido  compartirlo con vosotros.
Carlos
Degustando la gastronomía asturiana

Preparados para reforzar el corazón y las ganas de vivir

Aquí os dejamos parte de la conferencia de Fidel Delgado en el Día  Mundial de la Felicidad en Santander:




jueves, 20 de marzo de 2014

Me doy permiso para no ser una víctima.

Victim

Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presión o violencia, de las que me ignoran, me niegan un saludo, beso, abrazo...Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.

Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo ni ser la persona  dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

Me doy permiso para no entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso.
Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.

Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron en la infancia. El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No he nacido para ser la víctima de nadie. No soy perfecto, nadie es perfecto y me permito rechazar  los esquemas ajenos: un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable. Es decir: inhumano.

Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración. Me afirmo como una persona no adicta a la angustia. No espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender. Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio.

Me permito no querer saberlo todo,  para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados: las personas que se exceden en consideración resultan abrumadoras. Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.

No me esfuerzo por complacer. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.

No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.

JOAQUÍN ARGENTE


jueves, 6 de marzo de 2014

El síndrome de Adán y Eva

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Hace unas semanas que asistí a un curso sobre logoterapia (la terapia del sentido de la vida, de V. Frankl) y oí por primera vez el Síndrome de Adán y Eva. Según el conferenciante consiste en querer tener todo… y eso produce la infelicidad. Adán y Eva, que no tenían enfermedades, ni preocupaciones por la falta de comida ni de casa, ni habían perdido el trabajo, ni tenían un hijo enfermo, por poner solamente algunos ejemplos, lo perdieron todo por el hecho de dar un sentido absoluto a un hecho relativo: comerse una manzana.

En nuestra vida cotidiana también nos pasa lo mismo cuando al querer tener una casa, un coche, mayor cultura, trabajo excelente, etc. lo revestimos de un poder absoluto, y olvidamos lo que son los sentimientos (la solidaridad, el respeto hacia el otro, la libertad, la compasión, etc.) y conseguimos lo contrario de lo que intentamos: nos convertimos en esclavos de nuestras necesidades y entonces, como en el paraíso, perdemos la dignidad y perdemos lo mucho o poco que poseímos con amor.

Podemos concluir que siempre que vivimos como un valor absoluto, totalitario y definitivo los hechos de la vida cotidiana (una enfermedad, la pérdida de trabajo, un suspenso, etc.) estamos contribuyendo a nuestra infelicidad; por el contrario, cuando relativizamos el sufrimiento, el dolor e incluso la incomprensión de los demás, posibilitamos que la angustia no nos invada y podamos mirar a la vida con esperanza.

Fue lo que les faltó a Adán y Eva: mirar mas allá de sus narices y adaptarse a lo ya poseían, que era mucho. Quiero pensar que si Adán y Eva, hubieran aceptado en toda su plenitud su situación, el mundo sería otro mundo.


Alejandro Rocamora Bonilla

Psiquiatra-Cofundador del Teléfono de la Esperanza

jueves, 20 de febrero de 2014

Espantar las preocupaciones

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¿Sientes que no disfrutas los buenos momentos de tu vida porque siempre estás preocupado(a) por algo?¿Piensas casi permanentemente en el futuro de tus hijos, en problemas económicos o de salud? ¿Esos pensamientos hacen que te cueste conciliar el sueño? ¿La mayor parte del tiempo te sientes amargado por diferentes problemas?

Es necesario que aprendamos a liberarnos de esos pensamientos negativos y que aprendamos a vivir plenamente, aprovechando todo lo bueno que la vida tiene para ofrecernos. Si te sientes abrumado(a) por las preocupaciones, este artículo es para ti.

¿Por qué nos preocupamos tanto?

Muchas personas se preocupan porque creen que esta es la mejor manera de prevenir o resolver los problemas. Sienten que si no se preocupan, están siendo irresponsables. Si no piensan en los problemas o posibles problemas, éstos aparecerán y traerán graves consecuencias.

Si bien es cierto que un cierto grado de preocupación nos ayuda a evitar o resolver algunas situaciones, la preocupación exagerada, la que nos impide relajarnos para disfrutar de un bonito día de sol o de una fiesta, no aporta nada positivo a nuestra vida, sino todo lo contrario.

No es útil preocuparse cuando…

…se trata de una situación del pasado. Es obvio que no se puede hacer nada para cambiar lo que ya sucedió. Lo que sí se puede hacer es aprender del error o intentar mejorar las consecuencias en el presente, pero no se puede modificar el pasado.

…es un problema que no tiene solución, o cuya solución no está en nuestras manos. Si no podemos hacer nada al respecto, la preocupación no tiene sentido, ¿verdad? Claro, no es tan sencillo, pero debemos hacer el esfuerzo de abandonar esos pensamientos negativos e improductivos que nos amargan el día.

…es un problema que tiene solución. Si puedes hacer algo respecto del problema que te preocupa, entonces deja de preocuparte y ponte manos a la obra. En otras palabras: haz lo que tengas que hacer. Si la solución no está en tus manos, luego de hacer todo lo que esté a tu alcance, deja de preocuparte, pues ya hiciste todo lo que podías.

Claves para dejar las preocupaciones de lado

Este es un ejercicio que puede ayudarte a mirar los problemas con mayor objetividad y a lograr que las preocupaciones no invadan tus pensamientos permanentemente.

1. Primero, describe el problema que te preocupa, con lujo de detalles.

2. Luego, escribe todo lo que crees que podría suceder.

3. Lee lo que has escrito y trata de pensar objetivamente. ¿No estarás exagerando un poco sobre las consecuencias que podría tener el problema?

4. Intenta pensar en lo que diría de esto la persona que más admiras. ¿Cuáles son las diferencias, en comparación con lo que tú piensas?

5. Tacha lo que quizás podría ser un poco exagerado y, probablemente, verás que el problema no es tan grave como parecía en un principio.


Y para finalizar, algunos otros consejos para minimizar las preocupaciones y disfrutar de la vida:

- Enfócate en los pensamientos positivos. Cada vez que te sientas preocupado por algo, concéntrate en cambiar ese pensamiento por uno positivo.

- Disfruta lo que sí tienes y agradécelo. Todos tenemos razones para sentirnos bien; solo es una decisión que debes tomar: enfocarte en aquello que sí tienes y no en lo que te falta. Los motivos para ser agradecido son muy personales, pero puedes disfrutar y agradecer, por ejemplo, el hecho de tener un hogar, una familia, que puedes sentir el sol en tu rostro, que puedes disfrutar de una ducha caliente, entre muchas otras cosas más.

- Ten la seguridad de que cualquier problema que se presente, podrás resolverlo o superarlo. La preocupación muchas veces viene del miedo. El miedo nos hace ver cada problema más grande de lo que realmente es. Una clave: vernos y sentirnos nosotros mismos más grandes que el problema en cuestión. Para ello es necesario tener confianza en uno mismo y saber que no hay adversidad que no seamos capaces de superar.

- Busca ayuda. Si en verdad te sientes tan agobiado por las preocupaciones y los problemas que no puedes ser feliz por eso, a pesar de haberlo intentado, quizás sea el momento de buscar ayuda profesional.

Y nunca olvides lo siguiente: aunque a veces nos cueste ver esto con claridad, estar bien y ser feliz son decisiones que se toman. Debemos hacernos conscientes del gran poder que está dentro de cada uno de nosotros. Cuando nos proponemos algo, solo debemos tener confianza en que lo podemos lograr y hacer lo que corresponda para conseguirlo.



martes, 15 de octubre de 2013

Lo urgente y lo importante


Dark+Sky+Over+A+Blue+Sea
 
EL FRASCO DE MAYONESA Y CAFÉ

Cuando las cosas en la vida parecen demasiado, cuando veinticuatro horas al día no son suficientes... Recuerda el frasco... de mayonesa y café.

Un profesor delante de su clase de Filosofía sin decir palabra tomó un frasco grande y vacío de mayonesa y procedió a llenarlo con pelotas de golf.

Luego les preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.

Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco de mayonesa. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf.

El profesor volvió a preguntar a los estudiantes si el frasco estaba lleno, ellos volvieron a decir que sí.

Luego...el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco. Por supuesto, la arena lleno todos los espacios vacíos, así que el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión, los estudiantes respondieron con un 'sí' unánime.

El profesor enseguida agregó dos tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:

'QUIERO QUE SE DEN CUENTA QUE ESTE FRASCO REPRESENTA LA VIDA'.
Las pelotas de golf son las cosas importantes, como tu pareja, los hijos, la salud, los amigos, todo lo que te apasiona.

Son cosas, que aun si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas.

Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el auto, etc.

 La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas.

 Si primero ponemos la arena en el frasco, no habría espacio para las canicas ni para las pelotas de golf.

Lo mismo ocurre con la vida.

Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad.

Juega con tus hijos, tómate tiempo para asistir al doctor, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita.

Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua.

Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan.

Establece tus prioridades, el resto es solo arena.

Uno de los estudiantes levantó la mano y pregunto qué representaba el café.

El profesor sonrió y dijo:

'Qué bueno que lo preguntas... Sólo es para demostrarles, que no importa cuán ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo.'

PSICOLOGÍA EMOCIONAL

jueves, 3 de octubre de 2013

Vivir para sentirse vivo

Dream

Albert Bosch, aventurero de profesión, es el autor de un libro de desarrollo personal en el que aconseja cómo vivir la vida a partir de su última aventura en la Antártida.

En el libro y en esta entrevista habla sobre la felicidad y sobre los retos.

Destacamos la frase de Pep Busquets, piloto parapléjico al que acompañó al París Dakar:

"La silla la tengo en el culo, no en la cabeza"

jueves, 19 de septiembre de 2013

¿Los españoles somos menos felices?


Un estudio de la ONU ha medido la felicidad del mundo.
Una buena excusa para preguntarnos:

¿Qué es la felicidad?
¿Es el bienestar personal?
¿Es lo mismo que la alegría?
¿O es un estado interno independiente de las circunstancias?

 Escucha una tertulia sobre la felicidad en RNE


LA FELICIDAD COTIZA A LA BAJA EN ESPAÑA
  • Un informe de la ONU destaca la importancia de este sentimiento en el progreso
  • Los ciudadanos felices viven más, son más productivos y más cívicos
  • El nuestro es uno de los países que se ha 'entristecido' en el último lustro
  • El documento destaca la crisis económica y la corrupción en España
  • Dinamarca, Noruega y Suiza, los países más felices
Tal vez los especialistas de la ONU no conozcan la letra de la mítica canción de Palito Ortega ('la felicidad... ah, ah, ah, ah'), pero sí son conscientes de la importancia de una ciudadanía feliz y así se lo acaban de recordar a las autoridades mundiales en un extenso informe que subraya el valor de la felicidad como ingrediente clave del progreso.
La gente feliz es más longeva, más productiva y más cívica. Ése es el principal mensaje del 'Informe Mundial de la Felicidad 2013' que acaba de dar a conocer la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y que no pretende ser un mero ranking de países dichosos -una clasificación en la que, por cierto, España figura en el puesto 38, de un total de 156, aunque con una importante pérdida de felicidad-.
El documento, liderado por John Helliwell, de la Universidad de British Columbia (y avalado por el secretario general, Ban Ki-moon), subraya la importancia de la felicidad como un componente clave en el desarrollo social y económico; y recuerda que el bienestar de los ciudadanos puede ser vital para el progreso de las naciones.
Por eso, más allá de la clasificación de países felices (que encabezan Dinamarca, Noruega, Suiza, Holanda y Suecia), el informe de más de 150 páginas analiza el impacto de factores como el PIB, las expectativas de vida, tener pareja, la corrupción política, la libertad o la generosidad en la felicidad individual ("la gente en la calle parece más buena...", que diría la canción).

Los PIGS, más infelices

Pero además de la foto fija, el documento de Naciones Unidas analiza la oscilación de los niveles de felicidad en el tiempo y advierte de que 41 países son más tristes ahora que hace cinco años. Entre ellos, han adivinado, España (a la que se suman otros siete países europeos, como Grecia, Portugal e Italia; pero también algunas regiones del norte de África y Oriente Medio agitadas por la inestabilidad política).
El nuestro es uno de los estados en los que los niveles de felicidad más han descendido en 2010-2012 con respecto a una encuesta similar llevada a cabo en 2005-2007. Otros 29 países se mantienen estables y 60 naciones han mejorado su dicha (con algunas regiones Subsaharianas y Sudamericanas entre las que más han mejorado).
Que España sea hoy un poco menos feliz no es casual y los analistas evalúan en particular la situación que compartimos con griegos, portugueses e italianos. "Los ciudadanos de estas cuatro naciones, las más golpeadas por la crisis en la Eurozona, perciben que han perdido libertad para tomar decisiones clave en sus vidas", puede leerse en el documento. "La crisis ha limitado sus oportunidades y se percibe un aumento de la corrupción en la política y los negocios; y un descenso de apoyo social y generosidad", añade.
El trabajo también destaca el elevado porcentaje de pacientes en tratamiento por problemas de ansiedad y abuso de sustancias en nuestro país en el capítulo dedicado a la importancia de la salud mental como un ingrediente más de la felicidad individual. "Incluso en los países desarrollados, un tercio de los pacientes con enfermedades mentales no recibe tratamiento", denuncia el informe. "Existen tratamientos asequibles y eficaces para la depresión y la ansiedad y si estuviesen disponibles [para quienes los necesitan], el mundo sería un lugar más feliz".
Precisamente el documento concluye que el mundo puede presumir hoy de mayores niveles de felicidad que hace cinco años, gracias en parte al empuje de algunos países caribeños, asiáticos y latinoamericanos. Sin embargo, "la crisis económica y el gran aumento del desempleo" han hecho que España y sus vecinos del sur de Europa hayan perdido, al menos en parte, su sonrisa.
Autor: María Valerio