Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia emocional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inteligencia emocional. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de abril de 2016

8 señales que indican tu crecimiento emocional

La seriedad no es signo de madurez.
La madurez es saber reírse de la vida, pero tomarla en serio cuando es necesario.


El hecho de añadir más y más velas al pastel de cumpleaños no son indicadores de que nuestra madurez aumente. Tampoco de haber crecido en lo emocional o o de haber ganado habilidad con aquellas cosas que nos hacen perder el equilibrio.

La mayoría tenemos una tendencia a castigarnos por los errores que cometemos, antes que felicitarnos por los logros que alcanzamos. Siendo muy duros con nosotros mismos (más que con cualquier otra persona) y centrándonos únicamente en los fracasos y no en los aciertos.

Esto puede deberse a la sociedad en la que vivimos o el siglo que nos ha tocado en suerte. Solemos desmotivarnos rápidamente cuando algo no sale como esperábamos.

No valoramos lo que hacemos bien. No contamos con la paciencia suficiente para seguir adelante y no prestamos atención a los pequeños cambios.

De vez en cuanto vale la pena detenernos en la vorágine del día a día para hacer una lista con todo aquello que hemos logrado. No para pecar de arrogantes, sino para darnos cuenta de cuanto hemos crecido emocionalmente.

Señales de que hemos madurado emocionalmente
Algunas señales que nos indican que podemos sumar velas al pastel de cumpleaños mental son:

  • Dejas ir lo que te hace mal: Es muy importante aprender a retirar de nuestra vida lo que nos daña, lo que no nos ayuda a seguir o nos ata al pasado. Esta habilidad es clave para alcanzar el éxito en cualquier cosa que emprendamos. Reconocer a las personas tóxicas ya es un gran paso.
  • Aprendes de los errores: ¿Quién dijo que equivocarse ha de convertirse en un flagelo para toda la eternidad? De los fallos podemos sacar muchas enseñanzas. De nada vale aspirar siempre al perfeccionismo obsesivo. Es bueno equivocarse y saber qué cosas no volver a repetir. Esto cambia completamente nuestras perspectivas y nos ayuda a emprender nuevos proyectos; esta vez, más exitosos y ambiciosos. ¿Por qué? Porque la experiencia nos guía.
  • Evitas las quejas: esta es sin dudas una de las señales más destacadas de haber crecido emocionalmente. Las personas que se lo pasan todo el día criticando por que si lo único que logran es aumentar la negatividad y el pesimismo a su alrededor. Aprender a “no llorar sobre la leche derramada” hace a una persona madura. Si actúas o resuelves más y te quejas o lloras menos, es porque estás creciendo.
  • Celebras los éxitos ajenos: Aplaudir y ponerte feliz, de verdad, cuando al otro le va bien, es sinónimo de madurez. Esto quiere decir que no lo envidias, que comprendes que se ha esforzado mucho y que eres capaz de reconocer el trabajo de los demás.
  • Tienes relaciones menos conflictivas: No quiere decir que todo será “amor y paz” pero si que no te lo pasarás peleando y discutiendo. Ya ha pasado esa etapa de querer llevarte el mundo por delante a cualquier coste. Has aprendido a ponerte en el lugar del otro, a intentar llegar a un acuerdo antes de confrontar, que las peleas son una pérdida de tiempo y que mejor es buscar una solución en conjunto. Además, te has dado cuenta de que es mejor tener tranquilidad que razón.
  • No temes pedir ayuda: hasta hace un tiempo (cuando aún no habías crecido en lo emocional), considerabas que solicitar ayuda era una forma de mostrar debilidad y que tú no podías permitirlo. Sin embargo, ahora has comprendido que es una señal de confianza en el otro, por ejemplo. No puedes hacer todo tu solo siempre, es bueno ser humildes y reconocer que no se sabe algo o se necesita ayuda.
  • Sabes lo que quieres: La incertidumbre del futuro ya no es una regla, sino la excepción. Eres más consciente de lo que deseas lograr en tu vida y hasta en qué momento. Al estar más seguro de ti mismo estableces las reglas de tu destino y conoces a ciencia cierta lo que esperas del mañana.
  • No te importa lo que digan los demás: El qué dirán muchas veces te ha desvelado, pero ahora estás en otra etapa. Únicamente te interesan las opiniones de aquellos que te quieren ayudar y desean verte bien. Es decir, las “críticas constructivas” de los que te rodean (porque además ya te has alejado de las personas tóxicas).

jueves, 10 de marzo de 2016

jueves, 12 de noviembre de 2015

Cómo encajar los golpes (en memoria de Bernabé Tierno)


Hace unos meses, fallecía el psicólogo y autor Bernabé Tierno. Tenía 75 años y había estado luchando contra un cáncer óseo y una metástasis de pulmón con la entereza y sabiduría que él mismo transmitía en sus obras.

De Bernabé Tierno nos llevamos sus más de 60 libros publicados, además de todas las conferencias y cursos que ha impartido. Por todo lo que me ha aportado a nivel profesional y personal, hoy redacto este artículo en forma de homenaje a uno de los psicólogos más prestigiosos de España.

Recuerdo Karate Mental como uno de los libros que más me han influido y por lo tanto, del que voy a hablar ahora. Cuando lo leí, me sorprendió el darme cuenta de la capacidad que tenemos los seres humanos para controlar nuestra propia mente, y en consecuencia, para controlar nuestras reacciones, nuestras emociones. Nos creemos que estamos a merced de lo externo: de la pareja, de los compañeros del instituto, de la familia, del jefe…y en realidad, somos esclavos de ellos porque nosotros mismos decidimos serlo.

Bernabé nos enseña en esta obra el poder de la inteligencia emocional, y especialmente, el de las palabras para cambiar casi cualquier circunstancia problemática.

Para ello se inspira en la sabiduría y filosofía oriental, transmitiendo que con la prudencia, la paz y la paciencia se consiguen muchas más victorias que con la fuerza o la visceralidad y que es el amor y el positivismo el motor del cambio.

Se ha demostrado científicamente que una palabra tóxica, una mala noticia o un lenguaje negativo pueden producir tanto daño como una agresión física, y al contrario, palabras positivas y tónicas pueden funcionar como un bálsamo. El problema es que en nuestra sociedad, cada vez más, estamos rodeados de gente tóxica, de estrés y dolor, provocado, en su mayoría, por nosotros mismos. Por ello es tan importante convertirse en un karateca mental.

Ser un karateca mental consiste en aprender a ser como una roca, de manera que seamos conscientes de que está en nosotros la llave para que la toxicidad nos afecte o no. Está claro que no podemos controlar los pensamientos ni las acciones de los demás, pero por supuesto que podemos controlarnos a nosotros mismos.

La clave está en desarmar a la persona tóxica, esa persona infantil e inmadura que quiere proyectar en nosotros sus problemas y su amargura. Bernabé nos enseña que tenemos un poderoso antídoto para actuar ante estas personas imposibles: demostrarles que no tienen poder alguno sobre nosotros, que no van a controlar nuestros sentimientos ni nuestra vida.

Si, por ejemplo, mi compañero de trabajo me quiere tocar las narices cada día y yo le demuestro que tiene el poder para hacerlo porque me enfado, me entristezco o me enervo a causa de su comportamiento hacia mí, lo que estoy haciendo es reforzar que vuelva a actuar de la misma forma conmigo, porque le estoy dando lo que quiere: las personas amargadas y tóxicas necesitan que los demás estén también mal.

“El brillo que generas molesta a los que viven en la oscuridad”

Bernabé hace hincapié en la gestión emocional como clave del crecimiento personal. Desde el sosiego, la calma y la paz, se consigue casi todo y es desde el estrés y la impulsividad donde se quiebran los proyectos, las relaciones con los demás y nuestra propia salud mental. Dejemos de autoboicotearnos.

Es, por lo tanto, muy importante aprender a ser emocionalmente inteligentes, abandonar las formas primarias y viscerales que no solucionan nada, si no que causan aún más problemas, y sustituirlas por la empatía, la comprensión y la dulzura. Con la práctica, nada ni nadie tendrá el poder de perturbarte ni de hacerte entrar en cólera. Serás dueño de ti mismo, sin depender de los pensamientos ni las palabras del adversario.

El concepto que debemos tener muy claro es “yo gano-tu ganas”. No se trata de enfrascarse en competiciones imaginarias, ni en vencer a nadie. Consiste en aceptar al otro como una persona válida que tiene sus propias convicciones y creencias y que, aunque no las compartamos, podemos entenderlo y negociar.

Si estamos seguros de nosotros mismos, sabremos reconocer cuando el otro tiene razón, sabremos aceptar que cometemos errores y que esto no es ningún problema pues es el camino al aprendizaje y sabremos abordar cada problema con calma y tranquilidad, sin perder nunca el control. Sorprendentemente, con esta actitud, ganaremos más amor, empatía y comprensión por parte de los demás.

¿Conformismo? Nada de esto. Un buen karateca mental tiene muy claro lo que quiere y desea, es firme en sus convicciones pero también sabe ponerse en el lugar del otro y es suave en las formas. Practica la “ley de lo opuesto”, es decir, ante la furia y la ira del contrario, aplica lo opuesto: un rostro sereno, modales correctos y mirada firme. Nuestra paz interior es tan importante que no podemos perderla por las reacciones de otra persona, ¡no lo podemos permitir!

Si quieres ser un buen karateca mental y no dejarte atormentar por las bravuconadas y reacciones infantiles de otros, te recomiendo que leas este libro y practiques las ideas que en él se exponen. Quizás con esta filosofía te empiece a cambiar la vida como en su día me la cambió a mí.

Descanse en paz, maestro.

LA MENTE ES MARAVILLOSA