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lunes, 27 de junio de 2016

Quien te enfada te domina


“Quien te enfada te domina”… Piénsalo bien, o ¿no es verdad? Cuando algo no ha sucedido como queríamos o alguien no ha respondido como esperábamos, cuando nos ha molestado el comportamiento de una persona o lo que nos ha dicho, solemos expresar lo que sentimos con expresiones como “me has hecho enfadar”, “me has hecho daño”, “me has cabreado…”

Si nos paramos a reflexionar sobre ello y decidimos profundizar, la traducción de nuestros mensajes viene a ser algo tal como “tú eres el culpable de cómo me siento”, “tú eres el responsable de que yo esté así” o “tú me has perjudicado”, es decir, yo estoy mal por tu culpa.

No concedas el poder sobre ti a los demás

Si alguien nos enfada es porque le hemos concedido el permiso para hacerlo, pues en realidad cuando alguien nos enfada, lo que internamente resuena en nuestro interior es “lo que tú piensas sobre mí, es más importante que lo que yo pienso sobre mí”. Piénsalo.

En estos casos, la responsabilidad de cómo nos sentimos, la dirigimos hacia los demás, es decir hacia afuera. Por lo que dependiendo de los demás, así nos encontraremos nosotros.

Resulta que en lugar de hacernos cargo de nuestras emociones y sentimientos, de dirigirnos hacia dentro y asumir la responsabilidad de lo que sentimos, otorgamos el poder o el consentimiento a los otros. Porque nadie te enfada sin tu consentimiento ¿o no?

Y es cierto, que asumir todo el peso que conlleva un enfado o una molestia es algo complicado y que cuesta… y más si estamos acostumbrados a poner nuestro foco fuera. Sigue siendo más fácil, culpar al compañero y que sea el quien intente lidiar con nuestro cabreo, que nosotros mismos… pero así nunca llegaremos a conectar con nuestro interior.

Si no aceptamos el regalo, seguirá siendo de la otra persona

En ocasiones, echar balones fuera o culpar a los demás de cómo nos sentimos sucede porque nos encontramos movidos por nuestro ego, el cual, a modo de resumen consiste en identificarnos con lo que tenemos, lo que hacemos y cómo nos valoran.

Una vez que nos hemos alejado del ego y lo hemos dejado aparcado, comenzamos a tomar más responsabilidad tanto de nuestros pensamientos y comportamientos, como de nuestras emociones, y nadie nos puede hacer daño; porque consideramos que aquello que somos está mucho más allá de los bienes materiales, nuestros actos o de la opinión ajena.

Para ello podemos ayudarnos pensando que cuando alguien nos insulta o hace algo que no nos gusta es como si nos estuviera ofreciendo un regalo. Si no lo aceptamos, el regalo seguirá siendo de la persona, mientras que si lo aceptamos lo recogeremos. En última instancia, la decisión será nuestra.

Así, los insultos, las provocaciones o incluso las acciones de otros, son como esos regalos, que nosotros elegimos si aceptar o no; por lo que no podemos culpar a nadie de nuestra decisión, tan solo podemos responsabilizarnos de nuestra actitud, de nuestra elección.

No podemos cambiar a los demás, pero sí nuestra actitud

Tenemos que tener en cuenta que el choque de las expectativas que nos hemos formado con la realidad, también puede ser un detonante de nuestra molestia, pues las cosas no han pasado como imaginábamos.

No podremos controlar las circunstancias ni tampoco a las personas, pero sí que podemos controlar nuestra respuesta. Por lo que no podemos cambiar lo que alguien dice de nosotros o lo que hace y nos molesta, pero por supuesto que podemos cambiar la actitud con la que enfrentamos la vida.

La responsabilidad asusta, pero es la que nos permite ser dueños de nuestra vida. Reconocer nuestras emociones y sentimientos y hacerse cargo de ellos, nos otorga la libertad de conocernos y elegir nuestra actitud ante la vida.

Reconocer que ” yo soy el que elige” y que ” yo soy el que determina el valor que una experiencia tiene para mí ” es algo que enriquece pero también atemoriza.
-Carl Rogers-

LA MENTE ES MARAVILLOSA

domingo, 1 de mayo de 2016

"Sólo respira": una ayuda para manejar las emociones


“SOLO RESPIRA”, un precioso cortometraje que ayuda a niños y adultos a manejar sus emociones
La vida no solo nos duele a los adultos. Los niños también se estresan, se irritan o se sienten dolidos. Este cortometraje nos da una lección sobre esto, pues con frecuencia lo que ocurre es que castigamos la expresión y gestión de las emociones negativas desde la más tierna infancia.

No nos damos cuenta, pero los elementos que ponen en marcha la maquinaria de nuestra vida moderna, los ambientes artificiales, las prisas la forma en la que dormimos, comemos y el aire que respiramos pueden llegar a ser verdaderos puñales emocionales.

Sea como sea, es obvio que si aprendemos a gestionar todos esos “contratiempos” que dificultad nuestro desarrollo emocional y que pueden dañarnos, lograremos tolerar mejor las circunstancias de un entorno desfavorable.

Este cortometraje promueve la conciencia emocional como un vehículo primario para cambiar nuestro modo de vivir nuestras experiencias sentimentales. Los niños hablan de lo que les hace sentir enfadados, tristes o culpables, de cómo reaccionan y de la manera que tienen de transformar sus sensaciones en positivas.

Para realizar este trabajo de manera completa necesitamos también hablar de lo que nos produce alegría, placer y orgullo, así como de la manera que tenemos de comprenderlos y controlarlos.

Ejercitar nuestro cerebro pensante y saber ponerle palabras y expresión a nuestras emociones nos ayuda a desarrollarnos y a tener éxito en nuestra vida. Porque, si no sabemos hacerlo, probablemente se vuelva en nuestra contra y nos haga vulnerables ante nuestro mundo interno.

Es decir, el vídeo nos muestra cómo traducir nuestras emociones a palabras es una parte vital de su comprensión dado que las palabras se conectan con los sentimientos en sí mismos y las respuestas psicofiosológicas que generan.



En el corto vemos cómo los niños son capaces de alejarse de la situación y mantenerse en el aquí y ahora a través de estrategias de calma que saben definir a la perfección. Es, sin duda, un vídeo con un excelente componente educativo que podemos aprovechar niños y adultos.

El aprendizaje de la gestión de emociones
Las personas podemos aprender el lenguaje de las emociones a cualquier edad. Lo que ocurre es que, como sucede con el aprendizaje de otros idiomas, lo hablan con mayor claridad aquellos que lo han aprendido de jóvenes.

Pero con lo que nos tenemos que quedar es con eso, que la identificación y la comunicación emocional puede aprenderse y que es un aspecto esencial para obtener relaciones íntimas y satisfactorias.

Una persona que “sabe hablar y escuchar” en esos términos es una persona que puede sintonizar e interpretar una esfera más de la comunicación intra e interpersonal.

Según los datos que aporta Shapiro Lawrence, la comunicación y la gestión emocional componen el 90% de nuestras experiencias vitales. Asimismo, aprender a fomentar la calma, aprender a manejar la expresión facial, la postura, el tono de voz y nuestros gestos es esencial, pues solo el 7% por ciento del significado emocional se expresa por las palabras.

Algunos puntos clave a recordar sobre el control emocional
Enseñar y aprender estrategias de control emocional como la respiración, la evocación de imágenes agradables o la relajación a través de música o palabras clave, es primordial. ¿Por qué? La respuesta es sencilla y alude a una razón principal: la ira y la agresividad son dos de los problemas emocionales más comunes hoy en día entre los humanos

La ira y su expresión son alternativas emocionales peligrosas y, por lo tanto, saber resolver un conflicto tratando las emociones que se generan en él es fundamental para garantizar el bienestar social y personal de la comunidad en la que vivimos.

Hacerlo así nos ayuda a “curar nuestra cerebro emocional”, pues conseguimos mantenerlo en equilibrio y que los niveles de cortisol (hormona del estrés) y otras sustancias no dañen nuestro cuerpo ni nuestro cerebro. Por todo esto, merece la pena extraer la enseñanza de cada segundo de este maravilloso vídeo.

LA MENTE ES MARAVILLOSA

lunes, 21 de marzo de 2016

¿Cómo manejar una emoción muy intensa en el momento?


Siempre es más fácil aconsejar que hacer para resolver un problema, para solucionar un malestar, a corto-largo plazo, pero la gran pregunta es que se puede hacer en el momento en el que la emoción aparece de forma extrema,  ¿Cómo consigo controlarme en ese momento? Y aquí ya no se trata de resolver el problema, sino de intentar evitar que esa emoción nos controle o nos haga hacer algo que no queremos. Se trata de algo inmediato y a muy corto plazo, algo que ocurre rápido y a veces más rápido de lo que podemos controlar.

Hoy nos centraremos en ese momento, en cómo manejar esa emoción instantánea cuando aparece.

La habilidad de controlar una emoción intensa se entrena, la capacidad la tenemos todos pero muchas veces simplemente no se nos ha enseñado de pequeños a utilizarla o hemos preferido ignorar lo que sentíamos por miedo a encontrarnos peor. En ocasiones lo que hacemos para sentirnos mejor puede ser erróneo y en realidad empeorar la situación. Pero una vez conocida la estrategia es cuestión de práctica que absorbamos esa forma de enfrentarnos a las cosas y se vuelva automática.

LOS PASOS:

Estos pasos están especialmente recomendados para aquellas personas que tienen dificultades tanto expresando, como sintiendo o manejando las emociones, factores que hacen que esta se vuelva menos controlable y en ocasiones más intensa, pero sin embargo sirven igual para cualquier persona. Para manejar la emoción sí o sí vamos a tener que afrontarla de forma directa, y es cierto, tal vez sentir ese malestar un poco más intenso durante unos segundos hasta que la controlemos, pero intentar evitar ese malestar solo hace que luego salga por otro lado y que no controlemos lo que nos ocurre.

  1. SIÉNTATE CON TU EMOCIÓN: Esto quiere decir que aceptes que esta, que te sientes un momento con ella, para observarla, sentirla. Toda emoción tiene una función, nos dice algo sobre nosotros, sobre los demás o sobre la situación que nos rodea, es importante no ignorarla, porque por algo estará ahí. El cuerpo no crea las emociones porqué sí, estas evolutivamente se han ido desarrollando porque tienen una función adaptativa (cuanto son bien manejadas) en nuestras vidas. Observar tu emoción, sentirla, es el primer paso a llevar a cabo.
  2. PONLE NOMBRE A LA EMOCIÓN, ETIQUETALA: el segundo paso es identificar que emoción sientes, dónde y cómo la sientes. Adéntrate en ella, analízala porque seguro que te está transmitiendo información. ¿Es enfado?, ¿Ira?, ¿Miedo?, ¿Frustración?, ¿Qué es lo que sientes? Ponle un nombre. ¿Sientes una o más emociones a la vez?
  3. UN SENTIMIENTO O EMOCIÓN SOLO ES ESO: Recuérdate que es tu cuerpo diciéndote algo, nada más. No le des más poder o importancia de la que tiene. Las emociones son eso, pero piensa que en ocasiones no son la realidad (podemos ofendernos por ejemplo por un malentendido y la realidad es que aunque nos sintamos como si fuera así nadie nos había insultado). Ten eso en mente, una emoción es TU realidad, pero se consciente de que influyen muchas variables. La emoción es eso, no la trates como nada más. Es importante, sí, pero nos dice cosas sobre un estado nuestro, y en ocasiones no sobre lo que nos rodea.
  4. LLORA SI ES NECESARIO: Vivir la emoción implica dejarla salir, sentirla plenamente. Llora, abraza una almohada o lo que necesites, si la emoción no sale, nos saboteará por dentro. La emoción nos permite liberar nuestro malestar y debemos dejar que así lo haga.
  5. PIENSA QUE NO DURARÁ PARA SIEMPRE: Recuérdate que es una situación temporal, que no vas a sentirte así siempre, que cambiará y la emoción una vez vivida disminuirá. Ninguna emoción dura para siempre. Si no la vives, si que se quedará dentro de ti. La emoción nos controla y toma poder sobre nosotros cuando nos negamos a aceptarla. Aceptándola retomamos el control.
  6. IMAGINA LA EMOCIÓN COMO UNA OLA: Visualiza como la emoción recorre tu cuerpo, como pasa y se manifiesta por ti. No como parte de ti sino como algo que se manifiesta en ti por algo que ha ocurrido y con un fin. Tú eliges en este momento dejar que esa ola te atraviese, ni la ola te absorbe ni la intento controlar, yo decido permitirle manifestarse.
  7. CÉNTRATE EN LA RESPIRACIÓN: Ésta te permitirá una vez manifestada recuperar el control y disminuir tu activación fisiológica. Si te es más fácil pues también cerrar los ojos. Céntrate en la respiración, intentando respirar lentamente, empezando con un ritmo normal e intentando ralentizarla. Nos referimos a la respiración abdominal o diafragmática (podéis encontrarla explicada en este siguiente artículo). Seguimos aceptando y sintiendo la emoción pero a la vez que respiramos vamos induciendo otras emociones positivas para acompañar a la negativa, por ejemplo sentimientos de claridad, decisión, fuerza para tolerar esa emoción. Nos sentimos fuertes para afrontar la situación y nos decimos mentalmente que todo irá bien y que vamos a saber afrontar la situación, que esa emoción no puede hacernos daño. Debemos seguir repitiendo el ejercicio hasta sentirnos mejor.
  8. SIENTE Y PROCESA DE NUEVO: La mayoría de emociones, si son muy intensas necesitaran ser sentidas y procesadas más de una vez, cada vez las manejaremos mejor y las toleraremos con menos consecuencias. Una vez hayas escuchado lo que la emoción tiene que decirte ella misma por si sola irá desapareciendo. Puedes evitar escuchar tus sentimientos en ocasiones y distraerte pero debes saber que en algún momento volverá porque no la habremos procesado adecuadamente.
 Una vez has seguido estos pasos puedes seguir con procesos menos inmediatos (son posteriores y requieren del procesamiento emocional primero) como:

  • Evaluar las distorsiones cognitivas que pueden haber influido en esa emoción (si las hay).
  • Sustituir la emoción por una incompatible.
  • Evitar hacer cosas que empeoren nuestro estado, por ejemplo las que se enumeran en este artículo.
  • No intentes reprimir tus pensamientos,
  • Si tu emoción es tan intensa que te causa un ataque de pánico, aquí te enseñamos a manejarlo.
  • Si después de todo esto no te queda más remedio que discutir con otra persona, algunos consejos te pueden servir.
  • Y como siempre, ¡practica muchos ejercicios de relajación!
Otros factores a tener en cuenta….

Mi recomendación personal es que cuando uno tiene una emoción tan intensa debe evitar meterse en situaciones que sean negativas pues se sumarán y detonarán lo que sentimos. Por ejemplo si yo estoy muy enfadada lo peor que puedo hacer es ir ese día a hablar con mi jefe a decirle que no estoy de acuerdo con un informe, tal vez deba esperar a haber trabajado esa emoción porque sino podría salir en esa situación y perjudicarme en mis objetivos.  Así pues retirarme de situaciones que puedan implicar una explosión o un bajo control de mi conducta en ese momento es una buena idea también.

Pagarlo con los demás (de forma descontrolada) tampoco es una buena idea, si yo trabajo mi emoción y decido que la otra persona merece que le diga lo que pienso o le pida un cambio de actitud eso está muy bien. Pero deberé hacerlo habiendo pensado lo que quiero decir y porqué y elegir un momento en el que yo no esté alterada.

Posponer la toma de decisiones es importante. En un estado emocional muy fuerte podemos llegar a ser impulsivos e irresponsables y acabar haciendo algo de lo que nos arrepintamos. Ese no es el momento de emprender cambios o tomar decisiones que muy seguramente serán precipitadas.

Busca apoyo si necesitas hablar, aunque el trabajo es personal, en ocasiones (y sin que una cosa quite la otra) podemos buscar ayuda en una amiga o familiar.

A mucha gente le sirve también escribir lo que sienten en papel, dejar que así salgan los pensamientos y emociones.

Cuando uno está mal debe permitirse estarlo, no ser duro o exigente con uno mismo. Tener una emoción no nos hace débiles, al contrario la función de la emoción (si la manejamos bien) es hacernos más fuertes. Nunca debes sentirte mal por tener una emoción o sentirte así, pues eso no es signo de debilidad.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Las trampas del pensamiento


Como psicóloga estoy acostumbrada a trabajar los malestares emocionales asociados a la falta de control sobre nuestros pensamientos, lo cuál acaba repercutiendo en la forma en que nos sentimos y nos comportamos. Para entender como construye la mente estos patrones mentales, parto de la premisa sobre la que se sustenta la psicología cognitivo conductual que yo practico: “Lo único que determina que mi estado emocional sea uno u otro es el pensamiento. Así como pienso, siento y por consiguiente, así como siento, me comporto”. Es decir, Pensamiento, emoción y acción son eslabones de la misma cadena, alterando uno de los tres se modifican los otros dos. Aunque no siempre es así, esta corriente psicológica, nos invita a conocer de una manera clara y sencilla cómo es el patrón de comportamiento del ser humano.

TRAMPAS DEL PENSAMIENTO

El pensamiento, la parte cognitiva de nuestra mente, es el principio de todo. Forma parte de una compleja maquinaria mental que nunca descansa, pero con una capacidad muy valiosa: su plasticidad. ¿Qué significa que la mente sea plástica? Significa que entrenándola podemos hacer con ella lo que queramos. Sabiendo esto, ¿por qué no utilizarla para sacar el máximo beneficio?.

Los pensamientos negativos generan una enorme cantidad de malestar, su manifestación común es la ansiedad. La mente se encuentra ante un conflicto al que no sabe darle solución y los mecanismos de alerta de nuestro cerebro se activan dando lugar a sensaciones físicas y mentales poco agradables. Éstas provocan un desequilibrio en nuestro comportamiento armonioso, desde cambios de hábitos, pérdida de control sobre la realidad, sensación de tristeza, irritabilidad, pero sobre todo, alteraciones psicosomáticas (malestares estomacales, tensión cervical, mareos, etc.). Lo que se resumiría en creer que no vamos a sobrevivir a la situación emocional que se nos presenta.

Los pensamientos positivos en cambio suponen emocionalmente todo lo contrario. Estamos convencidos de que sea cual sea la situación dada, encontraremos la manera de resolverla sin salir perjudicados. De ahí que tengamos manifestaciones de felicidad, bienestar, amor y sobre todo salud física.

Hemos de tener claro que un pensamiento positivo nunca puede generar una emoción negativa, de la misma manera que una emoción positiva nunca irá precedida de un pensamiento negativo. Independientemente de cómo sea la situación que la vida nos presenta, lo que determinará un pensamiento u otro será la interpretación que haga de la misma. Una actitud adecuada ante dicha situación, aunque ésta no nos sea muy propicia, puede favorecer la aparición de pensamientos más adaptativos que nos ayuden a buscar soluciones a lo que estamos viviendo, de forma que nos sintamos mejor al confiar en que vamos a superar esa barrera.

Para empezar a trabajar en cómo acabar con estos pensamientos negativos, debemos aprender primero a identificarlos. Para ello os voy a mostrar alguna de las “trampas” en las que incurre nuestra mente:
  • Conclusiones precipitadas. Sacar conclusiones sin tener los datos suficientes que certifiquen que eso es así. Es muy común en personas impulsivas.
  • Maximización. Exagerar la importancia de un acontecimiento negativo, considerándolo una horrible catástrofe o tragedia, lo que nos lleva a tener una reacción emocional desadaptada.
  • Minimización. Restar importancia a lo positivo, no tenerlo en cuenta o no darle valor.
  • Personalización. Tener la tendencia a verse a uno mismo como la causa de cualquier cosa. Un ejemplo en relación al pensamiento negativo sería, sentarte en una mesa con más gente y pensar que todos están hablando de ti.
  • Externalización. Atribuir, de manera equivocada, la causa de un suceso a algo externo a ti. Es decir, echar la culpa a los demás o la situación sin reconocer la responsabilidad que hay en ti.
  • Generalización excesiva. Implica suponer que lo que sucede una o dos veces va a suceder siempre. Por ejemplo, tener dos relaciones fallidas y pensar que nunca más vas a tener una relación.
  • Leer la mente. Implica la suposición de que conoces las intenciones y los pensamientos de los demás. Por ejemplo, pensar que alguien ha hecho algo para perjudicarte, cuando en realidad no tiene nada que ver contigo.
  • Pensamiento dicotómico. Es el pensamiento de extremos (“o conmigo o sin mí”). Se pasa del blanco al negro sin pensar que existen multitud de tonalidades de grises.
Existen varias maneras de calmar nuestra mente y liberarla de esos pensamientos negativos que nos resultan tan limitantes, y nos desencadenan toda una serie de manifestaciones emocionales adversas. Veamos algunas de ellas:

1. Bloqueando pensamientos negativos.

Consiste en un ejercicio neurológico que consigue parar los pensamientos negativos, aliviando así la tensión emocional asociada.

1º Piensa en algo que te produzca ansiedad o tristeza.

2º Cuando la emoción empiece a manifestarse en ti, sin mover la cabeza trata de mirar hacia arriba a la izquierda, como si alzases la vista.

¿Qué ha sucedido? Lo más probable es que los pensamientos negativos hayan desaparecido. El simple movimiento ocular ha favorecido el cambio emocional, liberando de este modo la ansiedad. Sencillo ¿no?.

2. Técnica de la Respiración Consciente.

Respirar no es algo que hagamos de manera consciente, normalmente divagamos entre el pensamiento, la emoción y la conducta sin percatarnos que respiramos. Sin embargo, prestar atención al proceso de inhalación y exhalación durante unos 10 minutos, ayuda a reducir el ritmo cardíaco y por tanto favorece la relajación.

Se puede hacer sentados en el suelo en postura de meditación, es decir, con el torso erguido y las piernas entrecruzadas, o bien sentados en una silla, sin apoyar la espalda en el respaldo y con los pies plantados en el suelo.

Tómate un momento para identificar las sensaciones que produce la respiración en tu cuerpo, cierra los ojos para que la percepción sea aún mayor. La manera más fácil para hacerlo es concentrar la atención en la nariz. Fija un punto concreto de atención entre los orificios nasales y el labio superior. Se trata de desviar nuestra atención hacia esa zona durante toda la práctica, fijándonos en las veces que inhalamos y exhalamos. Si te das cuenta, cuando fijas la atención de una forma tan consciente tu mente automáticamente bloquea cualquier otro tipo de pensamiento, lo cual resulta muy útil cuando pretendemos que los pensamientos negativos no dominen nuestra vida.

Todo suma, nada resta. Hasta de lo que consideramos incómodo podemos sacar una gran lección. No debemos tener miedo a salir de nuestra zona de confort y descubrir nuevas maneras de afrontar la vida con una actitud proactiva, es decir, actitud positiva acompañada de acción.

CIARA MOLINA
Psicóloga Emocional

jueves, 19 de noviembre de 2015

Vivir sin arrepentimiento


“No aparques a un kilómetro de tu destino solo porque pienses que no vas a encontrar una plaza libre más cerca. Ve exactamente a donde quieres estar. Si no hay espacio, siempre tendrás la oportunidad de dar media vuelta. En otras palabras: no te des por satisfecho demasiado rápido en tu vida."

“Haz lo que te apasiona, haz lo que realmente te importa. No pongas en práctica el Plan B, el plan de seguridad, hasta que no hayas intentado el Plan A”.

Estas fueron las palabras de Catherine Drew Gilpin Faust en uno de los discursos de graduación de los estudiantes de la Universidad de Harvard. Y la profesora Faust sabe muy bien de lo que habla ya que ha sido la primera mujer en asumir el puesto de rector en esa universidad. En este discurso perfiló su “Teoría de la plaza de aparcamiento libre de la vida”.

Y es que cuando hablamos de decisiones importantes en la vida, esas que marcan nuestro destino, es importante reflexionar y elegir un camino del que no podamos arrepentirnos más tarde, es fundamental plantearnos la meta más ambiciosa y luchar por conseguirla. De esta forma no habrá espacio para frases como “si aquella vez hubiera…” o “qué habría pasado si…”

Eres tus metas y tu camino, no descuides ninguno

Luchar por tus sueños y atreverte a alcanzarlos es la clave para vivir sin arrepentimientos. Sin embargo, también encierra un peligro mortal.

Por ejemplo, imagina que tienes un sueño muy ambicioso y que trabajas sin descanso para alcanzar tus objetivos. Te entregas en cuerpo y alma, día tras día, para alcanzar el añorado éxito. Sin embargo, es probable que cuando llegues a la meta te sientas vacío por dentro, que no consigas la satisfacción que soñabas y, por consiguiente, ello te llevará a preguntarte si realmente has hecho bien, si ha valido la pena tanto sacrificio. En ese preciso instante quizás te cuestiones si no habrías invertido mejor esos años en disfrutar de otros placeres de la vida, en vez de entregarte 100% a tu sueño. 

De hecho, un estudio muy interesante realizado en el University College London demostró sin lugar a dudas algo que probablemente ya sabes: que somos pésimos prediciendo nuestras reacciones emocionales ante las situaciones futuras. En este experimento los psicólogos reclutaron a 47 personas y les dieron £10, que debían compartir como quisieran con un desconocido que se encontraba en otra habitación. Sin embargo, les dijeron que si el extraño rechazaba su oferta, ambos se irían con las manos vacías. A continuación les preguntaron cómo se sentirían si eso ocurriese.

Obviamente, todo estaba preparado para que el desconocido rechazara la oferta y las personas perdieran el dinero porque el objetivo era evaluar la precisión con la que los participantes podían predecir sus emociones ante el rechazo.

Asombrosamente, la mayoría de los participantes se sintieron menos decepcionados de lo que esperaban.

A continuación, estos investigadores reclutaron a 27 estudiantes y les pidieron que predijeran cómo se sentirían si sacaban una nota baja o alta en uno de los exámenes de fin de curso. Los investigadores regresaron después del examen y les preguntaron cómo se sentían. Una vez más, se apreció que habían sobreestimado los sentimientos, tanto los negativos como los positivos.

Estos experimentos nos demuestran que solemos exagerar el impacto emocional de las situaciones, pensando que nos sentiremos mejor o peor. Por eso, después de haber añorado durante mucho tiempo un sueño, cuando finalmente este se cumple, no nos sentimos tan felices como esperábamos. Darnos cuenta de ello puede ser devastador, sobre todo si hemos empleado mucho tiempo en ese proyecto y hemos hecho que muchas de nuestras ilusiones descansen sobre esa meta. 

Por eso, aunque es cierto que debemos apuntar alto, que debemos luchar por nuestros sueños y no darnos por satisfechos, no es menos cierto que debemos aprender a disfrutar el camino. Es importante encontrar un equilibrio porque de lo contrario, corremos el riesgo de llegar vacíos a nuestra meta. 

Esto significa que mientras seguimos el camino hacia nuestros sueños, también debemos aprender a valorar lo que tenemos, aquí y ahora. No se trata de una contradicción, sino de evitar vivir con frustración, a la espera permanente de que los sueños se hagan realidad. 

Esto también significa que debemos ahorrar nuestra energía y esfuerzos. No se trata de encontrar siempre la mejor plaza de aparcamiento, a como dé lugar. En nuestro día a día, podemos deshacernos de esa tendencia obsesiva por lograr la perfección y contentarnos simplemente con una buena plaza, porque buscar continuamente la mejor opción, esa que satisfaga todos nuestros requisitos, no solo nos hace perder un tiempo valioso sino que puede ser muy frustrante.

¿Qué enseñanzas nos deja la teoría de la plaza de aparcamiento libre para la vida?

  • No temas al fracaso o a equivocarte, porque siempre podrás regresar a tu zona de confort. Recuerda que no hay peor arrepentimiento que el de los sueños que dejaste escapar porque no tuviste coraje para atraparlos en su momento.
  • Cuando se trata de grandes sueños, no apuestes inmediatamente por el “Plan B”, atrévete a arriesgar porque solo así sabrás de qué eres capaz. Cuando te obligas a dar un paso más, expandes tu potencial y das lo mejor de ti.
  • Si fracasas, no te avergüences, los errores son humanos y forman parte del aprendizaje. Simplemente acepta la experiencia, no te desanimes y ponte manos a la obra nuevamente para buscar un proyecto más realista y abordable.
  • Mientras persigues tus sueños, recuerda disfrutar el presente, porque es lo único que tienes. No dejes que la promesa del futuro te arrebate la felicidad de la que puedes disfrutar ahora mismo. Mira al futuro con esperanza, no con frustración.


viernes, 2 de octubre de 2015

La culpa


Asociamos la culpa con un sentimiento negativo, nos produce remordimientos, nos ancla en el pasado y no nos deja disfrutar de nuestro presente. Pero, ¿y si hubiera también un culpa sana? ¿Una culpa que nos permitiera ir hacia el futuro? Creo que es necesario poder diferenciar entre la culpa neurótica que nos ata a lo que ya pasó y la culpa sana que nos ayuda a seguir adelante. Nuestra cultura, nuestros valores, y nuestra sociedad ha tenido un papel muy importante en cómo entendemos la culpa hoy en día.

La culpa como concepto

Si buscamos culpa en el diccionario, nos salen cuatro entradas. La cuarta acepción del diccionario habla de la culpa como:.f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado. Por tanto, la culpa se entiende como algo que hemos hecho u no hemos hecho, que provoca un sentimiento de responsabilidad por ese daño. Sabemos que la culpa es un sentimiento aprendido a nivel social, aprendemos a experimentar culpa, a saber cuando hemos “pecado” si usamos términos más teológicos. Porque no podemos olvidar que nuestra educación judeo-cristiana, ha tenido también mucho que ver con cómo entendemos hoy en día, el sentimiento de culpa. La religión ejerce un papel importante, en el concepto de culpa tal como lo entendemos hoy en día.

La culpa se enseña, y es una manera de controlar nuestra manera de actuar, y la manera de hacer de los demás. Tiene un componente mental muy importante, me culpo o te culpo, por unas razones muy concretas. Y a la vez, tiene un componente emocional también fuerte. ( me siento furioso conmigo o contigo, o incluso con la situación).

Los ingredientes de la culpa

Las personas, cuando sentimos culpa, solemos tener unos ingredientes comunes que se repiten cuando aparece este sentimiento complejo.

1. Exigencia (hacia los demás o hacia nosotros mismos): Ejercemos el control, sintiendo la necesidad de comportarnos adecuadamente, o les exigimos a los demás que “paguen” el daño causado.

2. Rabia y enfado: Normalmente es un enfado, que no reconocemos, ni expresamos. En vez de eso, nos culpamos a nosotros para no expresarlo. O sino, culpamos a los demás, y de esa manera tapamos el enfado.

3. Tristeza: Hay tristeza en la medida que no han sucedido, las cosas como nos hubieran gustado, y porque cuando sentimos culpa, estamos más en el pasado que en el presente.

4. Sentimientos de superioridad o inferioridad: Cuando sentimos culpa, juzgamos a los demás o a nosotros mismos. Cuando nos creemos con el derecho, de poder influir en la vida de los otros, nos invade una sensación de superioridad. Cuando, nos juzgamos y nos machacamos a nosotros mismos, nos puede invadir una sensación de inferioridad.

5. Pensamientos repetitivos o rumiaciones
se gasta una importante cantidad de energía pensar de forma repetida en lo que ha sucedido.

La culpa neurótica

La culpa neurótica o poco sana, es aquella que surge cuando nos culpamos a nosotros mismos por todo, o culpamos al otro sistemáticamente. De pequeños, vamos tragando sin cuestionarnos, todo lo que nos dicen nuestros padres. Es entonces, cuando el niño incorpora normas y mandatos en la forma de relacionarse con el mundo, dándolas por buenas sin ponerlas en duda. Así es, que como el pensamiento de  “debes cuidar a tu madre” se instala. Y el adulto no se permite, cuestionarse esa idea.

Otro mecanismo habitual de la culpa neurótica es lo que se llama en terapia Gestalt, la retroflexión. Hacernos a nosotros mismos lo que le querríamos hacer a los demás. En la culpa, esto pasa con la rabia, con nuestro enfado. Nos culpamos a nosotros, en vez de mostrar el enfado que tenemos hacia los otros y pedir, lo que necesitamos de los demás. El hecho de culparnos en vez de expresar lo que sentimos hacia los otros, hace que muchas veces acabemos somatizando en nuestro cuerpo lo que nos pasa. (dolores de cabeza, de cuello, de espalda).

La culpa neurótica también surge cuando alguien nos culpa por como se siente y nosotros asumimos esa culpa. ( soy responsable de todo lo que pasa a mi alrededor ). Mucha gente ha aprendido a culpar a los demás por sus sentimientos en lugar de asumir la responsabilidad de sus propias emociones. Cuando aceptamos esta culpa, nos cargamos de mochilas que no son nuestro asunto, que no son nuestra responsabilidad.

Aunque a priori, la culpa parece una emoción difícil de digerir, también cumple una función, o un beneficio aunque parezca negativo. Algunos beneficios de la culpa pueden ser:


  • Evitar conectar con el enfado: Mientras nos sentimos culpables, nos negamos la posibilidad de estar enfadados con los demás, y con nosotros mismos.
  • Evitar el presente: Es una defensa, mientras estamos en la culpa, estamos en el pasado, y no afrontamos el presente. Nos sentimos seguros en esta sensación, aunque no resulte agradable.
  • Obtenemos aceptación de los demás: Sentir culpa en nuestra sociedad es algo muy aceptado, y no está bien visto, no sentirla en ciertas ocasiones.
  • Quedarnos en una zona segura: La culpa es una emoción conocida, y nos permite no sentir otras emociones.
  • Lograr el perdón de la gente: existe la creencia a nivel de que si nos sentimos suficientemente culpables pagaremos “nuestros pecados”, y compensaremos nuestro mal comportamiento. Está en la base de las penitencias (sobre todo religiosas).
  • Conseguir la compasión de los otros: Si damos pena, entonces, nos ponemos en un lugar de personas desvalidas y desprotegidas.


La culpa sana

A pesar de todos estos beneficios, como véis, no son del todo sanos para nosotros. ¿Qué sería entonces, una culpa sana? ¿A qué nos referimos?

La culpa sana es aquella que nos responsabiliza de lo que estamos haciendo, la que nos ayuda a ver y decidir, cuáles son los actos que hemos realizado y a la vez, poder observar nuestra responsabilidad y asumirla, no desde el machacarnos, sino desde el responsabilizarnos de nuestros actos. La culpa sana, nos responsabiliza, de nuestro presente, es en el aquí y ahora.  Si optamos por este tipo de culpa, es sanadora, porque juzga nuestros actos, no a nosotros mismos.

“La culpa sana, viene cuando el niño puede empezar a opinar diferente de sus padres, y convertirse en adulto”.

La culpa la vivimos desde nuestro niño interior, la responsabilidad es de nuestro adulto. Cuando el adulto es capaz de hacer su propia vida, y seguir su propio destino. El adulto también se pueda sentir un poco culpable, sigue su camino, y se atreve a opinar sus propias ideas, diferentes a las de sus padres. Y deja a sus padres con su propio destino, entonces pasa, de mirar constantemente a sus padres, para recibir su aprobación, a mirar lo que él realmente quiere.

Es así, cuando nos convertimos en culpables de hacer nuestra propia vida, y es una culpa sana, porque nos impulsa hacia el futuro.

jueves, 26 de marzo de 2015

10 mitos sobre las emociones



La inteligencia emocional, está muy de moda desde hace ya algunos años. Pero, seguimos sin saber cómo gestionar nuestras emociones, y qué hacer con ellas cuando aparecen en nosotros sin esperarlas. Hoy os quiero hablar de mitos, de toda esa información que parece que tenemos incorporada como sociedad sobre las emociones, pero que en realidad en vez de ayudarnos estos mitos nos hacen sentir peor. Vamos a desmontar mitos sobre las emociones.

Desmontando mitos sobre las emociones

1. Si reprimo mis emociones, estas se marchan
Esto es un mito: Reprimir las emociones, hace que las emociones se queden dentro de nuestro cuerpo, y esto hace que en vez de gestionar lo que sentimos, lo acumulemos, hasta un día explotar. O mucho peor, que nuestras emociones, se conviertan en bloqueos físicos e incluso en enfermedades.
Ej: Imaginemos una olla a presión, así están nuestras emociones en nuestro cuerpo. Es importante que dejemos salir nuestras emociones, y expresemos lo que sentimos y pensamos para seguir el proceso natural de nuestro cuerpo.

2. Hay emociones positivas y negativas
Esto es un mito: A pesar que muchos autores las clasifican de esta manera, en realidad todas las emociones que sentimos son adaptativas.¿Qué quiere decir esto? Que gracias a todas las emociones que sentimos, estamos aquí como especie. 
Ej Si ahora entrara un león en tu habitación, ¿qué haríamos? Nos esconderíamos, o nos quedaríamos quietos o nos subiríamos encima de la mesa. Todo esto son reacciones que nos hacen tener el miedo para proteger nuestra vida. Todas las emociones sirven para protegernos en su justa medida. Es cierto que algunas son más agradables que otras, pero el fin último es de nuestras emociones es nuestra supervivencia. 

3. Mostrar mis emociones es de débiles
Esto es un mito: A lo largo de los años, dependiendo en qué culturas, las emociones han sido un tabú, algo que no se podía mostrar porque sino era señal de que eras débil. Esta afirmación, más que un mito en sí, yo diría que es un mensaje que se nos ha transmitido generación tras generación.
Ej: Si lloramos porque estamos tristes. No quiere decir que seamos débiles sino que tenemos inteligencia emocional. De igual forma, ahora sabemos que mostrar nuestras emociones es una necesidad para el ser humano, porque forma parte de la capacidad que tenemos todos de expresarnos. Cuando se nos impide, o nos impedimos a nosotros mismos la expresión de nuestras emociones, esto nos hace sentir muy mal. Porque en realidad nuestra fuerza está en nuestra vulnerabilidad. En la capacidad de mostrarnos tal como somos, y aún así aceptarnos.

4. Ojos que no ven, corazón que no siente
Esto es un mito: Aunque hagamos que no vemos, en realidad, sí que vemos, y por lo tanto sentimos. Podemos hacer como si no nos afectara una situación, pero en realidad si que nos toca.
Ej Si rompemos con alguien y no lo vemos más, podemos pensar que vamos a sufrir menos, pero en realidad es necesario que pasemos el duelo de lo perdido. Ignorar lo que nos pasa, sólo nos trae más problemas, en realidad sintiendo lo que nos pasa, es más fácil que las emociones acaben marchando.

5. He de estar alegre siempre
Esto es un mito: La alegría es una emoción agradable, que nos gusta sentir constantemente. A pesar de eso, no es posible estar alegre todo el tiempo. ¿Por qué? Pues porque las emociones que no son tan agradables de sentir (miedo, rabia, tristeza…) son necesarias que las sintamos para valorar lo que tenemos.
Ej Imaginemos que se nos muere el perro, y no le damos importancia. Las emociones como el miedo, la tristeza o la rabia, sirven para conectar con nosotros mismos, reflexionar, valorar lo que tenemos, ser precavidos y poner límites.

6. El enfado y la rabia son emociones que tengo que evitar
Esto es un mito: Desde pequeños se nos enseña que enfadarnos y sentir rabia está mal. Y por tanto, como adultos hemos aprendido (por lo general) a no mostrar la rabia o el enfado cuando lo sentimos. O al revés, a mostrar la rabia y el enfado en el extremo. De igual manera, el enfado es una emoción necesaria, para poner límites en nuestra vida, y no dejarnos pisar por los demás.
Ej Hace tiempo escribí un artículo sobre el concepto de rabia como algo positivo, que en un grado moderado y desde el respeto hacia el otro, es una actitud sana. Si cuando nos enfadamos, podemos expresar lo que sentimos, de una manera respetuosa y sana, esto nos va a liberar mucho peso y nos va a permitir poner límites en nuestra vida. A veces, quizá la manera no es todo lo respetuosa que querríamos, pero es un aprendizaje que hemos de ir haciendo.

7. El miedo hay que vencerlo
Esto es un mito: Se nos enseña que el miedo es un enemigo, contra el que hay que luchar. Es cierto que el miedo podemos hacer que sea muy poderoso en nuestra vida, pero ir contra él, no es la solución porque solo se hará más grande.
Ej Si nos decimos a nosotros mismos, no tengo que sentir miedo, a hablar en público, ¿qué va a pasar? que nuestro cerebro es literal, y entonces el no, no lo procesa. Nuestro cerebro va a entender, tengo que sentir miedo a hablar en público. Si en vez de ponernos el miedo delante para que nos bloquee, le dejamos que nos acompañe, en vez de ser un enemigo, lo convertimos en aliado. Y entonces podemos encontrarnos, hablando en público, a pesar del miedo. Eso va a hacer que el miedo al final solo salga, para protegernos en momentos que verdaderamente lo necesitemos.

8. Si me distraigo la tristeza se va
Esto es un mito: Si nos distraemos, lo que ocurre simplemente es que la tristeza queda aparcada, pero sigue dentro de nosotros. Distraernos puede servir en el momento, para dejar de estar tristes, pero en otra situación, momento o lugar esa tristeza si no se resuelve, va a volver a nuestro cuerpo.
Ej Si tenemos un mal día, y estamos tristes porque hemos discutido con nuestros hijos, o con nuestra pareja, es importante que nos dejemos sentir en el cuerpo la tristeza, la sensación física, y además sí tenemos que llorar pues que lloremos lo que necesitemos. Solo si dejamos la tristeza salir, y no la reprimimos, si le expresamos al otro cómo nos sentimos, todo eso va a ayudar a que la tristeza se pueda marchar.

9. Las emociones son permanentes
Esto es un mito: Cuando estamos mal, parece como si fuera a durar una eternidad. Como si la tristeza, el enfado o el miedo no se terminaran nunca. Pero en realidad, todas las emociones vienen y van.
Ej Como una ola en el mar, viene y va. Siempre que hagamos el proceso correcto, que tiene que ver con la curva de las emociones  sentir la emoción en nuestro cuerpo, observarla, identificar qué emoción es, dejarla que se quede en nosotros un rato, la expresamos si es necesario , y veremos como poco a poco va desapareciendo.

10. Si tengo una emoción fuerte, tengo que razonar
Esto es un mito: No es posible razonar cuando estamos experimentando una emoción muy fuerte, porque es nuestro cuerpo el que está hablando. Una vez baja la respuesta emocional, ahí si que se puede razonar y poner pensamientos a lo que hemos sentido.
Ej Si tenemos una discusión con nuestro hermano primero nos ha de bajar el enfado y después podremos entender lo que nos ha pasado. Dejar que las emociones hagan su proceso natural es beneficioso para todo nuestro cuerpo.


La gente que escucha a sus emociones sin ignorarlas produce que su nivel de confianza aumente. 

Thich Nhat Hanh

jueves, 12 de marzo de 2015

19 frases para hacerles frente a la tristeza y al estrés


Las palabras y los pensamientos que viven en esa forma a menudo pueden servirnos como fuente de inspiración para enfrentar retos que nos atenazan. Así, hay frases que reivindican la naturaleza humana del lenguaje echándonos una mano cuando más lo necesitamos.

En este artículo, he seleccionado unas cuantas frases (citas y declaraciones), que pueden servirte de ayuda cuando te sientas triste, abrumado o estresado. No siempre funcionan pero cuando lo hacen pueden ser la mejor fuente de inspiración paras sacar lo mejor de nosotros mismos. Aún así, espero que estas frases puedan servirte de recurso cuando lo necesites.

  1. Estás sano. Tus seres queridos están sanos. Eso es todo lo que importa.
  2. Céntrate en estos momentos. Concéntrate en tus dedos que bailan en el teclado. Concéntrate en las palabras que estas escribiendo. Todo lo demás estará allí cuando hayas terminado.
  3. Tómalo en este momento, puede pasar demasiado rápido para alcanzarlo.
  4. No se puede complacer a todo el mundo. Así que empieza por ti mismo.
  5. Eres más fuerte de lo que crees.
  6. “Tú mismo, tanto como cualquiera en el universo entero, merece tu amor y afecto” Buda.
  7. Acepto que estoy teniendo un mal momento, y yo mismo estoy dando permiso para sentirlo.
  8. Está bien pedir ayuda, lo que ayuda es así: ver a un terapeuta; hablar con un amigo; delegar…
  9. “La preocupación es como una mecedora: te da algo que hacer, pero nunca te lleva a ninguna parte.” Erma Bombeck.
  10. Yo no me tengo que sentir de otra manera como me siento ahora. Yo no tengo que sentirme feliz o excitado. Yo no tengo que sentirme triste o frustrado. Cualquier sentimiento, repentino o sorprendente, es bienvenido.
  11. “Si la gente no hace cosas tontas, nunca nada inteligente sucedería.” Ludwig Wittgenstein.
  12. Es un momento de tensión. Es un momento bueno para tomar un descanso, para descansar, para reducir la velocidad, hacer la siesta, a decir que no.
  13. Está bien hablar de cómo te sientes con las personas de tu confianza.
  14. Está bien cuidar de uno mismo. De hecho, es vital.
  15. “Cada brizna de hierba tiene su ángel que se inclina sobre ella y le susurra:” Crece, crece. ‘”El Talmud.
  16. No se puede cambiar a nadie, pero puedes cambiar tus acciones, tus pensamientos, tu enfoque… Hay poder en eso. Sostienes el poder.
  17. No puedes controlarlo todo. No se puede controlar la mayoría de las cosas. Déjalo ir. No hay liberación mejor que dejar ir. Pero hay temor, y una opresión que sólo se hace más difícil, más áspero, más frágil cuando estás tratando de ejercer control.
  18. Lo que necesito ahora mismo es…
  19. “No he fallado, ni una sola vez. Simplemente he descubierto 10.000 maneras que no funcionan. “Thomas Edison.

Lo que nos decimos a nosotros mismos cuando estamos tristes, abrumados o estresados, pueden aumentar o reducir nuestro estrés. Estas palabras y frases pueden servir como recordatorios de que debemos calmarnos.

jueves, 12 de febrero de 2015

Trece estrategias de personas emocionalmente competentes


”No voy a premiar a mi hijo por estudiar. Es su obligación”; “¿Felicitar a mi comercial por su trabajo?; por ahora no lo haré, podría relajarse”;”¿Por qué he de decirte que está rico? Ya lo sabes, siempre lo está”. Ciertamente nos desenvolvemos en un mundo en el que los halagos y las palabras de reconocimiento son muy difíciles de escuchar… Todavía son muchos los opinan que no son tan necesarias. Pero ¿de verdad esto es así?

Pues según parece, quien así piensa se equivoca. La investigación ha demostrado de manera contundente que los halagos y palabras de gratitud y reconocimiento generan emociones muy positivas y un enorme bienestar. Y no solo eso, también mejoran la motivación, potencian las capacidades, el aprendizaje, razonamiento y la autoestima. Además, estudios de empresa demostraron que mejoran la productividad, la resistencia al cansancio, la creatividad y el trabajo en equipo. Está claro. Hoy no es posible concebir el desarrollo de la persona al margen de las emociones, ni tampoco de las palabras, aunque muchos piensen lo contrario.

Sin embargo, a pesar de las evidencias, la proporción de felicitaciones y reconocimientos sigue siendo insignificante en comparación con las veces que detectamos fallos. Eso se nos da fenomenal; pero halagar nos cuesta mucho más. Los especialistas coinciden. Queda mucho por hacer; seguimos sin ser conscientes de la importancia de hacer halagos o expresar gratitud.

¿Conocemos realmente las consecuencias de no halagar a los demás?

La investigación no deja dudas. Se ha demostrado que la falta de reconocimiento acaba alterando el estado emocional. Estudios con empleados demostraron que genera desconcierto, inseguridad, enfado, ansiedad e incluso depresión. Deteriora también la autoestima. Y por si fuera poco, estudios realizados en entornos educativos demostraron que acaba generando apatía, falta de estímulo y motivación; ausencia de creatividad e innovación. Y se confirmó que si además se añade la crítica, los efectos negativos se multiplican. Hemos de tenerlo claro. Aunque parezca que no nos afectan, nadie es inmune a los juicios negativos y menos si éstos son frecuentes. Nadie.

El extraordinario poder de las palabras

No podemos dar la espalda al conocimiento. Las palabras han demostrado ser un pilar básico para la estabilidad emocional y personal. Muchos estudios han aportado claves valiosas para mejorar el lenguaje de las emociones. Veamos algunas:

1. Trate de evaluarse de manera regular. ¿Cuándo fue la última vez que felicitó a sus subordinados o a sus hijos? ¿Lo ha hecho en los últimos dos días? Si se da cuenta que sus halagos son escasos quizás deba plantearse un plan de mejora. Le reportará mucho bienestar.

2. Si decide hacerlo debe tener claras dos cosas: deberá esforzarse por halagar más y practicar regularmente. Se ha demostrado que  las palabras de aprecio no salen con facilidad cuando no se usan habitualmente. Así que la única forma es trabajar hasta que le resulte fácil. Inicie hoy mismo una terapia de halagos y reconocimientos. ¿No sabe cómo? Veamos algunas de las estrategias más avaladas.

3. Empiece a practicar emociones en saludos y despedidas. Es lo más fácil. Emplee frases como: “qué alegría de verte” ,“encantada de saludarte”… Se ha demostrado que iniciar una conversación de este modo predispone al entendimiento. Piense en algunos saludos y despedidas; memorícelos; empléelos cada vez que pueda. Desde el primer momento notará el positivo efecto que tienen.

4. Fuércese a expresar regularmente sentimientos personales más profundos con seres cercanos. Lo más fácil es practicar en familia y en saludos o despedidas. Una buena forma de empezar, es despedirse de sus hijos o su pareja diciendo “te quiero”.Una vez que empiece, nunca deje de hacerlo. Puede que se sienta raro pero pronto se acostumbrará y le generará mucho bienestar.

5. Eduque a sus hijos en un lenguaje emocional. Desde pequeños deben aprender a oír y expresar sentimientos. Si escuchan a sus padres, lo harán más fácilmente. Oblíguese a decirles varias veces al día, frases como. “estoy muy contento porque hoy has….”,” estoy orgulloso de tus esfuerzos por…” Cuando juegue con ellos también puede hacer que los muñecos “hablen” y expresen cómo se sienten, qué les gusta, por qué…

6. Y si lidera un equipo fuércese a emplear en todas las reuniones al menos una frase de ánimo y reconocimiento. Es un recurso muy avalado por la investigación  Elija algunas frases. Escríbalas si quiere. Oblíguese a emitirlas en cada reunión: “Confío en el esfuerzo de todos”; “buen trabajo”; ”sé que son buenos en su trabajo y podrán hacerlo”… Nunca deje de felicitar en público.

7. Dé las gracias con frecuencia. Recientemente F. Gino, de la Universidad de Harvard ha hablado del sorprendente “efecto gratitud” tras comprobar en sus estudios que ésta eleva enormemente la autoestima y dispara el impulso de ayuda, participación y esfuerzo. Según esto, debiéramos esforzarnos por dar las gracias continuamente, sobre todo en el trabajo. Si le cuesta, elabore frases hechas: “Te lo agradezco mucho”, “Gracias por tu tiempo, por tu disposición”. No deje de hacerlo. Los grandes beneficios de una palabra tan simple están plenamente avalados.

8. También ha contrastado el poderoso efecto de una frase: “¿Qué opina usted?”. Genera emociones muy positivas, Diga esta frase casi a diario tanto en el trabajo como en la familia y la escuela. Se ha comprobado que genera mucho bienestar y autoestima. Hace sentir a quién se pregunta que se valora su opinión, que le respetan, que está cerca de la acción.

9. Y si tiene que regañar hágalo, pero sin brusquedad. No es necesario. Debe saber que el efecto de una crítica es mayor cuando se realiza con palabras amables. Se siente que se ha fallado a alguien respetado y sirve de impulso a la mejora.

10. Pero si lo hace compense después con palabras de reconocimiento. Se ha comprobado que para la mente lo negativo es mucho más potente que lo positivo y que para compensar una crítica, necesita al menos cinco halagos Así que tras apercibir, trate de compensar. Diga frases como que se “es consciente de que lo intenta”, “que sabe que lo conseguirá”. Así evitará que quien es apercibido se bloquee y quiera demostrarle que podrá hacerlo bien la próxima vez.

11. Y nunca dude en decir “lo siento”. Marshal Goldmith, es para muchos uno de los mejores coach de ejecutivos del mundo. Para él “pedir perdón es el gesto más mágico, reconciliador y reparador que podemos hacer”. Algunos expertos señalan ésta como una inigualable ventaja estratégica que debe ser trabajada, sobre todo por directivos, padres y educadores. Es difícil pero todos debiéramos intentar especializarnos en el arte de la disculpa.

12. Acompañe sus palabras de gestos. Todos los estudios han demostrado que multiplican su poder. Tenga esto en cuenta. Practique expresiones de reconocimiento y gratitud de manera no verbal, sobre todo si le cuesta hacerlo de forma oral: De una palmada en el hombro, un beso. Los gestos son también un lenguaje. Pero sobre todo Sonría. Se ha demostrado que los que más sonríen, ganan con facilidad la aceptación y el compromiso de los subordinados. La sonrisa es una herramienta muy potente en el desarrollo de la inteligencia emocional

13. ¿Y qué hacer si nadie nos halaga? Pues si a pesar de todo le toca vivir en un entorno parco en halagos no se confíe. Aunque no lo crea, usted también necesita reconocimiento. Por eso, si siente poco apreciado por su esfuerzo y valores, hágalo usted mismo (*) Rodéese de gente con la que se sienta a gusto. Disfrutar con ellos le hará sentirse bien y parte de un grupo que le aprecia (*) Fuércese por hacer cosas que le agraden. Al finalizar, repase los sentimientos positivos que experimentó. Cuente su experiencia. Es bueno oír que se sintió bien, que fue emocionante… Si trabaja en ello, será sin duda uno de los que esté fuera de la lista de los que no reconocen sus emociones y no pueden hablar de ellas


Y es que la investigación parece dejarlo muy claro. Por encima de cualquier otra, hay un tipo de inteligencia por la que merece la pena trabajar: la Inteligencia emocional.

jueves, 1 de enero de 2015

La fatiga emocional


La psicóloga Ciara Molina, creadora del proyecto Psicóloga emocional, explica las claves para saber si estamos fatigados emocionalmente y qué debemos hacer para intentar prevenirlo y solucionarlo.

La fatiga en sí misma es un cansancio extremo o debilidad generalizada que se puede manifestar tanto de forma física como emocional. La física suele aparecer a medida que va avanzando el día, debido al cúmulo de tensiones a las que exponemos a nuestro cuerpo, en cambio la emocional es más perceptible en la mañana.

Quién no ha pensado alguna vez, al sonar el despertador: “sólo de pensar todo lo que me queda por delante ya me hace sentir cansado; no me encuentro con ánimo de batallar con los demás hoy; siento que por más empeño que le pongo a lo que hago no me cunde como quisiera, etc.”. Este tipo de manifestaciones son consecuencia de la fatiga emocional.

Se trata de un cansancio emocional o agotamiento que suele venir asociado con sentimientos de angustia, estrés y depresión. A un nivel elevado se presentan problemas de atención y la sensación de que los pensamientos se van ralentizando cada vez más.

Pero, ¿es posible combatirla?, o lo que es más importante ¿la podemos prevenir para que no llegue a asediarnos? La respuesta es sí. Veamos cómo lo podemos hacer:

La mejor prevención siempre será aprender a gestionarnos emocionalmente de una manera saludable. ¿Eso cómo se hace? Cogiendo como guías nuestras propias emociones. Éstas nos servirán de brújula, mientras que las de sensaciones positivas nos indicarán que vamos por el camino adecuado, las de sensaciones más molestas nos dirán que algo debemos cambiar para acercarnos al equilibrio que buscamos. ¿Por qué fijarnos en las emociones y no en el pensamiento? Ninguno son excluyentes, pero mientras que el pensamiento es algo que nos puede engañar, ya que ejercemos cierto control sobre él mediante nuestro sistema de creencias, las emociones se sobrevienen en nuestra mente de manera abrupta, son innatas. Yo no elijo de quién me enamoro, simplemente me enamoro. ¿Y por qué hablamos de sensaciones emocionales positivas o negativas y no de emociones positivas o negativas sin más? Porque todas las emociones son positivas, otra cosa es que sean agradables o no, pero todas nos están queriendo decir algo. Nuestro deber es averiguarlo.

Dicho esto, ¿cómo combatimos la fatiga emocional cuando ya se ha convertido en nuestra compañera de viaje?

1. El primer paso siempre será reconocerla. Podemos pensar que no hay un motivo aparente, pero lo hay. Todo es consecuencia de algo: una decisión, un pensamiento, una mala gestión del tiempo, etc. Ejemplos que la desencadenan: preocupación excesiva, asuntos sin resolver, desorden mental, discusiones diarias, problemas en el trabajo a los que no se les ve salida, relaciones tóxicas, etc.

2. Una vez identificamos el origen de tal fatiga entonces nos tenemos que enfrentar a ella, una buena manera de hacerlo puede ser:

- Calmar la mente. Ayudémonos de ejercicios de respiración, meditación, mindfulness, etc. Este tipo de ejercicios bajan el ritmo cardíaco y con ello nos empieza a invadir una sensación de paz y relajación muy placentera.

- Dormir las horas suficientes. El ciclo del sueño no se puede ver alterado porque si no se desregula nuestra mente. Se necesitan ciertos hábitos diarios y dormir al menos ocho horas.

- Hidratarnos bien. El agua es como la gasolina de nuestra mente. Beber dos litros al día y veréis que os sentís más serenos. Yo siempre recomiendo beberse al menos un buen vaso de agua nada más levantarse, ya que al llevar tantas horas durmiendo el cerebro está menos oxigenado, de este modo lo ayudaríamos a despertar de una forma mucho más activa y beneficiosa para el buen funcionamiento de los patrones mentales.

- Realizar ejercicio físico ayudará a eliminar toxinas y generará endorfinas, las llamadas hormonas de la felicidad.

- Aprender a establecer prioridades. No se puede abarcar todo a la vez, establecer una lista de pequeñas metas alcanzables y abordarlas de una en una, favorecerá el aumento de la confianza al sentirnos reconfortados cada vez que vayamos consiguiéndolas.

- Hay que saber decir no, establecer límites. Debemos ser el centro de nuestra vida, ni otras personas, ni el entorno, nosotros. ¿Nos convierte esto en egoístas? Por supuesto que no, para estar bien con los demás debemos primero estar bien con nosotros mismos.

- Comunicarnos asertivamente, es decir, decir lo que pensamos y sentimos sin caer en conductas sumisas o reproches. Una buena comunicación es la solución a muchos malestares emocionales. Como digo en mi libro Emociones expresadas, emociones superadas, dejemos fluir las emociones.

Merece la pena intentarlo, ¿no creéis?

Ciara Molina


lunes, 22 de diciembre de 2014

Vivir la Navidad en duelo

duelo en navidad artmemori
¡¡…Y ahora encima viene la Navidad!!

Últimamente ya empiezo a oír esta frase con frecuencia y es que para muchas personas en duelo, para las familias que echan en falta a sus familiares fallecidos en estas fechas, las Navidades se convierten a veces en un auténtico calvario.

Independientemente de nuestras creencias, todos acabamos en estas fechas rodeando una mesa, junto a la familia intentando que todo sea alegría y felicidad. Pero lejos de esto, lo que de verdad ocurre en algunos casos es que existen dificultades para reunir a determinados miembros de la familia, muchas veces por conflictos y disputas y en otros casos son veladas en las que saltan chispas. Pero lo que ocurre más frecuentemente es que estas celebraciones nos recuerdan a los que faltan, a esas personas que nos gustaría que estuvieran allí y que por desgracia, sabemos que no volverán a compartir con nosotros otra Navidad.

Con todo esto, es normal que en muchas familias se viva con estrés y ansiedad la llegada de estas fiestas navideñas porque en vez de conectar con la alegría y la felicidad, se conecta con la añoranza, la tristeza y el dolor que nos causa la falta de nuestros seres queridos.

Cuando una persona ha perdido a un ser querido y más aún cuando esta pérdida ha sido reciente no es de extrañar que uno no tenga ganas de nada, ni de comer, ni de reunirse, ni de preparar ningún tipo de fiesta. Pero todos nos sentimos presionados por la sociedad y el entorno, aun sin ser creyentes, porque de una forma u otra, cada familia con sus creencias, cada uno con sus valores, se acaba reuniendo en Navidad.

En definitiva, debemos construir una nueva Navidad, tal y como menciona Alba Payás en su artículo “Es Navidad y hay una silla vacía” donde nos da estos consejos:

  • “Hacer una reunión familiar antes de que lleguen las fechas”,  y convocar a toda la familia abierta (incluidos niños y mayores, y personas significativas de la familia). Y en esta reunión hablad de lo que cada uno siente, de lo que os gustaría hacer, de lo que no. Y de cuáles son vuestras diferentes opciones, porque quizás podáis hacer algo diferente. Ya sólo el hecho de organizar esta reunión, tendrá un gran valor terapéutico, y será un esfuerzo grande, pero seguro que reconfortante, y por otro lado el resto de la familia conocerá cuáles son vuestros sentimientos.
  • “Repasad los rituales de vuestra familia”, y que cada uno manifieste su deseo de cómo le gustaría que este año fuesen.
  • “Buscad una manera simbólica de recordar a la persona fallecida a lo largo de las fiestas”. Alba Payás sugiere aquí “Marcad los momentos para recordar de forma clara… antes de empezar la comida… en el momento de abrir los regalos”, para hablar de la persona fallecida.
  • “Hablad de las cosas que haréis con los niños, tenedlos en cuenta”. Siempre hemos dejado a los niños fuera en los temas de la muerte, pero son parte de la familia. Y les estaremos dando un ejemplo para su vida futura. En caso contrario, no entenderán nada, pero sí sentirán el dolor y la tristeza. Lo que les provocará muchísima angustia al no conocer el origen del mismo, y ésto les genera muchísima confusión.
Tener en cuenta estos consejos de Alba Payás, una magnífica profesional y figura referente en este campo, seguro que os ayuda a saber qué hacer ahora que se acercan estas fechas a veces tan temidas.

Deseo que cada uno viva estos momentos como le apetezca vivirlos. Permitíos el estar tristes y poder manifestarlo, compartidlo en la medida en que podáis pero también permitíos momentos para disfrutar y estar alegres si así os surgen. Ser conscientes de cada momento y elegid. Deseo que seáis libres para decidir como queréis “esta nueva Navidad”.

Tenemos derecho a recordar a nuestros bebés, hijos, madres, padres, hermanos, tíos y amigos que ya no están con nosotros físicamente pero están en todas las experiencias vitales que compartimos con ellos y que determinaron parte de lo que somos hoy. Y tenemos derecho a sentir y poder expresar a nuestra manera todo lo que su ausencia nos provoca.

Cada Navidad será diferente, porque iremos elaborando nuestro duelo, iremos transformándonos como personas y en este proceso tenemos un mundo infinito de nuevas formas de relacionarnos y seguir amando a todas aquellas personas que físicamente hoy ya no están con nosotros.

Elijamos cómo queremos vivir nuestra Navidad, pero dándonos cuenta, poniendo conciencia a nuestras decisiones, no por huir, no por aferrarnos, no porque sea lo que nos dictan los que nos rodean, sino porque sea nuestra única y personal forma de manifestarnos y encontraremos nuevas formas de vivir estas fechas alejándonos del temor que en ocasiones nos producen.