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lunes, 4 de julio de 2016

El poder de lo pequeño



El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes que son los que marcan la diferencia
Los arrebatos no conducen a nada; la constancia es la que lleva a todas partes

Un avión parte de Moscú con destino a Madrid, pero sufre una avería inadvertida en su sistema de navegación que crea una mínima desviación del rumbo de menos de un grado. El avión acaba aterrizando en Mallorca. ¿Cómo se desvió tanto? Un grado es muy poco, sin embargo, ese pequeño desajuste durante cinco horas de vuelo crea una enorme diferencia en el resultado. Cuando hablamos de comportamientos humanos durante… ¡toda una vida!, las desviaciones son aún mayores. En realidad, lo que determina lo que conseguimos no son las grandes decisiones, sino las menores y los actos cotidianos. En este artículo trataremos sobre cómo las personas pueden alejarse de sus deseos y objetivos si no disponen de un plan de vuelo y un sistema de navegación perfectamente ajustados.

Dos hermanos comparten la misma familia, genética, posibilidades y educación, entorno…, y, sin embargo, con el paso de los años, sus vidas se hacen cada vez más diferentes. Básicamente hay tres factores que influyen en esa divergencia: sus elecciones, sus acciones y sus relaciones.

Lo cierto es que no podemos “no elegir”. No tomar una decisión es, en realidad, tomar una: demorarla. De modo que estamos decidiendo o dejando de hacerlo, cada día. Y lo que acaba ocurriendo es que la vida es el resumen de todas ellas, sean menores o mayores. Cualquier cosa que acaba entrando en nuestras vidas es la consecuencia de una cadena de actos y caminos que elegimos o no.

Las decisiones mayores son aquellas que se toman conscientemente y suelen requerir a veces ayuda de terceros en forma de consejo, pero siempre tiempo de reflexión. Las menores son las que se deciden casi sin pensarlo y acaban creando un efecto compuesto. De las dos, son las pequeñas elecciones las que se acumulan día tras día y marcan una gran diferencia.

Tomar decisiones sabias es más sencillo cuando se tienen claros cuáles son los valores prioritarios y adónde se va. Para no equivocarse conviene hacerse esta sencilla pregunta: ¿la dirección que voy a tomar concuerda con lo que me importa prioritariamente en la vida?

Para conseguir grandes resultados no es preciso llevar a cabo grandes acciones, sino pequeñas repetidamente a lo largo del tiempo. El éxito es el efecto acumulado de hábitos insignificantes. Y el truco está en insistir en un comportamiento positivo el tiempo suficiente como para que marque una distinción significativa a medio plazo. Es el poder de las pequeñeces acumuladas.

Ganar es el resultado de una suma de costumbres; perder, también. Es algo que saben muy bien los deportistas. Por ejemplo, Michael Phelps es un brillante modelo del poder multiplicativo del hábito. Sus rutinas de entrenamiento son muy estrictas, previsibles, sistemáticas. Es obvio que su anatomía estaba diseñada para ganar, pero su enorme éxito es fruto de su persistencia.

A menudo, para implementar una rutina, las personas recurren a la fuerza de voluntad. Es un error. Están luchando consigo mismas, y, a la larga, abandonarán, porque la lucha desgasta. ¿Cuál es la alternativa? La mo­­tivación. Establecer un hábito nuevo solo tiene futuro cuando concuerda con los valores principales de la persona. El poder de algo que nos estimula disuelve las luchas internas y proporciona combustible mental para pasar a la acción.

Sin tener en cuenta en cualquier elección esos valores básicos, las personas caen víctimas de sus contradicciones internas y dejan de perseguir sus deseos y sus sueños.

Por suerte, todo lo que se aprende en la vida puede reaprenderse. Los hábitos no son una excepción a esta regla y se pueden cambiar. El mejor modo de terminar con uno negativo es empezar uno nuevo y positivo que lo sustituya, y que esté propulsado por la fuerza imbatible de la motivación.

No hay una mejor estrategia para conseguir lo que se desea en la vida que crear hábitos positivos que conduzcan a lograrlo, y después, delegar el trabajo en el poder de la costumbre, seguir el flujo del tiempo, y dejar de esforzarse una vez puesto en marcha el impulso de la inercia.

Las personas que nos rodean: familia, amistades, compañeros de trabajo… crean una gran influencia en cada uno de nosotros. En psicología se conoce este efecto como la influencia del “grupo de referencia”. Es una información silenciosa, inconsciente y que se acumula con el paso del tiempo. Y se traduce en una imitación inconsciente de lo que el “grupo” dice, piensa, hace, siente, come, viste, se comporta…

Se podría decir que una persona es la suma de las influencias personales que ha recibido a lo largo de su vida, que, como es de imaginar, pueden ser positivas o negativas, y acabará pareciéndose mucho a la gente con la que tiene más trato. La pregunta que nos deberíamos formular es: ¿quién o quienes ejercen ese poder sobre mí?

LA PERSISTENCIA DEL 'PIT BULL'
¿Qué tienen en común los empresarios de éxito y las personas que consiguen realizar sus sueños? Simplemente, ¡no se rinden nunca! Han aprendido la disciplina de la persistencia. Esto es verdad tanto para la gente que consigue sus sueños profesionales como personales. Pero esta cualidad es muy rara en la población en general. Vivimos en una era de gratificación instantánea. ¡Los adultos quieren conseguir sus sueños inmediatamente! Y cuando no lo logran, sus sueños van bajando en la escala de valores, son demorados y, finalmente, abandonados”.

¿Es importante filtrar las influencias que recibimos? Por supuesto que sí, ignorar su efecto puede salir caro. Y si no, que se lo pregunten a cualquier padre o madre que vigila escrupulosamente con quién anda su hijo o hija. Tan importante es el efecto de las compañías en un adolescente como en un adulto. A fin de cuentas, como afirma el dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres” o “Dios los cría y ellos se juntan”.

Casi siempre que se toma una decisión, las personas empiezan con mucha energía y empeño, pero, a la larga, acaban abandonando. Ese exceso inicial es en realidad contraproducente porque semejante nivel de energía no se puede mantener por mucho tiempo. Querer hacerlo todo cuanto antes es provocar el abandono. Es mejor iniciar la tarea o el plan con menos fuerza, pero mantenerlo en el tiempo hasta conseguir el objetivo. El éxito es resultado de dosificar las fuerzas, de mantener el ritmo, de la regularidad. Es así como se ganan carreras y como los equipos consiguen torneos.

La disciplina es esa regularidad, constancia, cadencia o ritmo. No hace falta hacer mucho de golpe, pero sí algo cada día. Por ejemplo, al empezar una dieta es mejor aplicarse a unas normas razonables y no saltárselas ni un día, antes que matarse de hambre los tres primeros días. Los atletas saben muy bien que las medallas se consiguen dosificando el ritmo. Una vez más, es el poder de los pequeños pasos, que proporcionan resultados extraordinarios.

De nada sirve tener una arrancada de caballo y después una parada de burro. Eso significa ser víctima de un gran entusiasmo inicial, no dosificado, para pasar a abandonar y volver al estadio inicial al poco tiempo. Los arrebatos no conducen a nada; pero los planes sostenidos y la constancia conducen a todas partes.

Todas las personas tienen sueños, pero no todas los consiguen. ¿Es cuestión de mérito, genes, inteligencia o suerte? No, más bien se debe a trabajar para conseguirlos con método; es decir, mediante una rutina diaria. Repetir una acción cada día, semana o mes. Un acto que está implícito en la agenda y ni siquiera hay que apuntarlo, se da por hecho. Es como cepillarse los dientes, se hace automáticamente después de cada comida, sin que haga falta recordarlo.

Cuando se pone en marcha un objetivo, lo primero que conviene hacer es preguntarse qué rutinas conducirán a él. Seguramente, un buen coach preguntaría a su cliente: “¿Qué tres acciones sencillas te acercarían a tus grandes objetivos?”. Sí, pasos simples hacia resultados extraordinarios. Y si esa persona es sistemática, y se aplica a dar tres pasos diarios, su éxito está asegurado. No importa lo lejos que vaya, tres pasos al día, tarde o temprano, le llevarán a donde sea que se dirija.

RAIMÓN SANSÓ

lunes, 18 de abril de 2016

8 señales que indican tu crecimiento emocional

La seriedad no es signo de madurez.
La madurez es saber reírse de la vida, pero tomarla en serio cuando es necesario.


El hecho de añadir más y más velas al pastel de cumpleaños no son indicadores de que nuestra madurez aumente. Tampoco de haber crecido en lo emocional o o de haber ganado habilidad con aquellas cosas que nos hacen perder el equilibrio.

La mayoría tenemos una tendencia a castigarnos por los errores que cometemos, antes que felicitarnos por los logros que alcanzamos. Siendo muy duros con nosotros mismos (más que con cualquier otra persona) y centrándonos únicamente en los fracasos y no en los aciertos.

Esto puede deberse a la sociedad en la que vivimos o el siglo que nos ha tocado en suerte. Solemos desmotivarnos rápidamente cuando algo no sale como esperábamos.

No valoramos lo que hacemos bien. No contamos con la paciencia suficiente para seguir adelante y no prestamos atención a los pequeños cambios.

De vez en cuanto vale la pena detenernos en la vorágine del día a día para hacer una lista con todo aquello que hemos logrado. No para pecar de arrogantes, sino para darnos cuenta de cuanto hemos crecido emocionalmente.

Señales de que hemos madurado emocionalmente
Algunas señales que nos indican que podemos sumar velas al pastel de cumpleaños mental son:

  • Dejas ir lo que te hace mal: Es muy importante aprender a retirar de nuestra vida lo que nos daña, lo que no nos ayuda a seguir o nos ata al pasado. Esta habilidad es clave para alcanzar el éxito en cualquier cosa que emprendamos. Reconocer a las personas tóxicas ya es un gran paso.
  • Aprendes de los errores: ¿Quién dijo que equivocarse ha de convertirse en un flagelo para toda la eternidad? De los fallos podemos sacar muchas enseñanzas. De nada vale aspirar siempre al perfeccionismo obsesivo. Es bueno equivocarse y saber qué cosas no volver a repetir. Esto cambia completamente nuestras perspectivas y nos ayuda a emprender nuevos proyectos; esta vez, más exitosos y ambiciosos. ¿Por qué? Porque la experiencia nos guía.
  • Evitas las quejas: esta es sin dudas una de las señales más destacadas de haber crecido emocionalmente. Las personas que se lo pasan todo el día criticando por que si lo único que logran es aumentar la negatividad y el pesimismo a su alrededor. Aprender a “no llorar sobre la leche derramada” hace a una persona madura. Si actúas o resuelves más y te quejas o lloras menos, es porque estás creciendo.
  • Celebras los éxitos ajenos: Aplaudir y ponerte feliz, de verdad, cuando al otro le va bien, es sinónimo de madurez. Esto quiere decir que no lo envidias, que comprendes que se ha esforzado mucho y que eres capaz de reconocer el trabajo de los demás.
  • Tienes relaciones menos conflictivas: No quiere decir que todo será “amor y paz” pero si que no te lo pasarás peleando y discutiendo. Ya ha pasado esa etapa de querer llevarte el mundo por delante a cualquier coste. Has aprendido a ponerte en el lugar del otro, a intentar llegar a un acuerdo antes de confrontar, que las peleas son una pérdida de tiempo y que mejor es buscar una solución en conjunto. Además, te has dado cuenta de que es mejor tener tranquilidad que razón.
  • No temes pedir ayuda: hasta hace un tiempo (cuando aún no habías crecido en lo emocional), considerabas que solicitar ayuda era una forma de mostrar debilidad y que tú no podías permitirlo. Sin embargo, ahora has comprendido que es una señal de confianza en el otro, por ejemplo. No puedes hacer todo tu solo siempre, es bueno ser humildes y reconocer que no se sabe algo o se necesita ayuda.
  • Sabes lo que quieres: La incertidumbre del futuro ya no es una regla, sino la excepción. Eres más consciente de lo que deseas lograr en tu vida y hasta en qué momento. Al estar más seguro de ti mismo estableces las reglas de tu destino y conoces a ciencia cierta lo que esperas del mañana.
  • No te importa lo que digan los demás: El qué dirán muchas veces te ha desvelado, pero ahora estás en otra etapa. Únicamente te interesan las opiniones de aquellos que te quieren ayudar y desean verte bien. Es decir, las “críticas constructivas” de los que te rodean (porque además ya te has alejado de las personas tóxicas).

lunes, 4 de abril de 2016

¿Cómo dejar de ser perseguidor, víctima o salvador? (Segunda parte)


Hace unas semanas, introdujimos el tema de los tres papeles psicológicos que desempeñamos en nuestras relaciones: Perseguidor, Víctima o Salvador.

Para salir del llamado triángulo dramático y relacionarte desde el triángulo del ganador, o de la comunicación positiva, necesitas desarrollar una serie de habilidades específicas, que ya apunté en el post anterior. Vamos a verlas con más detalle.

Si te reconoces en el papel de Víctima...
Necesitas desarrollar la habilidad de resolver problemas por ti misma. Para ello...
  • Activa tu parte Adulta para analizar la situación y buscar posibles soluciones. Si dentro de esas posibles soluciones está el buscar ayuda externa, hazlo, pero...
  • No deposites la responsabilidad de tu vida en el otro. Te toca aprender a aceptar que la responsabilidad de tu vida es tuya al 100%, para lo bueno y para lo malo.
  • Deja de quejarte y toma las riendas de tu vida. Si tú no lo haces, ¿por qué debería hacerlo otra persona?

Cosas que puedes hacer sin ayuda terapéutica (autoayuda):
  1. ​Aprende resolución de problemas (definir el problema, generar alternativas, evaluar y seleccionar alternativas, implementar soluciones)
  2. Lluvia de ideas. Ante un problema o conflicto, haz una lluvia de ideas sin censurar nada de lo que se te ocurra, y luego evalúalas desde tu parte Adulta. 
  3. Atiende también a tus sentimientos. ¿Qué siento en esta situación? ¿Qué me está diciendo este sentimiento?

Si te reconoces en el papel de Salvador...
Necesitas desarrollar la habilidad de escuchar al otro. Para ello...
  • Aprende a respetar la capacidad del otro de resolver sus propios problemas y satisfacer sus propias necesidades, así como de pedir lo que necesite sin que tú te adelantes. No te responsabilices de la vida de los demás, no te adelantes a no ser que te lo pidan. 
  • Contacta con tus propias necesidades y sentimientos y ofrece ayuda solo si deseas ayudar genuinamente. Si no deseas estar disponible, declina sin sentirte culpable.
  • La manera más segura de ayudar al otro sin rescatarlo es escuchándolo. 

Cosas que puedes hacer sin ayuda terapéutica (autoayuda):
  1. ​Aprende escucha activa. De forma muy resumida, cuando hago escucha activa escucho lo que dice el otro con atención plena, sin juzgarlo ni evaluarlo, y luego le devuelvo lo que ha dicho usando con mis propias palabras y también lo que creo que esta sintiendo. Es una forma de escucha que promueve la autonomía del otro, algo que necesita la Víctima con la que se relaciona el Salvador. 
  2. Invita al otro a iniciar un proceso de resolución de problemas (ver sección anterior).
  3. Ofrece ayuda específica siempre y cuando quieras hacerlo, atendiendo en primer lugar a tus necesidades.

Si te reconoces en el papel de Perseguidor...
Necesitas desarrollar la asertividad. Para ello...
  • Pide lo que necesitas. 
  • Di que "no" a lo que no quieres.
  • Expresa aquello que te está causando un problema en la relación con el otro: explícale de qué manera específica interfiere su comportamiento en la satisfacción de tus necesidades, y dile qué cambio quieres que haga (qué quieres que haga diferente). No esperes a que el otro lea tu mente.
  • Negocia con el otro un plan en el que ambos ganéis y ninguno pierda. Si el otro no está dispuesto a hacer los cambios necesarios, busca la manera de satisfacer tus necesidades. 

En resumen...

Dejas de ser Víctima cuando...

  • ​Usas tu parte Adulta para analizar la información y resolver problemas.
  • Atiendes también a tus sentimientos para resolver problemas.

Dejas de ser Salvador cuando...

  • No te haces cargo de algo a menos que quieras y te lo pidan.
  • No haces más de lo que te corresponde.
  • No haces lo que no quieres hacer.

Dejas de ser Perseguidor cuando...

  • Preguntas lo que el otro quiere.
  • Negocias con el otro.
  • Dejas de castigar al otro.
  • Buscas la manera de satisfacer tus necesidades.


¿Qué necesitas cambiar tú?

MAMÁ OM

lunes, 28 de marzo de 2016

Recuperarnos de una mala decisión


No hay dudas de que somos nuestros peores jueces. Cuando cometemos un error, pueden pasar años hasta que realmente nos perdonemos por ello.

Al tomar una mala decisión, la consecuencia estará resonando en nuestra mente por mucho tiempo, si no la dejamos ir, si no la soltamos y sobre todo, si no nos perdonamos. Por el contrario, las buenas decisiones son aquellas que más rápidamente olvidamos.

¿Por qué será que la mente humana funciona de esta manera? Quizás porque la sociedad nos ha inculcado desde pequeños que los errores se pagan caros, o que una buena decisión es lo que se espera de nosotros.

Sin embargo, gracias a las malas decisiones también aprendemos. ¿A qué? En primer término, a no volver a equivocarnos o a darnos cuenta de las consecuencias negativas que hemos causado.

Presta atención a esta breve historia que retrata un poco lo que hemos dicho antes:

“Un empleado llega a la oficina de su jefe y le pregunta: “¿Cómo es que ha logrado tener éxito?”.

El jefe le responde: “gracias a las buenas decisiones”.

No conforme con la respuesta, el trabajador le vuelve a preguntar: “¿Cómo pudo tomar las decisiones adecuadas?”

“Debido a la experiencia”, indica el empleador.

Antes de sonar un poco insistente, el empleado le consulta: “¿Y cómo fue posible adquirir esa experiencia?”

A lo que el jefe le dice: “Por las malas decisiones”

¿Qué se intenta explicar con este cuento? Pues, básicamente, que si no tomamos decisiones equivocadas, es muy difícil que podamos tomar las correctas.

Todos cometemos errores o pensamos que algo es bueno cuando en realidad no lo es. Pero la diferencia entre saber aprovechar esas malas decisiones o no, es cómo sobrevivimos a ellas. Esto quiere decir que podemos optar por seguir adelante y recordar qué fue lo que hicimos mal para no repetirlo, o bien, que ese error nos persiga por el resto de nuestras vidas y no nos permita avanzar.

Es vital recordar que, las malas decisiones forman parte de nuestro aprendizaje mientras caminamos por el sendero de nuestra existencia. Está en nosotros tomarlas como si fueran una enseñanza o un gran peso en nuestras espaldas.

Una vez que hemos tomado una mala decisión podemos actuar de diferentes maneras. Por ejemplo, arrepentirnos y cambiar, arrepentirnos y no hacer nada para modificarlo, olvidarnos del tema, angustiarnos, echarnos en cara lo mal que actuamos, etc.

Ahora bien, ¿cuál es la mejor postura que podemos adoptar? Sin duda, la misma que el jefe en la historia que leíste más arriba, es decir, saber que con las malas decisiones se aprende y se forja la experiencia. Lo que desemboca, sin dudas, en el éxito.

Todo parece muy sencillo en la teoría, pero ¿qué hacemos en la práctica? En primer lugar, es vital manejar el torbellino de emociones que seguro sentiremos, desde la ira a la tristeza, pasando por la indiferencia a la depresión.

Tranquilizarnos es muy importante. Recriminarnos todo el tiempo por lo que hicimos mal, no ayudará en absoluto. Por el contrario, tener bien en claro en qué nos equivocamos para no volver a repetirlo, es lo más útil en estos momentos.

Algo que ocurre con frecuencia al tomar una mala decisión, es que las voces de la mente no se callan ni por un segundo, no podemos concentrarnos en lo que hacemos, ni dormir por las noches. “¿Por qué lo hiciste?”, ¿Cómo has podido actuar de esa manera?”, “¿Qué hubiera pasado si…?”. Es lo que dicen una y otra vez en nuestra mente.

No dejemos que esa conversación interna se apodere de nuestra vida cotidiana y sobre todo, de las siguientes decisiones que tomemos.

Dejemos de castigarnos, no podemos volver hacia atrás, aunque muchas veces pensemos que sería perfecto. Lo mejor para hacer en estos momentos es analizar de qué manera podemos reparar los daños y sobre todo, cómo podemos salir airosos de la situación.

Así es como ingresamos en el tercer estadio o escalón en el camino a perdonarnos por nuestras malas decisiones. Es preciso que valoremos el alcance de los daños por nuestro error. Para ello, debemos mantener la mente lo más fría posible, porque cualquier desequilibrio emocional, puede hacernos tomar nuevas decisiones equivocadas o no determinar con certeza las consecuencias de lo que hemos hecho.

Y por último (y más importante), aprender de nuestra equivocación. Es preciso recordar que:

Una mala decisión sólo lo es si no hacemos nada al respecto y si no nos deja una enseñanza.

LA MENTE ES MARAVILLOSA

lunes, 15 de febrero de 2016

¿Eres perseguidor, víctima o salvador?


¿Eres perseguidora, víctima o salvadora?
Cuando tenemos un conflicto en nuestras relaciones personales (con la pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo), muchas veces repetimos una y otra vez la misma dinámica. Los psicoterapeutas la llamamos juegos psicológicos, porque en algunos aspectos se parecen a los juegos de la vida cotidiana. Pero, a diferencia de los juegos de mesa, los juegos psicológicos son inconscientes. 

En los juegos psicológicos, los participantes juegan en uno de estos tres papeles básicos: Perseguidor, Salvador o Víctima.

Todas jugamos a juegos psicológicos. Y todas adoptamos un papel preferido, pero también jugamos desde los otros dos. 

Estos 3 papeles se representan así en el llamado Triángulo Dramático:



¿Con qué papel te identificas más?

  1. Perseguidor. Critican, desvalorizan, necesitan tener razón, necesitan que les teman, buscan siempre los fallos. Persiguen y culpan a las Víctimas y critican la actitud de los Salvadores. Son personas que internamente se sienten inferiores y  necesitan controlar mediante amenazas, orden, rigidez. Su lema es "pisa antes de que te pisen".
  2. Víctima. Estas personas se quejan constantemente de su suerte y niegan su responsabilidad en sus circunstancias adversas. Se ven incapaces e incompetentes e intentan que otro venga a "salvarles" y a darles la solución de sus dificultades. Básicamente, quieren que otro se haga cargo de su vida. 
  3. Salvador. Se dedica a satisfacer constantemente las necesidades de los demás para sentirse imprescindible, pero acaba resintiéndose y pensando que los demás son unos desagradecidos. Es la típica persona que diría: "Después de todo lo que he hecho por ti..."

Papeles falsos y auténticos
Es importante diferenciar entre los papeles falsos, que son distorsiones de los papeles auténticos, que también se presentan en la vida real. Te pongo unos ejemplos:

PERSEGUIDOR
Auténtico: La policía que persigue a un delincuente
Falso: Un miembro de la pareja que descalifica al otro
VÍCTIMA
Auténtico: Un refugiado que huye de la guerra
Falso: Alguien que se queja de otro y no hace nada por cambiar la situación
SALVADOR
Auténtico: Un médico que salva la vida de un paciente
Falso: Una madre que le hace los deberes a su hijo

Todas jugamos a todo
Puesto que estos papeles falsos son tóxicos y nos dañan a nosotras mismas y a nuestras relaciones, lo que hacemos es intentar cambiar de papel, creyendo que así nos sentiremos mejor. Por eso, en la figura del triángulo las flechas van en todas direcciones.

El Perseguidor a veces se siente culpable y pasa a ser Salvador. El Salvador se cansa de salvar siempre a la Víctima y pasa a ser Perseguidor. Y la Víctima, resentida con su Perseguidor o su Salvador, pasará a perseguirlos. Te pongo un ejemplo cotidiano. Entre paréntesis te pongo la inicial del papel que va haciendo cada uno.

Ana: ¡No me puedo creer que te hayas vuelto a olvidar de comprar el pan! (P)

David: Es que he tenido que quedarme más tarde en el trabajo porque fulanito no entendía una cosa y me ha pedido ayuda (S). 

Ana: ¡Siempre te quedas hasta tarde, y ni siquiera me llamas para avisarme! (P)

David: Bueno, también puedes comprar tú el pan, ¿no? ¡Haces jornada intensiva y tienes más tiempo que yo! (P)

Ana: ¡Menuda jeta, tú vas 3 veces a la semana al gimnasio y yo ninguna! (P)

David: Ya sabes que me duele mucho la espalda y el médico me dijo que tenía que nadar... (V)

Ana: Bueno, si quieres, después de cenar te hago un masaje (S).

David: ¡Déjalo, no quiero que luego me pongas cara de perro toda la semana! (P)

​¿Cómo puedes salir del Triángulo Dramático?
Para salir de este triángulo tienes que crear nuevos papeles, funcionales. A este nuevo triángulo le llamamos Triángulo del Ganador.

Si eres más Perseguidora debes aprender a ser Asertiva. El aprendizaje está en  autoafirmarte ante los demás sin necesidad de sentirte superior. Debes aprender a resolver tus conflictos negociando, pedir lo que necesites, decir que "no" a lo que no quieres hacer, expresar tu malestar si la conducta del otro te está resultando inaceptable y ver cómo puedes llegar a consensos.

Si eres más Salvadora debes aprender a ser una Ayudadora empática. El aprendizaje está en preocuparte de los demás pero entendiendo que el otro tiene que encontrar los recursos para resolver sus propios problemas. La ayudadora empática escucha al otro y también a sí misma (sus necesidades). Espera que el otro pida ayuda y no adivina lo que el otro necesita, sino que se lo pregunta.

Si eres más Víctima debes aprender a ser Vulnerable/Responsable. El aprendizaje está en entender que, por supuesto, eres vulnerable y puedes tener problemas, pero te responsabilizas de ellos desde una posición adulta. Aprende a buscar ayuda en profesionales, o en familia y amigos, pero sin pasarles la responsabilidad de que te den la solución. Tú creas tu propia fortaleza interna, tú generas tus propios recursos para ser feliz.

viernes, 9 de octubre de 2015

Seis preguntas para darle sentido a la vida


Seguramente te has puesto a pensar más de una vez, ¿Cuál es el sentido de vivir? Si bien se dice que todavía no existe una respuesta que satisfaga las exigencias de todos los seres humanos en relación a este asunto, podemos al menos encontrarle “el punto” a la vida y aprender a disfrutar de este maravilloso presente que recibimos a diario.


Para ello se han armado una serie de consultas o reflexiones. Gracias a estas preguntas, podremos reflexionar de forma más concreta sobre las razones por las cuales vivimos cada día.

En primer lugar, ¿Por qué o por quién estarías dispuesto a cualquier sufrimiento? Es decir, aquellas personas, cosas o ideales por los cuales no te importaría sacrificarte. Y eso no significa morir (porque estamos buscando el sentido de la vida), sino dejarlo todo, luchar de verdad, sin importar las consecuencias. Pueden ser tus hijos, tu familia, tu religión o tus ideologías.

La segunda pregunta que puedes responder para encontrarle el sentido a la vida es: ¿Cómo te imaginas dentro de cinco años?

Pensar en el futuro es una excelente manera de darnos cuenta de que vale la pena estar vivo. Además, solemos estar tan sumergidos en nuestros problemas actuales que no nos damos cuenta de que el futuro está allí, esperándonos.

Recuerda que los hábitos que tienes hoy son los que decidirán tu mañana. Haz todo el esfuerzo posible e pregúntate qué será de ti dentro de cinco años. ¿Estarás trabajando en el mismo sitio? ¿Tu familia será más grande? ¿Dónde vivirás? ¿Habrás cumplido tus sueños? Si no sabes hacia donde te diriges, no llegarás nunca a destino.

En tercer lugar, es bueno que analices: ¿Qué harías si no sintieras miedo?

Ese sentimiento que nos paraliza y no nos permite avanzar es lo que nos aleja también de encontrarle sentido a la vida. Estar mucho tiempo en la llamada “zona de confort” (donde no estamos a gusto pero no hacemos nada para salir de ella) puede demostrar nuestro temor. Muchas personas no llegan a ser lo que hubieran deseado porque temen dar el gran salto. Imagina que nada malo puede ocurrirte, entonces, ¿Qué harías?

De la mano de esa consulta es que surge la cuarta pregunta: ¿Qué harías si tuvieras la confianza de no fracasar? Muchas personas no se animan a innovar o a emprender porque consideran que fallarán en su cometido. Ésto puede ser por el miedo, pero también por los prejuicios que se tenemos como sociedad.

Por ejemplo, si nuestra familia no ve con buenos ojos que seamos actores o músicos, seguro no tendremos la confianza suficiente como para triunfar y ser famosos. Si quieres realmente saber cuál es el sentido de la vida, entonces, es tiempo de que elimines la palabra “fracaso” de tu vocabulario o de tu diccionario mental.

¿Sabías que la razón de vivir puede ser también el punto donde se une tu pasión y lo que el mundo necesita? De esta premisa es que surge la quinta pregunta: ¿Cuáles son tus mayores talentos?

No es preciso ser médico o ir de voluntario a un pueblo a miles de kilómetros de tu casa, puedes hacer algo por tu barrio o tu comunidad. Desde plantar un árbol a limpiar los parques los fines de semana. Si te gusta cantar, haz feliz a los niños de un hospital; si el baile es lo tuyo, organiza un espectáculo para los ancianos que viven en un geriátrico.

Justamente en relación a ello, ¿Qué trabajo harías una y otra vez sin cansarte, aunque no recibieras una paga? Antes que nada, ya sabemos que se necesita el dinero para pagar la comida, la renta o la hipoteca. Esta pregunta, aclaramos que esto se refiere a las actividades que te encantan hacer y que no te importaría no ganar un sueldo al hacerlas. Por ejemplo, ayudar en un comedor infantil. Quizás no lo hagas a diario, sino una vez por semana. Pero si aún así te sientes satisfecho, no es un trabajo.

Si te llena de orgullo y te “completa” quiere decir que eres bueno en esta tarea. Tal vez sea tiempo de dejar de hacer horas extras en la oficina para ganar un dinerillo extra y empezar a disfrutar de las cosas buenas que tiene la vida, como la sonrisa de un niño o un “gracias” junto a un gran abrazo.

¡Empieza a vivir si quieres conocer el sentido de la vida!
Y todas estas preguntas tendrán su respuesta.

viernes, 2 de octubre de 2015

La culpa


Asociamos la culpa con un sentimiento negativo, nos produce remordimientos, nos ancla en el pasado y no nos deja disfrutar de nuestro presente. Pero, ¿y si hubiera también un culpa sana? ¿Una culpa que nos permitiera ir hacia el futuro? Creo que es necesario poder diferenciar entre la culpa neurótica que nos ata a lo que ya pasó y la culpa sana que nos ayuda a seguir adelante. Nuestra cultura, nuestros valores, y nuestra sociedad ha tenido un papel muy importante en cómo entendemos la culpa hoy en día.

La culpa como concepto

Si buscamos culpa en el diccionario, nos salen cuatro entradas. La cuarta acepción del diccionario habla de la culpa como:.f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado. Por tanto, la culpa se entiende como algo que hemos hecho u no hemos hecho, que provoca un sentimiento de responsabilidad por ese daño. Sabemos que la culpa es un sentimiento aprendido a nivel social, aprendemos a experimentar culpa, a saber cuando hemos “pecado” si usamos términos más teológicos. Porque no podemos olvidar que nuestra educación judeo-cristiana, ha tenido también mucho que ver con cómo entendemos hoy en día, el sentimiento de culpa. La religión ejerce un papel importante, en el concepto de culpa tal como lo entendemos hoy en día.

La culpa se enseña, y es una manera de controlar nuestra manera de actuar, y la manera de hacer de los demás. Tiene un componente mental muy importante, me culpo o te culpo, por unas razones muy concretas. Y a la vez, tiene un componente emocional también fuerte. ( me siento furioso conmigo o contigo, o incluso con la situación).

Los ingredientes de la culpa

Las personas, cuando sentimos culpa, solemos tener unos ingredientes comunes que se repiten cuando aparece este sentimiento complejo.

1. Exigencia (hacia los demás o hacia nosotros mismos): Ejercemos el control, sintiendo la necesidad de comportarnos adecuadamente, o les exigimos a los demás que “paguen” el daño causado.

2. Rabia y enfado: Normalmente es un enfado, que no reconocemos, ni expresamos. En vez de eso, nos culpamos a nosotros para no expresarlo. O sino, culpamos a los demás, y de esa manera tapamos el enfado.

3. Tristeza: Hay tristeza en la medida que no han sucedido, las cosas como nos hubieran gustado, y porque cuando sentimos culpa, estamos más en el pasado que en el presente.

4. Sentimientos de superioridad o inferioridad: Cuando sentimos culpa, juzgamos a los demás o a nosotros mismos. Cuando nos creemos con el derecho, de poder influir en la vida de los otros, nos invade una sensación de superioridad. Cuando, nos juzgamos y nos machacamos a nosotros mismos, nos puede invadir una sensación de inferioridad.

5. Pensamientos repetitivos o rumiaciones
se gasta una importante cantidad de energía pensar de forma repetida en lo que ha sucedido.

La culpa neurótica

La culpa neurótica o poco sana, es aquella que surge cuando nos culpamos a nosotros mismos por todo, o culpamos al otro sistemáticamente. De pequeños, vamos tragando sin cuestionarnos, todo lo que nos dicen nuestros padres. Es entonces, cuando el niño incorpora normas y mandatos en la forma de relacionarse con el mundo, dándolas por buenas sin ponerlas en duda. Así es, que como el pensamiento de  “debes cuidar a tu madre” se instala. Y el adulto no se permite, cuestionarse esa idea.

Otro mecanismo habitual de la culpa neurótica es lo que se llama en terapia Gestalt, la retroflexión. Hacernos a nosotros mismos lo que le querríamos hacer a los demás. En la culpa, esto pasa con la rabia, con nuestro enfado. Nos culpamos a nosotros, en vez de mostrar el enfado que tenemos hacia los otros y pedir, lo que necesitamos de los demás. El hecho de culparnos en vez de expresar lo que sentimos hacia los otros, hace que muchas veces acabemos somatizando en nuestro cuerpo lo que nos pasa. (dolores de cabeza, de cuello, de espalda).

La culpa neurótica también surge cuando alguien nos culpa por como se siente y nosotros asumimos esa culpa. ( soy responsable de todo lo que pasa a mi alrededor ). Mucha gente ha aprendido a culpar a los demás por sus sentimientos en lugar de asumir la responsabilidad de sus propias emociones. Cuando aceptamos esta culpa, nos cargamos de mochilas que no son nuestro asunto, que no son nuestra responsabilidad.

Aunque a priori, la culpa parece una emoción difícil de digerir, también cumple una función, o un beneficio aunque parezca negativo. Algunos beneficios de la culpa pueden ser:


  • Evitar conectar con el enfado: Mientras nos sentimos culpables, nos negamos la posibilidad de estar enfadados con los demás, y con nosotros mismos.
  • Evitar el presente: Es una defensa, mientras estamos en la culpa, estamos en el pasado, y no afrontamos el presente. Nos sentimos seguros en esta sensación, aunque no resulte agradable.
  • Obtenemos aceptación de los demás: Sentir culpa en nuestra sociedad es algo muy aceptado, y no está bien visto, no sentirla en ciertas ocasiones.
  • Quedarnos en una zona segura: La culpa es una emoción conocida, y nos permite no sentir otras emociones.
  • Lograr el perdón de la gente: existe la creencia a nivel de que si nos sentimos suficientemente culpables pagaremos “nuestros pecados”, y compensaremos nuestro mal comportamiento. Está en la base de las penitencias (sobre todo religiosas).
  • Conseguir la compasión de los otros: Si damos pena, entonces, nos ponemos en un lugar de personas desvalidas y desprotegidas.


La culpa sana

A pesar de todos estos beneficios, como véis, no son del todo sanos para nosotros. ¿Qué sería entonces, una culpa sana? ¿A qué nos referimos?

La culpa sana es aquella que nos responsabiliza de lo que estamos haciendo, la que nos ayuda a ver y decidir, cuáles son los actos que hemos realizado y a la vez, poder observar nuestra responsabilidad y asumirla, no desde el machacarnos, sino desde el responsabilizarnos de nuestros actos. La culpa sana, nos responsabiliza, de nuestro presente, es en el aquí y ahora.  Si optamos por este tipo de culpa, es sanadora, porque juzga nuestros actos, no a nosotros mismos.

“La culpa sana, viene cuando el niño puede empezar a opinar diferente de sus padres, y convertirse en adulto”.

La culpa la vivimos desde nuestro niño interior, la responsabilidad es de nuestro adulto. Cuando el adulto es capaz de hacer su propia vida, y seguir su propio destino. El adulto también se pueda sentir un poco culpable, sigue su camino, y se atreve a opinar sus propias ideas, diferentes a las de sus padres. Y deja a sus padres con su propio destino, entonces pasa, de mirar constantemente a sus padres, para recibir su aprobación, a mirar lo que él realmente quiere.

Es así, cuando nos convertimos en culpables de hacer nuestra propia vida, y es una culpa sana, porque nos impulsa hacia el futuro.

lunes, 23 de marzo de 2015

lunes, 16 de febrero de 2015

Procrastinación

El psicólogo Rafael Santandreu, autor del libro El arte de no amargarse la vida, nos explica en este vídeo las razones de por qué postergamos nuestras acciones y propósitos, y nos da algunas pautas para corregir este mal hábito que nos hace infelices.

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CANAL DE RAFAEL SANTANDREU

jueves, 25 de septiembre de 2014

Emociones incómodas

Aprendizaje Emocional

Realmente a la mayoría de nosotros nunca se nos enseñó a sentir, a saber como comportarnos ante las emociones incómodas… y a muchas personas incluso se les reprendió en ese momento durante su infancia; reprensión debida a la propia incomodidad de los padres o tutores que tuvieran, los cuales realmente no sabían como actuar de una forma más adecuada en esos momentos pero que a la postre les hizo a esos niños desconectar de su propio mundo interior, verlo como algo vergonzante y siniestro que había de ser ignorado y tapado a toda costa.

La próxima vez que sientas una emoción incómoda (incómodas son al fin y al cabo y no malas o negativas como las suele llamar a veces alguna gente por miedo o desconocimiento), siéntela en toda su dimensión como la alerta que es, como el mensaje que te está enviando tu propio cuerpo …y no como una enemiga de la que hay que huir o de un familiar o conocido del que te avergüenzas y que has de mantener oculto, ya que de esa forma sólo estarías inyectándole sufrimiento extra a esa situación, ya de por sí poco grata. Sólo cuando tu cuerpo entiende que has recibido y comprendido correctamente el mensaje implícito en esa emoción, vuelve a la calma.

Estas emociones son algo natural que nos pasa a todos y aunque seguro que lo sabes, te repito que no es nada vergonzoso sentirla porque es TU SENTIR, es quien eres realmente y no quien crees ser, es tu inconsciente mostrándose ante ti. Quien pudiera reírse de ti y no entenderte en esos momentos, más allá de faltarte al respeto, está simplemente mostrando a los demás que a si mismo no se permite SER, y demostrando que no se respeta a sí mismo en sus propios momentos emocionalmente incómodos.

Entiende tu emoción poco grata o incómoda como si fuera el llanto de un niño que llora (el propio niño o niña interior, temeroso y desorientado en muchos casos, que todos llevamos dentro) no trates de taparle la boca, deja que se exprese… atiéndela y escúchala (si la ignoras o rechazas, será como el bebé que se frustra ante la falta de atenciones de sus padres y se siente abandonado y desconsolado) verás como, si es incómoda, pronto dejará de incomodarte y volverás a la calma y paz interior MUCHO antes de lo que esperas. No es posible aclarar el agua turbia, pero si no la tocamos y solo la observamos, ella misma se aclara (y con mayor rapidez) que si andamos metiendo la mano en el charco para forzar su aclarado. No es saludable tapar una herida infectada, hay que limpiarla y oxigenarla para que nuestro cuerpo la sane por sí sola.

Ten también presente que esa emoción incómoda te está hablando de ti mismo, así que es una oportunidad magnífica de conocerte mejor, para saber tus necesidades y anhelos, tus miedos, y poder ponerles presencia, luz y empezar a solucionarlos (para desenredar un nudo hay que saber antes como está hecho). Alégrate a partir de ahora de tener esos momentos, porque te están ofreciendo OPORTUNIDADES PRECIOSAS para conocerte mejor y más profundamente cada día; y para ello, para aprovechar estas oportunidades correctamente, has de intentar en la medida de lo posible, observarte a ti mismo como si fueras una persona ajena a tu cuerpo y sobre todo a tu mente, pero SIN CRITICARTE NI JUZGARTE, tan sólo obsérvate por dentro como quien mira las nubes pasar, de eso se trata la autoconsciencia (solamente podemos aprender cada situación y comprendernos verdaderamente a nosotros mismos si nos miramos desde una posición que no emite juicios ni críticas, que no se muestra ni a favor ni en contra, que no clasifica lo que ve siente, que solamente observa lo que hay y NO lo que “debiera” haber o no haber) entiende ese episodio como algo que es natural y usual en la vida de cada persona y verás como ya no resulta tan fatal ni tan doloroso como antes el sentir ese tipo de emociones.

Cuanto aprendas a mantenerte en calma en esos momentos, cuando los veas y los sientas con la naturalidad que trato de hacerte ver (no resignándote a esas emociones ni repudiándolas, ni forzándote a tener que poner buena cara o “ser positivo” por no crear “mal ambiente”, por temor a sentirte débil, o porque creas en la falacia de que “lo que se espera de ti” es que estés bien SIEMPRE) verás como automáticamente, tu empatía y comprensión del mundo emocional de los demás también aumenta (ya que no podemos ver en los demás lo que no vemos en nosotros mismos primero) y podrás servirles de gran ayuda en sus momentos incómodos (porque les comprenderás perfectamente), al igual que espero yo haberlo sido para ti.


Finalmente, decir que hay padres que piensan que hacen un favor a sus hijos no mostrándoles sus emociones incómodas ni su sentir en esos momentos… yo personalmente opino que les sería de gran ayuda el que sus hijos vieran que ellos pueden hacer frente a esos momentos emocionalmente incómodos con naturalidad, de esta forma les estarían dando buen ejemplo y herramientas emocionales para el futuro, que a su vez, les tocará afrontar. Obviamente no estoy diciendo que se tenga que hacer partícipe a los niños de cada angustia, ni presionarlos y estresarlos con problemas de adultos (sería contraproducente someterlos a tal presión), pero sí que observen que sus mayores también tienen esas emociones a veces, al igual que ellos y que vean que no las reprimen o se las niegan (ni a sí mismos ni a ellos como hijos), sino que aprendieron a sacarles partido y a gestionarlas con habilidad, habilidad emocional.

jueves, 7 de agosto de 2014

Controla tus límites


Cuando alguien sobrepasa nuestros límites psicológicos se puede comparar con una gota de agua que va cayendo sobre una gran piedra. Deben pasar millones de años para que ese goteo signifique algo realmente para la masa dura de la roca. En el caso de las personas, no es preciso que sea tanto tiempo, claramente, pero si que es muy difícil darnos cuenta, así como la piedra, no sabe que de tanto caer la gota sobre ella, terminará erosionada.

Esto se debe a que la manipulación, las estrategias de mando o el sobrepaso de los límites no es simple de detectar como si puede ser una cachetada, un apretón fuerte del brazo, un grito, etc. Lamentablemente, no nos damos cuenta de que alguien está pasando la raya que divide tu integridad mental, por ejemplo.

Sin embargo, el problema principal es que casi todos nosotros no somos realmente conscientes de los límites que debemos poner, de cuándo comienza y acaba nuestro plano emocional. Eso puede ser complejo y casi nadie piensa en ello. Así es más difícil de determinar si alguien se ha pasado de “listo” (en cualquier sentido). Para poder evitarnos cualquier inconveniente, pasamos por alto ese incidente, creemos que ha sido algo “aislado”. Esto es sinónimo de extender nuestros límites, de manera inconsciente, claro está, pero hay veces en que los dejamos pasar más allá de lo recomendable y es más complicado luego volver a recuperar el territorio que nos corresponde.

Es bueno saber, que el hecho de que extiendas tus límites de vez en cuando o con ciertas personas no es una decisión poco acertada o negativa en si. En realidad, está comprobado que aquellos más inteligentes, creativos y sensibles son los que cuentan con límites más flexibles, estando más dispuestos a ampliarlos en caso de que sea necesario.

Existen ciertas ocasiones, sin embargo, en que debemos hacernos valer, demostrar que nuestros derechos son infranqueables, porque de lo contrario, estaremos más expuestos a que nos sometan desde lo emocional. El primer paso es aprender a detectar en momento preciso en que alguien está sobrepasando nuestros límites, una vez que ya hemos determinado cuáles son y para que nos sirven.

Signos que nos dicen si alguien sobrepasa nuestros límites

1-Justificar el mal comportamiento del otro: esas excusas que podemos poner cuando alguien nos trata de una manera poco afectiva, nos desprecia, es despectivo, etc. Esto es muy habitual en la relaciones de pareja cuando uno es violento y el otro, la víctima. La justificación o excusa más frecuente es “es muy bueno conmigo, pero está nervioso porque en el trabajo le va mal” o “nunca antes se había comportado así, seguro es porque no tiene dinero”. Una manera de que sobrepasen nuestros límites es cuando dejas pasar los malos actos porque en el fondo “te quiere”. Aunque estemos 100% seguros de que la otra persona nos ama, la violencia nunca está permitida, así como otros tipos de comportamientos que causan daño. Es preciso estar muy atentos porque hay un sólo paso entre comprender y someterse. Cuando quieras comprender por qué el otro te trata de una manera, no lo justifiques ni te mientas a ti mismo sólo por evitar una discusión o enfrentar la realidad.

2-Culparse si algo sale mal: si constantemente te echas la culpa si una cosa no va como lo esperabas, ya sea en el trabajo, en casa, en la Universidad, etc, es porque alguien de tu entorno está sobrepasando sus límites. Es que asumir la responsabilidad por nuestras acciones está bien, pero no cargar con los debes y obligaciones del otro, así como tampoco culparnos por cosas que nos exceden. Así será imposible resolver el problema y tardarás más en lograr los buenos resultados. Si tu compañero de equipo ha “tomado” tu esfuerzo y tu parte en un proyecto, no creas que se debe a que tú mismo no lo supiste defender en ese momento. Tal vez haya otro inconveniente de fondo, como que tienes miedo de generar conflictos en el trabajo, no sabes hablar en público, te da vergüenza plantear ciertos temas, etc. No te culpes, sino lucha por aquello que sabes que te corresponde.

3-Dudar de la propia decisión al escuchar otra opinión: si una vez que has pensado mucho sobre un tema y has tomado una decisión, viene alguien y con sólo esbozar su criterio comienzas a dudar, es probable que esa persona empiece a “aprovechar” esta ventaja. No quiere decir que siempre será así, pero ten cuidado. Es válido consultar con los demás cuando no sabemos que decidir o elegir en nuestra vida, pero lo que no es aceptable es que cada vez que hables con “X” persona, luego termines haciendo todo lo contrario a lo que ya habías planteado o decidido. En ocasiones los puntos de vista de los demás nos pueden “marear” o “ayudar”, todo depende de quién proviene. Como se decía anteriormente, hay una línea muy delgada entre la manipulación y la cooperación. Por ejemplo, esto ocurre cuando los padres dicen que apoyan la decisión de su hijo de manera incondicional, pero después lo cuestionan por ello.


Cuando tengas la certeza de que alguien está quebrantando tus límites, no dudes en decirlo con claridad. Expresa lo que sientes, lo que piensas, deja bien en claro cuál es tu posición sobre ello, para que no se vuelva a repetir. Nada de hacer un drama o enfadarse con el otro, sino siempre respetar el tono relajado y decidido en la voz. Transmite que en ciertos aspectos no estás dispuesto a ceder. 

lunes, 21 de julio de 2014

¿Por qué perdemos la fuerza de voluntad cuando más la necesitamos?

Fito+bn

No es extraño que comencemos un proyecto con todo el entusiasmo y que una vez que ya nos hemos “embarcado” en él, poco a poco vayamos perdiendo esas ganas que atesorábamos cuando lo comenzamos. Incluso hay veces que lo postergamos indefinidamente o lo abandonamos por falta de tiempo.

Los expertos dicen que hay varios “síntomas” o factores que nos pueden indicar que la fuerza de voluntad nos abandona justo cuando más la necesitamos.

Cinco signos para explicar la falta de voluntad

Estos cinco aspectos, analizados detalladamente, nos pueden dar una pauta de qué es lo que nos está ocurriendo y por qué nos cuesta tanto llevar adelante un proyecto, o mejor dicho, terminarlo y ser exitosos como lo habíamos pensado o planeado desde un principio. Toma nota y analiza con lo que experimentas a diario, tal vez puedas encontrar una solución a tu problema.

1 - Exceso de autocontrol: quizás parezca que es un contrasentido porque la falta de fuerza de voluntad no tiene que ver, justamente, con el control. Sin embargo, los especialistas dicen que todo se trata de un “juego de equilibrio”. La voluntad no es una capacidad que nunca se agota, sino algo en lo que debemos ir “dosificando” usando la inteligencia con la que contamos. Un reciente estudio sobre autoindulgencia ha demostrado que los seres humanos somos vulnerables a caer en ciertas tentaciones cuando nos estamos controlando más. Un ejemplo simple de comprender es aquél que está llevando una dieta estricta y cuando tiene un “desliz” o un minuto de no pensar en ese régimen, se da un “atracón”. Las personas también sufren de mayor infelicidad cuando cae la noche y eso no es casualidad. Se debe a que las reservas de autocontrol que lo dominan durante el día van disminuyendo al anochecer. Entonces, el exceso de fuerza de voluntad puede convertirse en tu peor enemigo al momento de lograr tus objetivos. ¿La solución? Esforzarse en las tareas que valen la pena y darse un respiro en las menos importantes.

2 - Sesgo de moderación: la gran mayoría de nosotros subestimamos o sobrestimamos la fuerza de voluntad que poseemos. Por ello es tan común que la gente abandone su carrera, deje de ir al gimnasio o a un curso, etc. Es frecuente que los primeros meses del año las academias estén completas y que luego, pasadas algunas semanas, se empiecen a vaciar. Muchos “prometemos” cuando comienza enero hacer lo que no cumplimos el año anterior, pero esa voluntad va desapareciendo. Esto se debe a que creemos o pensamos que somos controlados, fuertes y perseverantes y que esta vez “si” llegaremos a diciembre con la misma rutina que en enero. Es recomendable que no te expongas a aquellas situaciones que puedan convertirse en una tentación a dejar o bien que puedas caer en las redes de la haraganería, la falta de ganas, las excusas para no asistir, etc. Si no te gusta ir al gimnasio, prueba con otra actividad para hacer ejercicio, no te “obligues” a lo que no te agrada, porque es más fácil que lo abandones.

3 - Creencias negativas muy arraigadas: Esto puede estar presente en nuestra mente desde que eramos pequeños o jóvenes. Por ejemplo, si en la familia nunca creían en nosotros o nos exigían demasiado, si consideramos que el éxito es para las personas adineradas o que no tenemos la capacidad de tener nuestra propia empresa porque no contamos con las habilidades requeridas, etc. Si tu idea o meta es obtener un mejor puesto en tu empleo o emprender en un negocio ambicioso, una creencia contrapuesta puede retrasarte, al pensar que no eres lo suficientemente merecedor, bueno o inteligente para lograrlo. Para poder sobrellevar esto, primero deberás saber cuáles son estas ideas que rodean tu mente, trabajar en ellas, modificar los pensamientos y añadir ideas que te motiven al éxito. Una buena alternativa es colocar en lugares visibles frases de motivación y autosuperación.

4 - No fijarnos en el contexto social: no eres una “isla” autosuficiente, necesitas interactuar con los demás, eso está más que claro. Si bien lo sabes, desestimas esta idea y crees que lo puedes todo, que no precisas de nadie que te ayude, que lo harás mejor si es a tu manera. Estableces objetivos como si llevarlos a cabo solamente dependiera de ti y te olvidas que vives en un contexto, por más de que no compartas casa o piso con nadie. El mundo está repleto de personas y también de tentaciones, una de ellas, sin dudas, es creernos “omnipotentes”. Al plantearte cualquier meta, has que los demás (familia, amigos, pareja, compañeros) te ayuden, participen, se involucren y sirvan para enfrentar los obstáculos que seguramente aparecerán.


5 - Cansancio: la falta de sueño nos hace estar más propensos a claudicar y abandonar nuestros sueños y proyecto. El tan conocido “estrés”, del que somos víctimas millones de personas en el mundo entero, deja de lado la motivación. Esta última es la encargada de “inyectarnos” de energía extra a diario, para poder mantenernos despiertos cuando lo necesitamos. Sin embargo, la ansiedad, los nervios y las preocupaciones no dejan que descansemos lo suficiente. El cansancio prolongado tarde o temprano nos pasa factura, ya sea con alguna enfermedad o con la falta de fuerza de voluntad. Si estás pensando en un proyecto bien ambicioso y deseas llegar a la meta, duerme la cantidad de horas necesarias, para poder tener tu nivel de recarga completo. 

jueves, 24 de abril de 2014

El ruido de nuestra cabeza

Colorful+Cosmos

Mantenemos un diálogo casi perpetuo con nosotros mismos en forma de voz, o voces, en nuestras cabezas. Poca gente lo admite porque poca gente es siquiera consciente de este incesante parloteo y, por tanto, rara vez son conscientes de sus consecuencias.

Cada día nos decimos miles de frases en nuestras cabezas, y lo peor de todo es que no son generalmente palabras amables. Son pensamientos muy poco útiles y repetitivos. El 90% de lo que te dirás hoy es idéntico a lo que te dijiste ayer.

El pensamiento compulsivo y la adicción a las emociones que genera es una de las mayores lacras de la humanidad, y la fuente de la mayor parte de sus males.

Te recomiendo que seas consciente de tus voces internas, de todo aquello que TE dices, muchas veces sin siquiera darte cuenta, y que reflexiones sobre las emociones que ello genera en ti mismo. Reflexiona sobre cómo afecta lo que haces, lo que dices, la manera en que te relacionas con otros y tu percepción sobre todo lo que te rodea. Andar con una radio encendida en tu interior todos los días puede distorsionar enormemente tu experiencia de la vida, especialmente si esa radio emite en determinados canales.
Javier Malonda 

jueves, 17 de abril de 2014

El reflejo de nuestros defectos

Rainy+Mid-Night+Snack

Cuando nos molestan mucho ciertos defectos o comportamientos de los demás, podemos deducir con toda seguridad que ESOS MISMOS son los nuestros, aunque estén retenidos o reprimidos subconscientemente. Cuanto más nos desagradan (los ajenos) es porque más nos duelen los propios.

Yo sé que cuesta creer y admitir lo que estoy diciendo. Pero invito a quienes se resistan a aceptarlo, que se observen con TOTAL y ABSOLUTA SINCERIDAD. No es necesario que lo reconozcan en público. Basta que cada uno lo vea en sí mismo.

Si observas bien, verás que a veces, ese defecto que tanto te molesta en alguien y te da “vergüenza ajena”, es porque en el fondo “sientes”, “recuerdas”, muy subconscientemente que en algunas ocasiones tú fuiste así o te comportaste así. Por eso sientes la vergüenza ajena. Si no, ¿por qué habrías de sentirla?

¿Por qué habrían de enojarte ciertos defectos o formas de conducta, si no fueran el reflejo de los tuyos? Verse con su peor cara en el espejo de los otros nos causa mucha MOLESTIA Y RABIA. Y así solemos expresarlo.

Al recriminar y rechazar esos defectos en los demás, parecería que esas actitudes fueran lo más ajeno e impensable en nosotros (una manera de defensa psicológica ante lo que no nos permitimos a nosotros mismos). Y ciertamente que es una manera de expresar que no queremos tener dichos defectos. Pero nuestro rechazo molesto y enojoso es señal de que AÚN ESTÁ PRESENTE, DE ALGUNA MANERA, EN NOSOTROS, si no en nuestra actividad del momento, sí al menos, como recuerdo del pasado o como una tendencia en el subconsciente.

Una vez más, insisto en que, aunque a muchas personas les parezca difícil aceptarlo, la experiencia de quienes una y otra vez hemos hecho un examen muy sinceramente honesto y serio, nos demuestra que es totalmente exacto.

Cuesta mucho ser sincero y honesto consigo mismo, al admitir que debilidades y fragilidades que nos disgustan y mortifican no sólo son defectos de los demás sino también nuestros. Cuando vemos que también nosotros tenemos los defectos que nos molestan en los otros, necesariamente nos hacemos mucho más comprensivos e indulgentes. Uno de los defectos humanos más generalizados es justamente la desaprobación, la crítica y la condena. Falta tolerancia, benignidad e indulgencia.

En la historia de la Humanidad se han cometido las mayores atrocidades, por falta de comprensión y tolerancia. En las relaciones humanas, tanto entre amigos como en la misma familia, es muy frecuente la rigidez e intransigencia.

Cuando te sientas muy molesto por los defectos de los otros, MÍRATE ADENTRO. Obsérvate. Puede ser una buena ayuda para corregirte y mejorarte. Y sobre todo será un buen camino para comprender a los demás y aceptarlos.
 Darío Lostado, Tu vida tiene Sentido

martes, 29 de octubre de 2013

Revisar nuestro punto de vista


 coldplay%3Aviva+la+vida

SÁBANAS
Una pareja de recién casados, se mudó para un barrio muy tranquilo.
En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de la ventana que una vecina colgaba sábanas en el tendal.

-¡Qué sábanas sucias está colgando en el tendal!
-Está precisando de un jabón nuevo... ¡Si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar las ropas!-
El marido miró y quedó callado.

Algunos días después, nuevamente, durante el desayuno, la vecina colgaba sábanas en el tendal y la mujer comentó con el marido:
-¡Nuestra vecina continúa colgando las sábanas sucias! ¡Si yo tuviese intimidad le preguntaría si ella quiere que yo le enseñe a lavar ropas!-

Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina colgaba sus ropas en el tendal.
Había pasado un mes, la mujer se sorprendió al ver las sábanas siendo tendidas, y entusiasmada fue a decir al marido.

-¡Mira, ella aprendió a lavar las ropas! ¿Será que la otra vecina le enseñó...? Porque yo no hice nada.-
El marido calmosamente respondió:

-¡No, hoy yo me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana! -
 Y así es. Todo depende de la ventana, a través de la cual observamos los hechos. Antes de criticar, verifiquemos si hicimos alguna cosa para contribuir. Verifiquemos nuestros propios defectos y limitaciones.

Lave sus vidrios. Abra su ventana...

PSICOLOGÍA EMOCIONAL

sábado, 11 de mayo de 2013

En busca del tesoro

Foggy+Fame...

Testimonio de una asistente al Curso de Conocimiento de sí mismo:

Para mí, ha sido un fin de semana duro, pero, a la vez, revelador y gratificante.

Por un lado, he descubierto algo que había olvidado y es "que todo está en mí ", y, por otro lado, me he quitado un gran peso de encima al descubrir que ya no tengo que ser doña perfecta , que tengo defectos y emociones no aceptadas socialmente, pero también muchas virtudes y que esas emociones no soy yo sino "Silvia con eso q siente ahora ".

Me siento liberada al saber que no soy tan buena, que también tengo rabia etc... y que lo único que tengo que hacer es tirar de la cisterna emocional todos los días para no ser un guarro jajajajaja ( como nos enseñó el gran maestro Juan )

Sé que aquí empieza el camino, que va ser duro, largo e intenso pero sé que este es el billete que he sacado y de este tren no bajo sin encontrar mi tesoro.
 
Silvia

lunes, 6 de mayo de 2013

Curso de Conocimiento de sí mismo, mayo de 2013


De los días 2 al 5 de mayo ha tenido lugar el nuevo Curso de Conocimiento de sí mismo en Santander (el cuarto que se celebra desde 2010)

De la mano del presidente del Teléfono, Juan Sánchez Porras, las personas que han participado lo han vivido como una experiencia muy positiva y enriquecedora, puesto que la base para ser feliz es conocerse bien a uno mismo.

Enhorabuena a todos por este paso, y les deseamos un feliz viaje que no ha hecho más que comenzar.