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lunes, 25 de abril de 2016

Ejercitar la psicología positiva


La felicidad a pesar de ser relativa es altamente codiciada. ¿El problema? Saber cómo obtenerla. En Medciencia ya os hemos hablado en varias ocasiones de ella: Os hablamos de cómo aumentar de forma natural los niveles de serotonina (neurotransmisor relacionado con las emociones), os hablamos de por qué nos es difícil alcanzar la felicidad y cómo hacerlo y además os dimos una lista de 10 consejos para ayudaros a obtenerla. Hoy os vamos a dar unos ejercicios adicionales que provienen de la psicología positiva y que tienen el propósito de aumentar la felicidad y el bienestar a la vez que favorecer un insight (entendido como autoconocimiento y crecimiento personal).

La psicología positiva:

Esta disciplina surgió durante los años 90 al observarse que la psicología tradicionalmente se había enfocado solo en los aspectos negativos o patológicos del ser humano, en cómo corregirlos pero sin embargo había dejado de lado el potenciar los aspectos saludables. Así pues esta disciplina impulsada por el trabajo del profesor Martin Seligman centra su atención en potenciar aspectos positivos del ser humano (como son la creatividad, resiliencia, inteligencia emocional, etc…) para promover o aumentar el bienestar y la felicidad en la persona. Es una disciplina que se centra en las virtudes y fortalezas del ser humano.

La psicología positiva nos anima a cuestionarnos que pensamientos y acciones podemos cambiar para ser más felices. La idea es que debemos cultivar emociones positivas, alimentar y cuidar de las relaciones sociales y realizar actos de bondad.

Si os interesa podéis acceder a la web del propio Martin Seligman dedicada a la psicología positiva (Authentic Happiness), en ella podéis encontrar cuestionarios varios para evaluar vuestros propios niveles en varios aspectos así como vídeos sobre el tema (aunque hay la opción de cambiar el idioma de la web del inglés al español la verdad es que no todo está traducido).

Los ejercicios:


  1. Tres cosas divertidas: Escoge tres cosas divertidas que hayan ocurrido en tu día y por qué ocurrieron: ¿Fuiste tu que las causaste directamente, fue algo espontáneo o fue otra persona? La capacidad de reírse de uno mismo y de la adversidad es algo muy positivo, poder relativizar y no tomarnos las cosas demasiado en serio.
  2. Escribir un diario: Aparte de ser una herramienta de auto-reflexión muy poderosa también nos permite documentar los cambios positivos en nuestra forma de pensar y en nuestras acciones. Es un método útil para superar emociones negativas, expresarlas de forma sana y transicionar a un estado más positivo. Para las narraciones de cosas positivas o logros procura incluir estos apartados: ¿Qué ocurrió?, ¿Por qué ocurrió?, ¿Qué hice bien?, ¿Cómo ayudé a que eso ocurriera?. Para las narraciones de problemas: ¿Cómo me esta esto obstaculizando?, ¿Que pensamientos y acciones puedo llevar a cabo para salir de ese obstáculo, para vencerlo?, es decir, enfócalo como una herramienta de solución de problemas.
  3. Escribir un diario del futuro: Cierra los ojos y visualiza tu futuro. Céntrate en las diferencias con el momento presente y en cómo conseguirás esos cambios, esas metas. Céntrate en cómo te sientes en ese futuro y en cómo responden los demás a ese nuevo tú. Posteriormente piensa en cómo utilizarás las técnicas y hábitos que estás aprendiendo en el camino para ayudar a los demás.
  4. Contar los gestos de bondad: Lleva la cuenta de los actos generosos o bondadosos que realizas durante el día y aquellos que observas. Sonreír a la gente, ayudar a alguien a cruzar, recoger algo que se le ha caído a la persona de enfrente, etc…
  5. Visita de gratitud: Piensa en alguien al que tengas algo que agradecer, que te haya ayudado, que ha sido amable o bondadoso contigo. No familiares ni pareja. Escríbele una carta a esta persona, explicándole cómo te han ayudado y el impacto de su influencia, su conducta y su gratitud en ti. Queda con esa persona, léele la carta y posteriormente regálasela.
  6. Cultiva una perspectiva positiva: Intenta cambiar tu punto de vista cuando te asalten pensamientos negativos, busca algo positivo o bondadoso a tu alrededor. Si sientes ansiedad observa las flores a tu alrededor, escucha los pájaros, siente el aire que roza tu piel, observa a la gente de la calle, los niños riendo, las familias paseando. Todos sufrimos pero frecuentemente los pensamientos negativos son inútiles, no resuelven la situación (si es que esta es real y no un pensamiento en sí) y nos hacen sentir peor. Las emociones no son hechos y podemos cambiarlas si nos esforzamos.

Con la práctica estos procesos de observar lo positivo, ser más resilientes y generosos, etc… se vuelven automáticos, el cerebro aprende a corregirse mejor, a cambiar el chip cuando está negativo y ello se debe a que sabemos reconocer cada vez mejor cuando los pensamientos toman la dirección equivocada. La observación lleva a la detección y esta a la posible modificación.

lunes, 4 de abril de 2016

¿Cómo dejar de ser perseguidor, víctima o salvador? (Segunda parte)


Hace unas semanas, introdujimos el tema de los tres papeles psicológicos que desempeñamos en nuestras relaciones: Perseguidor, Víctima o Salvador.

Para salir del llamado triángulo dramático y relacionarte desde el triángulo del ganador, o de la comunicación positiva, necesitas desarrollar una serie de habilidades específicas, que ya apunté en el post anterior. Vamos a verlas con más detalle.

Si te reconoces en el papel de Víctima...
Necesitas desarrollar la habilidad de resolver problemas por ti misma. Para ello...
  • Activa tu parte Adulta para analizar la situación y buscar posibles soluciones. Si dentro de esas posibles soluciones está el buscar ayuda externa, hazlo, pero...
  • No deposites la responsabilidad de tu vida en el otro. Te toca aprender a aceptar que la responsabilidad de tu vida es tuya al 100%, para lo bueno y para lo malo.
  • Deja de quejarte y toma las riendas de tu vida. Si tú no lo haces, ¿por qué debería hacerlo otra persona?

Cosas que puedes hacer sin ayuda terapéutica (autoayuda):
  1. ​Aprende resolución de problemas (definir el problema, generar alternativas, evaluar y seleccionar alternativas, implementar soluciones)
  2. Lluvia de ideas. Ante un problema o conflicto, haz una lluvia de ideas sin censurar nada de lo que se te ocurra, y luego evalúalas desde tu parte Adulta. 
  3. Atiende también a tus sentimientos. ¿Qué siento en esta situación? ¿Qué me está diciendo este sentimiento?

Si te reconoces en el papel de Salvador...
Necesitas desarrollar la habilidad de escuchar al otro. Para ello...
  • Aprende a respetar la capacidad del otro de resolver sus propios problemas y satisfacer sus propias necesidades, así como de pedir lo que necesite sin que tú te adelantes. No te responsabilices de la vida de los demás, no te adelantes a no ser que te lo pidan. 
  • Contacta con tus propias necesidades y sentimientos y ofrece ayuda solo si deseas ayudar genuinamente. Si no deseas estar disponible, declina sin sentirte culpable.
  • La manera más segura de ayudar al otro sin rescatarlo es escuchándolo. 

Cosas que puedes hacer sin ayuda terapéutica (autoayuda):
  1. ​Aprende escucha activa. De forma muy resumida, cuando hago escucha activa escucho lo que dice el otro con atención plena, sin juzgarlo ni evaluarlo, y luego le devuelvo lo que ha dicho usando con mis propias palabras y también lo que creo que esta sintiendo. Es una forma de escucha que promueve la autonomía del otro, algo que necesita la Víctima con la que se relaciona el Salvador. 
  2. Invita al otro a iniciar un proceso de resolución de problemas (ver sección anterior).
  3. Ofrece ayuda específica siempre y cuando quieras hacerlo, atendiendo en primer lugar a tus necesidades.

Si te reconoces en el papel de Perseguidor...
Necesitas desarrollar la asertividad. Para ello...
  • Pide lo que necesitas. 
  • Di que "no" a lo que no quieres.
  • Expresa aquello que te está causando un problema en la relación con el otro: explícale de qué manera específica interfiere su comportamiento en la satisfacción de tus necesidades, y dile qué cambio quieres que haga (qué quieres que haga diferente). No esperes a que el otro lea tu mente.
  • Negocia con el otro un plan en el que ambos ganéis y ninguno pierda. Si el otro no está dispuesto a hacer los cambios necesarios, busca la manera de satisfacer tus necesidades. 

En resumen...

Dejas de ser Víctima cuando...

  • ​Usas tu parte Adulta para analizar la información y resolver problemas.
  • Atiendes también a tus sentimientos para resolver problemas.

Dejas de ser Salvador cuando...

  • No te haces cargo de algo a menos que quieras y te lo pidan.
  • No haces más de lo que te corresponde.
  • No haces lo que no quieres hacer.

Dejas de ser Perseguidor cuando...

  • Preguntas lo que el otro quiere.
  • Negocias con el otro.
  • Dejas de castigar al otro.
  • Buscas la manera de satisfacer tus necesidades.


¿Qué necesitas cambiar tú?

MAMÁ OM

lunes, 28 de marzo de 2016

Recuperarnos de una mala decisión


No hay dudas de que somos nuestros peores jueces. Cuando cometemos un error, pueden pasar años hasta que realmente nos perdonemos por ello.

Al tomar una mala decisión, la consecuencia estará resonando en nuestra mente por mucho tiempo, si no la dejamos ir, si no la soltamos y sobre todo, si no nos perdonamos. Por el contrario, las buenas decisiones son aquellas que más rápidamente olvidamos.

¿Por qué será que la mente humana funciona de esta manera? Quizás porque la sociedad nos ha inculcado desde pequeños que los errores se pagan caros, o que una buena decisión es lo que se espera de nosotros.

Sin embargo, gracias a las malas decisiones también aprendemos. ¿A qué? En primer término, a no volver a equivocarnos o a darnos cuenta de las consecuencias negativas que hemos causado.

Presta atención a esta breve historia que retrata un poco lo que hemos dicho antes:

“Un empleado llega a la oficina de su jefe y le pregunta: “¿Cómo es que ha logrado tener éxito?”.

El jefe le responde: “gracias a las buenas decisiones”.

No conforme con la respuesta, el trabajador le vuelve a preguntar: “¿Cómo pudo tomar las decisiones adecuadas?”

“Debido a la experiencia”, indica el empleador.

Antes de sonar un poco insistente, el empleado le consulta: “¿Y cómo fue posible adquirir esa experiencia?”

A lo que el jefe le dice: “Por las malas decisiones”

¿Qué se intenta explicar con este cuento? Pues, básicamente, que si no tomamos decisiones equivocadas, es muy difícil que podamos tomar las correctas.

Todos cometemos errores o pensamos que algo es bueno cuando en realidad no lo es. Pero la diferencia entre saber aprovechar esas malas decisiones o no, es cómo sobrevivimos a ellas. Esto quiere decir que podemos optar por seguir adelante y recordar qué fue lo que hicimos mal para no repetirlo, o bien, que ese error nos persiga por el resto de nuestras vidas y no nos permita avanzar.

Es vital recordar que, las malas decisiones forman parte de nuestro aprendizaje mientras caminamos por el sendero de nuestra existencia. Está en nosotros tomarlas como si fueran una enseñanza o un gran peso en nuestras espaldas.

Una vez que hemos tomado una mala decisión podemos actuar de diferentes maneras. Por ejemplo, arrepentirnos y cambiar, arrepentirnos y no hacer nada para modificarlo, olvidarnos del tema, angustiarnos, echarnos en cara lo mal que actuamos, etc.

Ahora bien, ¿cuál es la mejor postura que podemos adoptar? Sin duda, la misma que el jefe en la historia que leíste más arriba, es decir, saber que con las malas decisiones se aprende y se forja la experiencia. Lo que desemboca, sin dudas, en el éxito.

Todo parece muy sencillo en la teoría, pero ¿qué hacemos en la práctica? En primer lugar, es vital manejar el torbellino de emociones que seguro sentiremos, desde la ira a la tristeza, pasando por la indiferencia a la depresión.

Tranquilizarnos es muy importante. Recriminarnos todo el tiempo por lo que hicimos mal, no ayudará en absoluto. Por el contrario, tener bien en claro en qué nos equivocamos para no volver a repetirlo, es lo más útil en estos momentos.

Algo que ocurre con frecuencia al tomar una mala decisión, es que las voces de la mente no se callan ni por un segundo, no podemos concentrarnos en lo que hacemos, ni dormir por las noches. “¿Por qué lo hiciste?”, ¿Cómo has podido actuar de esa manera?”, “¿Qué hubiera pasado si…?”. Es lo que dicen una y otra vez en nuestra mente.

No dejemos que esa conversación interna se apodere de nuestra vida cotidiana y sobre todo, de las siguientes decisiones que tomemos.

Dejemos de castigarnos, no podemos volver hacia atrás, aunque muchas veces pensemos que sería perfecto. Lo mejor para hacer en estos momentos es analizar de qué manera podemos reparar los daños y sobre todo, cómo podemos salir airosos de la situación.

Así es como ingresamos en el tercer estadio o escalón en el camino a perdonarnos por nuestras malas decisiones. Es preciso que valoremos el alcance de los daños por nuestro error. Para ello, debemos mantener la mente lo más fría posible, porque cualquier desequilibrio emocional, puede hacernos tomar nuevas decisiones equivocadas o no determinar con certeza las consecuencias de lo que hemos hecho.

Y por último (y más importante), aprender de nuestra equivocación. Es preciso recordar que:

Una mala decisión sólo lo es si no hacemos nada al respecto y si no nos deja una enseñanza.

LA MENTE ES MARAVILLOSA

lunes, 15 de febrero de 2016

¿Eres perseguidor, víctima o salvador?


¿Eres perseguidora, víctima o salvadora?
Cuando tenemos un conflicto en nuestras relaciones personales (con la pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo), muchas veces repetimos una y otra vez la misma dinámica. Los psicoterapeutas la llamamos juegos psicológicos, porque en algunos aspectos se parecen a los juegos de la vida cotidiana. Pero, a diferencia de los juegos de mesa, los juegos psicológicos son inconscientes. 

En los juegos psicológicos, los participantes juegan en uno de estos tres papeles básicos: Perseguidor, Salvador o Víctima.

Todas jugamos a juegos psicológicos. Y todas adoptamos un papel preferido, pero también jugamos desde los otros dos. 

Estos 3 papeles se representan así en el llamado Triángulo Dramático:



¿Con qué papel te identificas más?

  1. Perseguidor. Critican, desvalorizan, necesitan tener razón, necesitan que les teman, buscan siempre los fallos. Persiguen y culpan a las Víctimas y critican la actitud de los Salvadores. Son personas que internamente se sienten inferiores y  necesitan controlar mediante amenazas, orden, rigidez. Su lema es "pisa antes de que te pisen".
  2. Víctima. Estas personas se quejan constantemente de su suerte y niegan su responsabilidad en sus circunstancias adversas. Se ven incapaces e incompetentes e intentan que otro venga a "salvarles" y a darles la solución de sus dificultades. Básicamente, quieren que otro se haga cargo de su vida. 
  3. Salvador. Se dedica a satisfacer constantemente las necesidades de los demás para sentirse imprescindible, pero acaba resintiéndose y pensando que los demás son unos desagradecidos. Es la típica persona que diría: "Después de todo lo que he hecho por ti..."

Papeles falsos y auténticos
Es importante diferenciar entre los papeles falsos, que son distorsiones de los papeles auténticos, que también se presentan en la vida real. Te pongo unos ejemplos:

PERSEGUIDOR
Auténtico: La policía que persigue a un delincuente
Falso: Un miembro de la pareja que descalifica al otro
VÍCTIMA
Auténtico: Un refugiado que huye de la guerra
Falso: Alguien que se queja de otro y no hace nada por cambiar la situación
SALVADOR
Auténtico: Un médico que salva la vida de un paciente
Falso: Una madre que le hace los deberes a su hijo

Todas jugamos a todo
Puesto que estos papeles falsos son tóxicos y nos dañan a nosotras mismas y a nuestras relaciones, lo que hacemos es intentar cambiar de papel, creyendo que así nos sentiremos mejor. Por eso, en la figura del triángulo las flechas van en todas direcciones.

El Perseguidor a veces se siente culpable y pasa a ser Salvador. El Salvador se cansa de salvar siempre a la Víctima y pasa a ser Perseguidor. Y la Víctima, resentida con su Perseguidor o su Salvador, pasará a perseguirlos. Te pongo un ejemplo cotidiano. Entre paréntesis te pongo la inicial del papel que va haciendo cada uno.

Ana: ¡No me puedo creer que te hayas vuelto a olvidar de comprar el pan! (P)

David: Es que he tenido que quedarme más tarde en el trabajo porque fulanito no entendía una cosa y me ha pedido ayuda (S). 

Ana: ¡Siempre te quedas hasta tarde, y ni siquiera me llamas para avisarme! (P)

David: Bueno, también puedes comprar tú el pan, ¿no? ¡Haces jornada intensiva y tienes más tiempo que yo! (P)

Ana: ¡Menuda jeta, tú vas 3 veces a la semana al gimnasio y yo ninguna! (P)

David: Ya sabes que me duele mucho la espalda y el médico me dijo que tenía que nadar... (V)

Ana: Bueno, si quieres, después de cenar te hago un masaje (S).

David: ¡Déjalo, no quiero que luego me pongas cara de perro toda la semana! (P)

​¿Cómo puedes salir del Triángulo Dramático?
Para salir de este triángulo tienes que crear nuevos papeles, funcionales. A este nuevo triángulo le llamamos Triángulo del Ganador.

Si eres más Perseguidora debes aprender a ser Asertiva. El aprendizaje está en  autoafirmarte ante los demás sin necesidad de sentirte superior. Debes aprender a resolver tus conflictos negociando, pedir lo que necesites, decir que "no" a lo que no quieres hacer, expresar tu malestar si la conducta del otro te está resultando inaceptable y ver cómo puedes llegar a consensos.

Si eres más Salvadora debes aprender a ser una Ayudadora empática. El aprendizaje está en preocuparte de los demás pero entendiendo que el otro tiene que encontrar los recursos para resolver sus propios problemas. La ayudadora empática escucha al otro y también a sí misma (sus necesidades). Espera que el otro pida ayuda y no adivina lo que el otro necesita, sino que se lo pregunta.

Si eres más Víctima debes aprender a ser Vulnerable/Responsable. El aprendizaje está en entender que, por supuesto, eres vulnerable y puedes tener problemas, pero te responsabilizas de ellos desde una posición adulta. Aprende a buscar ayuda en profesionales, o en familia y amigos, pero sin pasarles la responsabilidad de que te den la solución. Tú creas tu propia fortaleza interna, tú generas tus propios recursos para ser feliz.

lunes, 25 de enero de 2016

La depresión y la ansiedad no son signos de debilidad


La depresión y la ansiedad no son sinónimos de debilidad. Tampoco son consecuencia de una elección personal, no podemos decidir si queremos o no queremos que nos acompañen.

No. Los problemas emocionales no funcionan así, no se trata de “quiero sentirme mal y me meto en un pozo de tristeza o de ansiedad a ver si me ahogo”.  Estos no son signos de flaqueza ni de fragilidad o pobreza de espíritu. Tampoco lo son de rendición ni de dejadez.

De hecho, podríamos decir que son signos de lucha, de pelea ante las adversidades o ante situaciones personales incómodas y dolorosas, de pérdidas, de malas experiencias y de incertidumbre.

La depresión y la ansiedad no son elecciones personales
A todos nos puede pasar. Un buen día caes en la cuenta de que todo ha perdido el sentido que tenía, que ya no hay nada que te anime ni que te motive, te cuesta levantarte de la cama, te sientes profundamente triste o irritable.

Al mismo tiempo nos puede ocurrir que todo nos agobie y nos agote, que nuestra respiración se acelere de repente y que nos sintamos incapaces de hacer frente a la vida de manera “sencilla y rápida”. De alguna forma nos sentimos vencidos por las circunstancias, sin fuerza y sin ganas. Este estado viene y va o está con nosotros de manera permanente.

Entonces comenzamos a pensar que quizás tendríamos que consultar con un especialista para que nos confirme que estamos “invadidos” por una profunda tristeza o una tremenda inquietud que nos hace sentirnos incapaces de lidiar con nuestro día a día.

Y es que cuando nos enfrentamos a una fuerte pérdida personal puede que nos encontremos con que muchas situaciones han hecho mella en nosotros y, de repente, algo ha colmado el vaso. Esto nos descoloca, pues no acertamos a saber qué pasa ni por qué está sucediendo.

Como consecuencia de esto nos sumimos en un estado de ánimo ansioso, depresivo o mixto a partir del cual tendemos a evitar o a no sentirnos bien saliendo de casa, realizando tareas o actividades que antes nos resultaban satisfactorias, relacionándonos con las personas que nos rodean, etc.

Entonces todo es tremendo, pero podemos salir de ahí. En este punto necesitamos a un profesional que nos apoye con una explicación que dé coherencia emocional a esta situación y nos ayude a superarlo.

Es principal que demos uno de los pasos más importantes del proceso: pedir apoyo psicológico para equilibrar nuestro estado emocional y “curar” nuestros pensamientos.

Los comentarios que nos ahogan
Y en este último punto está el objeto de nuestro artículo de hoy: nuestra relación con nuestro entorno y las personas que nos rodean cambia. Esta no es una situación cómoda para nadie y, de hecho, puede que en este momento comiencen a surgir las críticas y a invadirnos comentarios y actitudes infectados de incomprensión.

“Estás así porque quieres”, “Anda, levántate y haz algo con tu vida”, “Eres un flojo o una floja”, “Tienes una edad para andar con infantilismos”, “No llores, no es para tanto”, “Eres un cobarde”, “Enfréntate a la vida de una vez y déjate de tonterías”…

Pues esto alimenta aún más la tristeza, la apatía y la ansiedad ante el día a día. Digamos que estos comentarios y actitudes se suman a los pensamientos negativos que contaminan nuestra mente y, como consecuencia, la mente y el mundo de la persona afectada se tiñen aún más de negro.

La tristeza que no tiene explicación

Evidentemente esto invita de una manera indirecta a vivir de la inercia y a aislar aún más nuestra vida, así como a fortalecer el círculo vicioso que nos empujado a caer en esta trampa. Es decir, que lejos de aportar claridad a nuestro estado y tener información precisa sobre él, nuestra atmósfera se enrarece y emborrona cada vez más.

En nuestra sociedad hay una gran crueldad en torno a los dolores psicológicos y emocionales, los cuales se consideran de segundo, tercer o incluso cuarto rango. De verdad, es tremendamente aterrador el valor que le damos a nuestra salud psicológica.

Del mismo modo que no se nos ocurriría ignorar una herida que se infecta o que no para de brotar sangre, un dolor estomacal continuo y punzante o un gran dolor de cabeza, no podemos obviar el dolor psicológico.

Debemos darle la importancia que se merece a nuestras heridas emocionales, porque el malestar psicológico requiere de una cura, de un trabajo y de un apoyo imprescindibles para sanarse.

Cinco ideas para dejar atrás la tristeza
Dicho de otra manera, no podemos dejar que el tiempo nos cure porque corremos el riesgo de que no lo haga y de que, por el contrario, se abran más nuestras heridas, las infecciones se extiendan y se enquisten nuestros problemas.

Ojalá pudiésemos elegir no tener problemas, disfrutar de cada momento y siempre encontrarnos bien. Sin embargo, no podemos evitarlo y, por supuesto, nadie está libre de peligro.

Cuanto antes entendamos esto, antes aprenderemos a cuidarnos como merecemos y a no echar más leña a nuestro fuego, a no incendiar nuestra mente de un diálogo interno social que desmerece y menosprecia nuestras emociones y los problemas con los que nos encontramos cuando nos damos cuenta de que el mundo, en realidad, no es del color que mejor nos combina a todos.

LA MENTE ES MARAVILLOSA

lunes, 18 de enero de 2016

Trucos para frenar la "rumia" mental


Le tenía que haber dicho aquello, por qué no fui a esa cita, le diré esto cuando le vea… ¿Te suenan estas frases? ¿Te las repites una y otra vez en silencio? Si es así, bienvenido a la rumia mental o dicho de otro modo, al arte de comerse la cabeza sin ningún sentido. Nos estrujamos la sesera para aprender, para planificar el futuro o para no volver a cometer errores. Hasta aquí todo bien. El problema surge cuando confundimos ocuparse con preocuparse. Lo primero es necesario y gracias a ello, hemos conseguido evolucionar como especie. Sin embargo, la preocupación constante, la rumia mental, no solo no ayuda, sino que nos debilita por dentro. Nos hace claramente infelices, porque ¿quién podría sentirse bien con alguien recordándole todo el rato que se ha equivocado, que es un inútil, que mira lo que el otro ha pensado de ti, etc., etc.? El problema es que ese “alguien” está en nuestra cabeza y no siempre es fácil darle esquinazo. Así que seamos prácticos. Asumamos que tenemos esta “habilidad” de auto amargarnos y busquemos algunas claves que nos alivien para llevarnos un poco mejor con nosotros mismos.


1. Contempla las emociones, no te embarres en ellas
Una cosa es sentirse mal por haberse equivocado y otra es regodearse en el lodo del error. O pensar que algo puede ir mal a estar agobiado por un futuro que no sabemos si va a existir. ¿Solución? Volver al momento presente. ¿Cómo? Con el cuerpo, el mejor de los presentes que hay.

Cuando uno se concentra en la respiración, en bailar, en el deporte… en todas las sensaciones corporales posibles deja la cabeza de dar vueltas por el pasado y por el futuro. El motivo es fácil: el cuerpo está solo en el presente. Cuando nos fijamos en lo que hay en el presente no hay miedo ni estrés. Por eso, una de las técnicas que más éxito está teniendo en los últimos tiempos es el mindfulness, del que ya hemos hablado, y que consigue reducir la rumia mental en un 30 por ciento y el malestar en un 35 por ciento después de ocho semanas de entrenamiento, según la investigación realizada por Andrés Martín Asuero y que recoge en su libro  Plena mente o el arte de estar presente.

Ahora bien, la contemplación de las emociones requiere entrenamiento y es la mejor alternativa, pero si te cuesta, busca otros cortafuegos, como pensar en tu respiración, hacer trabajos manuales que te distraigan poniendo la atención en ellos (claro, no consiste en construir aviones o tejer punto y seguir con la cabeza dándole vueltas), hacer deporte y centrarte en los pasos que das y toda aquella actividad que te requiera movimiento y que te haga estar en el presente.

2. Tranquilízate. Nuestra cabeza suele agrandar los errores
Solemos agrandar el impacto de lo que hemos hecho a otros (no todo el mundo, de acuerdo. Hay gente profundamente narcisista, pero son la minoría). Nos repetimos mil veces lo mal que hemos quedado en un momento dado delante de la gente y nos olvidamos que el resto tienen la misma habilidad de torturarse a sí mismos, por lo que van a dedicar un tiempo maravilloso en recordarse sus propios errores y no tanto criticar los nuestros. Además, la memoria es selectiva. Recordamos aquello que queremos recordar. Y mientras tú lo puedes ver muy oscuro, el resto lo puede recordar como gris. Por ello, ante un error del pasado, por ejemplo, acéptalo (no te pelees en justificarte, que eso crea más rumia mental), saca aprendizajes y no magnifiques lo que los demás han pensado de ti. Muy probablemente estés equivocado.

3. Deja la bola de cristal
Atención al dato: se estima que el 92 por ciento de nuestros miedos son inventados, como recogí en el libro de No Miedo. Cuando pensamos en el futuro subestimamos nuestras capacidades de rehacernos de los posibles golpes. Por eso, nos llenamos de miedos, que no son otra cosa que rumia mental. Por ello, confía más en ti y ten previsto otras alternativas ante un error posible. Si has salido en el pasado de momentos difíciles, ¿quién te dice que no lo vas a lograr en el futuro? Así que deja la bola de cristal que solo ve cosas oscuras y vuelve al presente y a tus posibilidades reales.

4. Crea un espacio amable dentro de ti
Y por último, trátate un poco mejor. Sé consciente cuando te dices perlas tipo “mira que soy idiota” o cosas así (o peores) y no consientas que nadie ni tú mismo te trate mal. No lo necesitas para mejorar. Presta atención y siente un poco de compasión por ti mismo. Al fin y al cabo, todos somos humanos, que no superman ni superwoman.

PILAR JERICÓ

sábado, 26 de diciembre de 2015

Las trampas del pensamiento


Como psicóloga estoy acostumbrada a trabajar los malestares emocionales asociados a la falta de control sobre nuestros pensamientos, lo cuál acaba repercutiendo en la forma en que nos sentimos y nos comportamos. Para entender como construye la mente estos patrones mentales, parto de la premisa sobre la que se sustenta la psicología cognitivo conductual que yo practico: “Lo único que determina que mi estado emocional sea uno u otro es el pensamiento. Así como pienso, siento y por consiguiente, así como siento, me comporto”. Es decir, Pensamiento, emoción y acción son eslabones de la misma cadena, alterando uno de los tres se modifican los otros dos. Aunque no siempre es así, esta corriente psicológica, nos invita a conocer de una manera clara y sencilla cómo es el patrón de comportamiento del ser humano.

TRAMPAS DEL PENSAMIENTO

El pensamiento, la parte cognitiva de nuestra mente, es el principio de todo. Forma parte de una compleja maquinaria mental que nunca descansa, pero con una capacidad muy valiosa: su plasticidad. ¿Qué significa que la mente sea plástica? Significa que entrenándola podemos hacer con ella lo que queramos. Sabiendo esto, ¿por qué no utilizarla para sacar el máximo beneficio?.

Los pensamientos negativos generan una enorme cantidad de malestar, su manifestación común es la ansiedad. La mente se encuentra ante un conflicto al que no sabe darle solución y los mecanismos de alerta de nuestro cerebro se activan dando lugar a sensaciones físicas y mentales poco agradables. Éstas provocan un desequilibrio en nuestro comportamiento armonioso, desde cambios de hábitos, pérdida de control sobre la realidad, sensación de tristeza, irritabilidad, pero sobre todo, alteraciones psicosomáticas (malestares estomacales, tensión cervical, mareos, etc.). Lo que se resumiría en creer que no vamos a sobrevivir a la situación emocional que se nos presenta.

Los pensamientos positivos en cambio suponen emocionalmente todo lo contrario. Estamos convencidos de que sea cual sea la situación dada, encontraremos la manera de resolverla sin salir perjudicados. De ahí que tengamos manifestaciones de felicidad, bienestar, amor y sobre todo salud física.

Hemos de tener claro que un pensamiento positivo nunca puede generar una emoción negativa, de la misma manera que una emoción positiva nunca irá precedida de un pensamiento negativo. Independientemente de cómo sea la situación que la vida nos presenta, lo que determinará un pensamiento u otro será la interpretación que haga de la misma. Una actitud adecuada ante dicha situación, aunque ésta no nos sea muy propicia, puede favorecer la aparición de pensamientos más adaptativos que nos ayuden a buscar soluciones a lo que estamos viviendo, de forma que nos sintamos mejor al confiar en que vamos a superar esa barrera.

Para empezar a trabajar en cómo acabar con estos pensamientos negativos, debemos aprender primero a identificarlos. Para ello os voy a mostrar alguna de las “trampas” en las que incurre nuestra mente:
  • Conclusiones precipitadas. Sacar conclusiones sin tener los datos suficientes que certifiquen que eso es así. Es muy común en personas impulsivas.
  • Maximización. Exagerar la importancia de un acontecimiento negativo, considerándolo una horrible catástrofe o tragedia, lo que nos lleva a tener una reacción emocional desadaptada.
  • Minimización. Restar importancia a lo positivo, no tenerlo en cuenta o no darle valor.
  • Personalización. Tener la tendencia a verse a uno mismo como la causa de cualquier cosa. Un ejemplo en relación al pensamiento negativo sería, sentarte en una mesa con más gente y pensar que todos están hablando de ti.
  • Externalización. Atribuir, de manera equivocada, la causa de un suceso a algo externo a ti. Es decir, echar la culpa a los demás o la situación sin reconocer la responsabilidad que hay en ti.
  • Generalización excesiva. Implica suponer que lo que sucede una o dos veces va a suceder siempre. Por ejemplo, tener dos relaciones fallidas y pensar que nunca más vas a tener una relación.
  • Leer la mente. Implica la suposición de que conoces las intenciones y los pensamientos de los demás. Por ejemplo, pensar que alguien ha hecho algo para perjudicarte, cuando en realidad no tiene nada que ver contigo.
  • Pensamiento dicotómico. Es el pensamiento de extremos (“o conmigo o sin mí”). Se pasa del blanco al negro sin pensar que existen multitud de tonalidades de grises.
Existen varias maneras de calmar nuestra mente y liberarla de esos pensamientos negativos que nos resultan tan limitantes, y nos desencadenan toda una serie de manifestaciones emocionales adversas. Veamos algunas de ellas:

1. Bloqueando pensamientos negativos.

Consiste en un ejercicio neurológico que consigue parar los pensamientos negativos, aliviando así la tensión emocional asociada.

1º Piensa en algo que te produzca ansiedad o tristeza.

2º Cuando la emoción empiece a manifestarse en ti, sin mover la cabeza trata de mirar hacia arriba a la izquierda, como si alzases la vista.

¿Qué ha sucedido? Lo más probable es que los pensamientos negativos hayan desaparecido. El simple movimiento ocular ha favorecido el cambio emocional, liberando de este modo la ansiedad. Sencillo ¿no?.

2. Técnica de la Respiración Consciente.

Respirar no es algo que hagamos de manera consciente, normalmente divagamos entre el pensamiento, la emoción y la conducta sin percatarnos que respiramos. Sin embargo, prestar atención al proceso de inhalación y exhalación durante unos 10 minutos, ayuda a reducir el ritmo cardíaco y por tanto favorece la relajación.

Se puede hacer sentados en el suelo en postura de meditación, es decir, con el torso erguido y las piernas entrecruzadas, o bien sentados en una silla, sin apoyar la espalda en el respaldo y con los pies plantados en el suelo.

Tómate un momento para identificar las sensaciones que produce la respiración en tu cuerpo, cierra los ojos para que la percepción sea aún mayor. La manera más fácil para hacerlo es concentrar la atención en la nariz. Fija un punto concreto de atención entre los orificios nasales y el labio superior. Se trata de desviar nuestra atención hacia esa zona durante toda la práctica, fijándonos en las veces que inhalamos y exhalamos. Si te das cuenta, cuando fijas la atención de una forma tan consciente tu mente automáticamente bloquea cualquier otro tipo de pensamiento, lo cual resulta muy útil cuando pretendemos que los pensamientos negativos no dominen nuestra vida.

Todo suma, nada resta. Hasta de lo que consideramos incómodo podemos sacar una gran lección. No debemos tener miedo a salir de nuestra zona de confort y descubrir nuevas maneras de afrontar la vida con una actitud proactiva, es decir, actitud positiva acompañada de acción.

CIARA MOLINA
Psicóloga Emocional

lunes, 2 de marzo de 2015

jueves, 17 de abril de 2014

El reflejo de nuestros defectos

Rainy+Mid-Night+Snack

Cuando nos molestan mucho ciertos defectos o comportamientos de los demás, podemos deducir con toda seguridad que ESOS MISMOS son los nuestros, aunque estén retenidos o reprimidos subconscientemente. Cuanto más nos desagradan (los ajenos) es porque más nos duelen los propios.

Yo sé que cuesta creer y admitir lo que estoy diciendo. Pero invito a quienes se resistan a aceptarlo, que se observen con TOTAL y ABSOLUTA SINCERIDAD. No es necesario que lo reconozcan en público. Basta que cada uno lo vea en sí mismo.

Si observas bien, verás que a veces, ese defecto que tanto te molesta en alguien y te da “vergüenza ajena”, es porque en el fondo “sientes”, “recuerdas”, muy subconscientemente que en algunas ocasiones tú fuiste así o te comportaste así. Por eso sientes la vergüenza ajena. Si no, ¿por qué habrías de sentirla?

¿Por qué habrían de enojarte ciertos defectos o formas de conducta, si no fueran el reflejo de los tuyos? Verse con su peor cara en el espejo de los otros nos causa mucha MOLESTIA Y RABIA. Y así solemos expresarlo.

Al recriminar y rechazar esos defectos en los demás, parecería que esas actitudes fueran lo más ajeno e impensable en nosotros (una manera de defensa psicológica ante lo que no nos permitimos a nosotros mismos). Y ciertamente que es una manera de expresar que no queremos tener dichos defectos. Pero nuestro rechazo molesto y enojoso es señal de que AÚN ESTÁ PRESENTE, DE ALGUNA MANERA, EN NOSOTROS, si no en nuestra actividad del momento, sí al menos, como recuerdo del pasado o como una tendencia en el subconsciente.

Una vez más, insisto en que, aunque a muchas personas les parezca difícil aceptarlo, la experiencia de quienes una y otra vez hemos hecho un examen muy sinceramente honesto y serio, nos demuestra que es totalmente exacto.

Cuesta mucho ser sincero y honesto consigo mismo, al admitir que debilidades y fragilidades que nos disgustan y mortifican no sólo son defectos de los demás sino también nuestros. Cuando vemos que también nosotros tenemos los defectos que nos molestan en los otros, necesariamente nos hacemos mucho más comprensivos e indulgentes. Uno de los defectos humanos más generalizados es justamente la desaprobación, la crítica y la condena. Falta tolerancia, benignidad e indulgencia.

En la historia de la Humanidad se han cometido las mayores atrocidades, por falta de comprensión y tolerancia. En las relaciones humanas, tanto entre amigos como en la misma familia, es muy frecuente la rigidez e intransigencia.

Cuando te sientas muy molesto por los defectos de los otros, MÍRATE ADENTRO. Obsérvate. Puede ser una buena ayuda para corregirte y mejorarte. Y sobre todo será un buen camino para comprender a los demás y aceptarlos.
 Darío Lostado, Tu vida tiene Sentido

martes, 24 de diciembre de 2013

El síndrome de la silla vacía en Navidad


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Las celebraciones navideñas y de fin de año llevan aparejadas un sinfín de emociones. Son fiestas que potencian la alegría, pero también la soledad y la tristeza. Muchas personas experimentan una gran disonancia entre lo que nos trasmiten todos los estímulos exteriores (festejos, reuniones familiares, cenas de empresa, compras, regalos, etc.), que de alguna manera nos dicen que debemos estar alegres, y las emociones internas de la propia persona, que le conducen a la melancolía y la nostalgia.

Es en esta época, de cenas familiares y fiestas, cuando más presentes se hacen las ausencias. Nunca se está preparado para la muerte de un ser querido. Sobre todo la primera Navidad tras una pérdida afectiva, es frecuente que una catarata de emociones se desencadene con la visión de una silla vacía.

Se estima que un 5% de la población está atravesando en estos momentos un proceso de duelo por una pérdida afectiva reciente y que estas fiestas navideñas serán las primeras tras ese fallecimiento. El duelo, en sí mismo, no es una patología, sino que supone un proceso de adaptación a la nueva situación. Sin embargo, algunas veces el proceso de duelo no cursa de manera sana. De hecho, una de cada seis personas que pierde a un ser querido desarrolla una depresión al año siguiente, según un estudio de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria.

El llanto, la rabia o la melancolía forman parte del proceso de curación de las heridas, y son normales. El problema surge cuando estas emociones internas con el ambiente festivo propio de las celebraciones navideñas y de fin de año. Esto es lo que los psicólogos y terapeutas conocen como “síndrome de la silla vacía”.

En el pasado, cuando era más habitual un modelo familiar extensivo, la familia realizaba una función amortiguadora frente a los “golpes de la vida” y de contención de las crisis vitales. Sin embargo, en la actualidad, en muchos casos, el individuo en crisis se siente muy solo.

En estas situaciones, lo más recomendable es evitar el abuso de fármacos, ansiolíticos y antidepresivos. El duelo es un proceso natural que necesita su tiempo. En ningún caso es sano anestesiar los sentimientos.


Por el contrario, es aconsejable realizar aquellas actividades y aficiones que solían gustar a la persona.

miércoles, 22 de junio de 2011

La nueva física aplicada a la sanación. Psicología


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'Pensando...'
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Enviado por Jaime

Descubierto en el laboratorio: la intención sí que tiene efectos físicos. Enviando una intención de que estoy mejor es enviar información al cuerpo de que se corrija a sí mismo, porque, según decimos, el pensamiento también es una energía física y también envía información al cuerpo.

Nuestras creencias afectan a nuestro comportamiento, también lo que hacemos y nuestro estilo de vida. Porque si creemos que no nos podemos ayudar a nosotros mismos, probablemente no nos ayudemos. La quimio sólo funciona al 9%, pero si tú crees que a ti te va a funcionar, no importa lo que sea, a ti te funciona.

El cuerpo no puede distinguir entre la acción y el pensamiento: voy al gimnasio; pienso que estoy en el gimnasio. Ej.: el efecto placebo.

Nuestros pensamientos crean nuestro cuerpo momento a momento.

Cuando tenemos pensamientos positivos liberamos ciertos químicos en nuestro cuerpo; con pensamientos negativos, liberamos químicos “negativos”

Cuando yo enfoco mi mente en algo, la atención se centra en ese algo; la información-energía sigue a esa energía.

Todos somos parte de ese CAMPO DE ENERGÍA GIGANTE, campo de punto cero, y estamos todos conectados.

Parece que es imposible que el cerebro pueda coordinar todo el sistema nervioso donde hay conexiones que van a distintas velocidades.

La materia es energía comprimida e información: son patrones de energía. Hay un flujo de información en nuestro cuerpo en el sistema nervioso y en los tejidos que aún no entendemos del todo.

La acupuntura es un sistema de información, de fluido de información dentro del cuerpo.


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'Acupuntura'
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La información tiene un orden y esto es el campo del cuerpo, el orden mismo.
Los campos de información son los que ayudan a toda la coordinación de estas células, esos campos de ondas escaladas, ordenadas, y son los que  garantizan lo que otra célula está haciendo en cada momento, y nosotros tenemos más de setenta mil billones de células. Toda esta información sólo se puede estructurar por medio de estos campos de información. Cada onda de energía es onda de información. Información igual a  energía. La información va impresa en cada onda.

Todas las partículas subatómicas se intercambian energía; se la lanzan como una pelota. Cuando esto sucede a nivel universal, esta energía es inimaginable. El campo, las fuerzas invisibles que nos rodean son los únicos agentes que gobiernan las partículas.

A veces el cerebro se comunica a un nivel más alto de lo que puede hacer físicamente.

El espíritu es un campo de energía inteligente.

Se ha descubierto que las diferentes partes del campo del cuerpo se conectan con el ADN y la información genética de tu cuerpo.
Si controlamos esos campos de energía podemos saber de la salud del cuerpo. -¿Máquina del Quantum?-

El cuerpo humano es un sistema de información estructurado o un campo de energías, un campo de información de ondas en acción, de ondas de equilibrio que están estructuradas y que contienen una gran cantidad de información.

¿Cómo se puede comunicar la sanación a otra persona? Porque los campos de nuestros cuerpos se comunican y encima estamos conectados al CAMPO UNIVERSAL donde todo se conecta con todo. Es el campo de energía, de Luz, de Información. Accedemos todo este tiempo a ese campo. Continuamente sacamos información de ese CAMPO.

Un campo es un nivel dotado de relaciones internas que es organizado por potencias no causales. Todas las partes tienen un efecto sobre todas las demás partes. Carecen de espacio y tiempo. Su efecto es psicológico y también pueden influenciar en las emociones. Estos campos son potencias formadoras de naturaleza. El que de un óvulo no se origine otro óvulo sino un hombre, es un proceso fisioquímico. Pero este proceso es dirigido por un campo. El campo crea formas, es morfogenético.

¿Qué interés tiene para nosotros el concepto de campo? Somos parte de una totalidad en la que todo está relacionado con todo. Si una parte sufre un cambio, también hay una modificación en todas las demás, y no solamente en el nivel físico, también en el mental. El campo del cuerpo o campo de energía se llama campo morfogenético. En él hay una jerarquía de campos: campo de los órganos, de los tejidos y de las células… Los campos estarían afuera y alrededor de nuestro cuerpo. Hay un campo general -¿aura?- y campos subsidiarios y modulares, los campos emergentes de los brazos, de las piernas y diferentes órganos. La ventaja de los campos es que son intrínsecamente holísticos. 

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'everything's in your hands'
http://www.flickr.com/


La conexión entre todo se da gracias a los biofotones, emisiones débiles de luz provenientes de las células de todas las cosas vivas. Transmitimos pequeñas corrientes luz. Nuestro cuerpo está constantemente emitiendo luz en forma de biofotones.

¿Son estos biofotones el mecanismo de control del cuerpo? ¿No es ésta la función del ADN, de nuestros genes? Nuestros genes no están controlando nuestra biología. La controlan los campos de información.

El corazón está constantemente emitiendo sonidos, ondas de presión, calor, luz, señales eléctricas magnéticas y electromagnéticas. Todas las células del cuerpo están recibiendo constantemente estos diferentes tipos de señales y en diferentes tiempos porque viajan a diferentes velocidades por el sistema circulatorio.
El corazón genera la señal electromagnética más grande en el cuerpo si lo ves como un campo magnético, con una onda portadora que está siendo modulada por la información. Sentimos el pulso, y lo que sentimos es la onda de presión creada por el latido del corazón. No es el fluido de la sangre, es la onda de presión. A cada latido del corazón le corresponde una onda de presión que va al cerebro y a través del cuerpo.

Cuando el patrón rítmico del corazón es suave y ordenado, se le llama ritmo de coherencia, y entrena y sincroniza los ritmos del cerebro, el sistema nervioso, los sistemas y glándulas del cuerpo: todos bailan en armonía con el ritmo del corazón coherente. Toda coherencia empieza en el corazón. 

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'Have a Heart Desaturated Free Creative Commons'
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El corazón tiene su propio e intrínseco sistema nervioso que puede sentir sensaciones, recordar y procesar información que es independiente del cerebro.
Siempre pensamos que el sistema de entrada de información está completamente en el cerebro, pero ahora nos hemos dado cuenta de que el corazón la recibe antes que el cerebro y luego se la pasa a él. Por lo tanto, el recorrido de la información intuida es: corazón, cerebro, cuerpo. Parece que el corazón y luego el cerebro tienen acceso a un campo de información no limitado por el tiempo y el espacio.
Si al cabo de cuarenta años, si no es la materia y no es la dinámica energética, ¿qué es lo que queda en el cuerpo? Tiene que haber algo como un patrón de información que aunque cambie el cuerpo te perciben y te percibes como tú mismo. Somos un sistema de información y no está todo él dentro de nuestro cuerpo.

Los genes no están controlando la biología, como se nos había dicho. La controlan los campos de información.


SOBRE ENERGÍAS

Nuestras manos y todo nuestro cuerpo irradian energía, ondas, información, cuando nos dirigimos de forma positiva hacia una persona o a una situación. Toda energía positiva que irradiamos, nos fortalece también a nosotros. Se puede enviar energía positiva o bendecir con palabras, gestos, imposición de manos, mantras o gesto de oración.

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 'touch...'
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Todo lugar de peregrinación no es otra cosa que un sitio donde las energías curativas fluyen.

No es María ni la Kannon las que obran milagros, sino que al visualizarlas o dirigirnos a ellas, se movilizan energías que deparan consuelo, salvación, sosiego y confianza.

Cuando oramos por otra persona no es que haya alguien proporcionando algo a esa persona. Es como una ley natural en un nivel superior. Buenos deseos, oraciones, crean flujo energético curativo.

No son las figuras las que actúan, sino la energía cósmica, universal, que se libera al imaginarnos estas figuras.

Si alguien confía en la energía divina de Jesús, activa la potencia del Universo en la imagen de Jesús o un santo.

Es útil imaginarse a uno mismo sumergido en luz. La luz, que procede del corazón o desde arriba, se dirigirá hacia los dedos de las manos y de los pies; luz como energía purificadora que libera de todo lo negativo. Pero la luz es tan solo una imaginación de la energía, no es ella misma la energía.

Los gestos de oración son especialmente apropiados para hacer fluir las energías. Activa una potencia fuerte y transformadora tanto para la persona que lo hace como para la que la recibe.